Etcheto y Monzón, una amistad que nació en Junín.
Etcheto y Monzón, una amistad que nació en Junín.
TODOS LOS DÍAS IBA A VISITARLO A LA UP 13

El amigo incondicional de Monzón que lo acompañó cuando estuvo preso en Junín

Se trata de Mariano Etcheto, quien en aquel entonces tenía una parrilla en Ruta 7, donde paraban a comer las amistades del boxeador. “¿Querés que le diga si lo podés ir a visitar?”, le dijo una de ellas. “Así fue que empecé a tener relación con Carlos”, afirmó el juninense.

"Prácticamente iba todos los días a verlo a la cárcel. Me hice amigo porque yo tenía una parrilla sobre la Ruta 7 a donde iba un conocido de Monzón. Pude reconocerlo porque viajaba en el auto de Carlos, una cupé Renault Fuego. Como me gusta mucho el boxeo, me puse a hablar y me dijo: ‘¿Querés que le diga si lo podés ir a visitar?’ Así fue que empecé a tener relación con él.”
El ex futbolista juninense, Mariano Etcheto, con emoción, relata cómo fue su amistad con el múltiple campeón del mundo de boxeo en peso mediano, Carlos Monzón quien estuvo alojado en la Unidad Penitenciaria Nº 13 de Junín.
El ídolo deportivo, con 14 defensas, se retiró del cuadrilátero en 1977. Con los años conoció a Alba Alicia Muñiz, una modelo uruguaya con la cual se casó y tuvieron un hijo. Pero los problemas en la pareja terminaron con la separación.
Cuando intentaban reconciliarse ocurrió lo peor: el 14 de febrero de 1988, luego de una cena, ambos regresaban a la casa que el amigo del boxeador Adrián Martel (Facha) había alquilado en Mar del Plata. Allí tuvieron una discusión y Muñiz murió al caer del balcón de la propiedad.
El tribunal lo condenó a 11 años de prisión por homicidio simple. Con 45 años comenzó su reclusión en Batán y luego fue trasladado a nuestra ciudad, donde permaneció cuatro años. En ese lapso, las visitas de familiares, amigos y celebridades eran frecuentes en la prisión.

“Muy imponente”
“Era una persona muy imponente y cómo no iba a ser campeón del mundo. A la vez era muy sumiso, y si no entraba en confianza con alguien, prácticamente no le hablaba. Él siempre quería que yo lo fuera a ver cada mañana: me decía ‘Cheto’. Le llevaba películas y charlábamos todo el día y de todo”, recordó Etcheto.
“Si bien hablábamos de las peleas, eso era lo menos, porque siempre charlábamos de los hijos, de Pelusa (ex mujer) y la familia”, expresó.
El día que más lo sintió triste fue cuando Maxi, su hijo, “había empezado a jugar en Argentinos Juniors y se le hacía imposible verlo porque él estaba encerrado. Además, la familia de Alicia (abuelos) no le permitía acercarse, pero en la escuela, algunos compañeros que tenían relación con Monzón, le tomaban alguna foto para enviársela a la cárcel”, afirmó.
“Hemos hablado de tantas cosas con Carlos y nos hicimos amigos porque los dos nos caíamos bien. Lo conocí en la prisión. En un momento determinado, me dijo: ‘Por qué no ponés un negocio con el nombre mío’, pero yo nunca quise eso, no me cuadraba de aprovecharme de una situación”, reconoció.
“De los cuatro años que estuve con él, nunca le pregunté sobre Alicia Muñiz. Lo que sí puedo decir es que en su mesita de luz de la celda tendía una foto de ella”, aclaró.

Las visitas
Monzón siempre tuvo una visita infaltable durante los casi ocho años que permaneció en prisión en las tres cárceles a las que fuera destinado. Esa persona fue su hija Silvia, quien no faltó jamás para ver a su padre los días autorizados, llevarle comida, ropa y productos cosméticos.
Monzón valoraba este esfuerzo de Silvia y, aunque en sus diálogos no había ternura pues no se le conocen a Monzón gestos sensibles, él la esperaba y ella estaba allí, infaltable en la fila para entrar desde la noche anterior.
“A Junín, también, venían a visitarlo algunos amigos de Buenos Aires, como el ‘Gallego’ Iglesias que fue fiel y siempre estaba cerca de él. De los cuatro años que estuvo en nuestra ciudad, todos los jueves venía para acá”, recordó Etcheto.
“Después, de todos lo que se arribaban, como Mateyko u Horacio Guaraní, primero pasaban por mi parrilla desde donde yo los acompañaba a la penitenciaría, porque Carlos les decía: ’Pasen por tal lado que el Cheto los va a traer’”, informó.
Por ejemplo, “en la ciudad había una mujer, de pelo cortito, que se había venido a vivir por Carlos. Cuando me la cruzaba en la calle, me paraba y me pedía que la lleve a ver a Monzón, porque estaba enamorada. Un día la llevamos a la cárcel, con previa autorización del preso, y cuando lo vio a Carlos se desmayó y la agarramos justo. Venía del Gran Buenos Aires y estuvo dos años en Junín”, comentó.

Rumores
Entre los mitos urbanos de aquellos años, se decía que Monzón gozaba de salidas por las noches para ir a cenar a la parrilla de Mariano Etcheto.
“En la parrilla de Ruta 7 tenía un socio, el ‘Cola’ Magallanes, que solía decir que Monzón salía a comer a nuestro local, en broma, pero en realidad era un hermano que era muy parecido. Todos los familiares venían siempre a comer a la parrilla”, aclaró el juninense.
“La única vez que salió de la cárcel, lo sacó Vázquez, el subjefe del penal, y lo llevó a Santa Fe cuando murió un hermano. Se decían muchas cosas. Por ejemplo Alain Delon nunca vino, si no su hijo”, afirmó.

El traslado y la muerte
Tras cuatro años en nuestra ciudad, Monzón fue trasladado al Penal de Las Flores, en Santa Fe. “Acá en Junín hay un abogado, Jorge Nani, que también se hizo amigo de él y viajaba a verlo cuando lo trasladaron. Él me invitaba, pero yo no aceptaba porque Jorge viajaba ligero en el auto. Desde que se fue nunca más lo fui a ver y siempre me llamaba para que fuera y compartir un asado”, contó Etcheto.
El domingo 8 de enero de 1995, el pugilista perdió la vida a los 52 años, cuando conducía su auto Renault 19 y volcó en la ruta 1, cerca de Los Cerrillos. En ese momento disfrutaba de una salida transitoria concedida por su buena conducta tras cumplir cinco años y seis meses de prisión –más de la mitad de la condena- en la cárcel santafesina de Las Flores.
“Ese día, yo estaba en la parrilla, que se encontraba al lado de una estación de servicios, de donde los muchachos me informaron lo sucedido y yo no lo podía creer. Con un hermano mío viajamos al velorio en Santa Fe y fue algo impresionante de la cantidad de gente que había”, expresó.

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