Silvana Schiavoni es maestra jardinera y, además, es la presidenta del Club San Martín.
Silvana Schiavoni es maestra jardinera y, además, es la presidenta del Club San Martín.
LA HISTORIA DETRÁS DE LA PRESIDENTA DEL CLUB SAN MARTÍN

Silvana Schiavoni: “Trabajar por el club me llena de satisfacción”

Con una familia ligada a la institución, jugó al básquet en el Bastión de Belgrano, fue colaboradora y desde hace cinco años es la máxima autoridad. En un espacio históricamente reservado para los hombres, ella supo ganarse un lugar.

Silvana Schiavoni lo supo desde chica: algún día iba a llegar a lo más alto dentro del Club San Martín, la institución de sus amores, su lugar en el mundo. “Toda mi vida dije que no me iba a morir sin presidir el club”, afirma. Aunque la concreción de su sueño llegó mucho antes de lo que creía: “Me lo imaginaba a los 50, no a los 33 como me tocó”.
En efecto, luego de años y años de jugar al básquet primero y trabajar después, fue elegida como presidenta de la entidad del barrio Belgrano, un espacio históricamente reservado para los hombres en el que ella supo ganarse un lugar.

“Muchas veces veo al club como una escuela, y así me manejo”.

Maestra jardinera
Su deseo de ser maestra de nivel inicial también viene desde su infancia. Siempre lo tuvo y, cuando terminó su escolaridad, siguió la carrera.
Una vez recibida, hizo suplencias en los jardines 905, 913 y 909, y en el Jirimm N°4 (Jardín Infantil Rural Matrícula Mínima). Con el tiempo logró titularizar en el Jardín N°906, el mismo al que fue ella siendo una niña, donde actualmente trabaja en doble turno.
“Elegí a los más chiquitos porque me gusta su inocencia y disfruto de todo lo que uno puede explorar y encontrar en ellos, que es maravilloso. Ocurren cosas que son inimaginables”, dice sobre su profesión.

“San Martín se caracterizó siempre por ser un club muy familiar”.

Relación con el club
La relación de Silvina con el Club San Martín viene de siempre. Su abuelo y su padre estuvieron muy identificados con la historia de la entidad y ya desde muy chica ella empezó a pasar tardes enteras en el gimnasio.
Jugó al básquet desde los siete hasta los 18 años y cuando dejó el deporte por el estudio, siguió colaborando desde donde pudo.
“Siempre estuvo esa cosa de que el club es para los hombres y en su momento yo sufría mucho eso, porque me encantaba estar ahí, pero el solo hecho de que fueras a mirar un entrenamiento quería decir que había algo atrás de eso, que ibas porque te gustaba algún chico, ese era el pensamiento masculino, sin entender que una a lo mejor amaba más al club que ellos”.
Con el tiempo, eso fue cambiando. Y si bien sigue trabajando rodeada de hombres, hoy es otra la mirada que tienen sobre su participación.

Dirigente
Siempre metida en el club, colaboró en todo lo que pudo y a fines de 2014 la eligieron secretaria. A los pocos meses, el entonces presidente, Juan Miranda, decidió dejar el cargo, lo mismo que el tesorero, Hugo Ochoa, y Silvana quedó al frente de la comisión directiva.
“En ese momento estábamos en el Federal y dejamos de competir profesionalmente, lo que fue una decisión difícil pero necesaria –explica– o el club seguía empeñado, con las inferiores a punto de desaparecer y con dificultades edilicias, o generaba un cambio y mejoraba todo eso que estaba cayendo”. Fue una medida dolorosa, pero estaba convencida de que era lo mejor.
Al poco tiempo se hizo una nueva asamblea en la que la eligieron como presidenta, cargo que ocupa desde hace cinco años.
Sobre su gestión, comenta: “Al principio, estuvimos un año y medio saldando la deuda que dejó la participación en el Federal. Además, trabajamos fuertemente en el semillero, hablamos con los profes para que se comprometan con el proyecto, también la remamos para convocar a los chicos y terminamos ese primer año con casi 200 chicos, siendo que había no más de 80 cuando asumimos”.
Además, se trabajó en lo edilicio, solucionando problemas de humedad en las paredes, pintando el frente del club, arreglando los baños, ampliando el salón de la esquina y haciendo una cancha alternativa.
La frutilla del postre, fue el piso: “Hacía veinte años que teníamos el mismo piso flotante, estaba muy deteriorado, y el año pasado nos pusimos en campaña para cambiarlo, la gente me decía que no se podía, que era mucha plata, pero logramos hacerlo e inaugurarlo. Ese era el sueño de mi vida y, ahora que lo hice, siento que me puedo morir tranquila. Fue maravilloso, y todo gracias a la gente”.

“Hay veces que me siento sola, me enojo, pero entro acá y se me pasa: ahí pienso que el esfuerzo vale la pena. Trabajar por el club me llena de satisfacción”.

Balance
Actualmente sigue siendo la única mujer en la comisión directiva del club. Pero está orgullosa de su trabajo. “El club está hermoso –asegura–, estamos bien en lo edilicio y en lo deportivo también hubo un crecimiento importante”.
Según dice, hay una identidad muy fuerte entre quienes forman parte del Bastión de Belgrano: “Más allá de la enseñanza del deporte, San Martín siempre se caracterizó por ser un club muy familiar, por recalcar valores, y eso es lo que se rescata. A mí me cuesta separar la docencia del club, y muchas veces veo este lugar como una escuela, y así me manejo. Conozco a todos los chicos, tengo vínculo con todos los padres, hacemos reuniones permanentemente con los profes, y eso hace que siga siendo muy de barrio”.
En definitiva, un trabajo impulsado por una gran pasión: “Esto se hace por amor, ciento por ciento. Si no amara al club, no podría hacer esto. Hay veces que me siento sola, me enojo, pero entro acá y se me pasa: ahí pienso que el esfuerzo vale la pena. Trabajar por el club me llena de satisfacción, veo el resultado y me doy cuenta de que valió la pena llorar, enojarme, estar sola, ir y venir para todos lados”.

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