Las comunidades, hermanadas en la ciudad.
Las comunidades, hermanadas en la ciudad.
RESPETO POR LAS RAÍCES

Las comunidades originarias aún luchan por recuperar sus derechos y su identidad

Excluidos y marginados por siglos, referentes de distintas comunidades en nuestra ciudad continúan visibilizando su trabajo para que se respeten sus raíces.

Como si el derecho fuera una sortija que hay que alcanzar en una carrera voraz, así debieron luchar las comunidades originarias de nuestro país para ser reconocidas, respetadas, incluidas. Pero lejos de haberse logrado, el progreso en esa lucha parece ser paso a paso y de reivindicación casi cotidiana.
En nuestra ciudad, la comunidad mapuche Nahuel Payún es de las más grandes, pero también conviven referentes de la comunidad Qom, Huarpes, Mocoví, entre otros, según indicó Oscar Farías.
Todos tratando de convivir en sociedad y apostando a la inclusión que muchas veces les fue negada en sucesivos actos de discriminación, como las partidas incompletas, la negación de sus nombres originarios y la no aceptación de sus costumbres.

Recuperar la autoestima
Ana María Ferreira pertenece a la Comunidad Qom, y si bien hace casi 50 años que llegó a Junín desde el Impenetrable Chaqueño, aún guarda en su memoria trazos de una infancia “sin nada”, jugando en el monte.
“Sufría mucho la gente. La muerte, la discriminación, algunos recuerdos son feos”, asegura.
En Junín solo esta ella y su familia, su hermana aún vive en el Impenetrable.
“Hemos perdido la lengua. Eso es una pena”, se lamenta.
Oscar se contactó con ella a través de los distintos encuentros que se dieron en la ciudad, desfiles en eventos especialmente.
“Es bueno cuando hay hermanos indígenas de otros pueblos, migrantes de otros pueblos, como muchos mendocinos descendientes de Huarpes”, relata Farías.
“Con el programa de becas descubrimos también descendientes de mocovíes. El sistema de becas permitió que muchos comenzaran a autorreconocerse”.

Y ese reconocerse tiene que ver con muchos años de esconderse para protegerse.
“Tenemos dos luchas, una es para afuera, para que el blanco comprenda nuestra historia y nuestra causa. Y otra para adentro, con nuestra familia, que muchas veces se autodiscrimina. Se automargina por los procesos de aculturación, discriminación, de las diferencias que hacían antes con los nuestros, que no te daban trabajo, el maltrato en las escuelas. Entonces ya las abuelas te enseñaban a que no dijeras que eras de tal o cual cultura, para poder protegerte”, explicó Farías.
Federico tiene 33 años, es descendiente de mapuches y tiene muy presente la historia de su pueblo.
“La historia siempre ha sido injusta con nosotros, con todo el pueblo mapuche y las consecuencias las vivimos todos por igual. La autoestima del pueblo la estamos recuperando, esa es nuestra lucha. Reivindicar la cultura, los conocimientos ancestrales que tienen los portadores, nuestros abuelos. Gracias a ellos que supieron hablar a tiempo y transmitirnos todo, los procesos históricos en que vivíamos. Hoy se están generando muchos cambios”, aseguró.

La escuela, entre la inclusión y la discriminación
Celina Neculpán, nacida y criada en Campo La Cruz lo dice a viva voz: “Soy mapuche, mapuche, con mucho orgullo”.
“Yo me crié en el campo la Cruz. En mi familia todos trabajábamos y el que no iba a la escuela iba a trabajar. Hasta hoy a mis 75 años sigo trabajando. Ando en bicicleta. Mi padre siempre decía ‘nunca pidas nada, solo trabajo’”, cuenta.
En la ciudad, asegura que siempre se sintió la discriminación, especialmente en la escuela: “Me decían ‘vos sos india’, pero yo respondía, ‘vos sos gringo patasucia’”.
Ana María también entiende que la discriminación, aparte de estar en la escuela, se percibe y se sufre al buscar trabajo: “No es nada fácil”, asegura.
“No todos los hermanos son como Celina o Domingo Neculpán, nuestro lonco, de autoreconocerse y sentirse orgulloso y digno de ser mapuche”, aclara Farías. “Pero los jóvenes hoy están recuperando la cultura y enseñándole a los grandes que perdieron sus raíces en esos procesos de aculturación”.

Según Farías, “Hay bullying, y el compañero que te discrimina fue criado en un contexto cultural que lo hace así. Hay un sistema que discrimina y es la escuela donde te encontrás con el otro, que es diferente, y el entorno te hace sentir que sos diferente, con imposición”.
Para Federico, “el mensaje que tenemos que dar es que formamos parte de esta sociedad y somos parte de los cambios, la revolución tecnológica, y nos adaptamos todos. Nos criamos excluidos de la sociedad pero nuestros abuelos supieron hacer esa conexión, para adentro somos mapuches y para afuera lo somos pero nos conectamos y hacemos como hace todo el mundo”.
Sin dudas, parte de la reivindicación es a través de la recuperación de la identidad, como por ejemplo en el hecho de poder llamar a sus hijos con sus nombres propios. Una simple muestra de que los derechos aún continúan siendo motivo de lucha, casi diaria.

COMENTARIOS