La Escuela, un encuentro con todos

La Escuela, un encuentro con todos

Diálogo con el rector Guillermo Tamarit acerca de motivaciones y objetivos de la Escuela Secundaria de la UNNOBA. ¿Por qué la Universidad decidió intervenir con énfasis en el nivel medio?

El tercer sorteo se aproxima y la expectativa crece en las familias y en los alumnos que quieren ingresar a ese listado de sesenta que conformará la tercera cohorte de la Escuela Secundaria “Domingo Faustino Sarmiento” de la UNNOBA. El Universitario dialogó con el rector Guillermo Tamarit acerca de los fundamentos, las motivaciones y los objetivos que se buscan con esta unidad académica. ¿Por qué y cómo la Universidad decide intervenir con este énfasis en el nivel medio?

La creación de la Escuela Secundaria forma parte de las decisiones tomadas durante la gestión de Guillermo Tamarit al frente de la Universidad. La presencia del rector tanto en reuniones con docentes como en la comunicación con las familias de los alumnos no es algo casual. “El director de la Escuela es el rector -aclara Tamarit-, y esto es así porque creemos que es una política de primer orden: la Universidad debe involucrarse en la enseñanza media a partir de desarrollar una actividad transferible al resto de la comunidad”. Es decir, que para el rector de la UNNOBA, la importancia de la Escuela va más allá de lo que pueda suceder en el lugar y con sus alumnos. Tiene que tener un “valor agregado” para la comunidad y debe dar un testimonio: “Pretendemos que la sociedad pueda tomar aquello que le resulte valioso de nuestra experiencia”. Un desafío doble.

-¿Cómo definiría el momento institucional en que se decide la apertura de la Escuela Secundaria?

-En primer lugar, la Universidad necesitaba un período de maduración de sus actividades específicas. No podíamos pensar en tener enseñanza media sin consolidar la enseñanza universitaria. Teníamos, además, que salir de esa impugnación que hubo durante mucho tiempo hacia la universidad en general, respecto de que se aislaba del sistema educativo y que asignaba muchas de sus deficiencias a las trayectorias anteriores y, por lo tanto, se desentendía del proceso. Nosotros siempre hemos planteado que el proceso educativo es único, que tenemos que trabajar articuladamente en todos los niveles y, en la primera oportunidad que tuvimos, pasamos a los hechos: nos hicimos responsables de un testimonio mediante una acción concreta. En un momento de crisis del sistema medio en particular, con números muy malos, por ejemplo, la mitad de los estudiantes del secundario no se reciben a la edad que se tienen que recibir, incluso en ese momento, creímos que la Universidad podía tomar el desafío.


-Es decir que no tenía que ver con una cuestión de “competencia” con otros actores escolares sino de complementar el trabajo con el resto del sistema educativo.

-Exactamente. Simplemente se trataba, desde el respaldo que tenemos como Universidad, de tener una institución en la que algunos elementos del modelo puedan ser trasladables al resto del sistema medio, particularmente de la región. Para dar un ejemplo: en el ingreso a nuestra Escuela Secundaria se le garantiza una vacante a cada escuela primaria del distrito de Junín. Eso genera, efectivamente, que haya alumnos de todas las trayectorias educativas, de todas las clases sociales, con una variedad de experiencias. Y este es el primer dato que el resto del sistema educativo puede observar. Muchos nos decían, “por qué no hacen un examen de ingreso para que entren los mejores y tener un colegio de élite”. No, porque eso finalmente segmenta a un sector de la sociedad. No solo es elitista en términos educativos y de conocimientos, sino que tiene un sesgo social brutal: colegios de clase media o media alta con un sentido aspiracional en lo social y en lo económico. No tiene nada que ver con lo que nosotros pensamos cuando proyectamos nuestro colegio.

-¿Cómo se pensó, entonces, ese modelo no elitista en términos de propuesta pedagógica?

–En nuestro colegio tienen que estar todos los chicos, de todos los sectores y el paso por la educación los tiene que igualar. Creo que es allí es donde nos encontramos con el resto de los colegios, porque tenemos los mismos problemas, los mismos alumnos. Nosotros podemos tener más herramientas institucionales por ser una universidad, podemos resolver cuestiones, trasladar esa experiencia, capacitar docentes y, por supuesto, apropiarnos de la experiencia de los otros colegios. Desde el inicio de la Escuela estaba la idea de que el resto de la comunidad educativa nos vea como una herramienta propia, y eso es algo que hay que cuidar todo el tiempo. Por eso estamos en un proceso en el que hay que dar una discusión interna muy fuerte, porque no podemos permitirnos trabajar para una élite que se genere por una dinámica propia en la que, aunque los alumnos lleguen de distintos lugares sociales, después se queden solo los mejores. Sin embargo, tampoco podemos repetir las prácticas que han fracasado en otras instituciones. Entonces hay una tensión con estas cuestiones, incluso con la Escuela ya en funcionamiento. Esto hay que discutirlo fuertemente y nunca perder de vista cuál es el objetivo institucional.

-Ese debate constante, que uno ve que también se mueve con la dinámica de los que ingresan y crecen dentro de la escuela, ¿incluye a todos los actores de la misma forma?

-Sí, a todos, pero la principal carga está en los docentes, una vez más, como en todas las instituciones educativas. No se tienen que “enamorar” de los que sobresalen y tampoco bajar los brazos ante la dificultad.

-¿Cómo evalúa usted la convivencia de los distintos sectores sociales y económicos que componen el estudiantado de la Escuela?

-Yo lo vivo como que hemos recuperado una tradición de nuestro país. A mí me tocó ir al Jardín de Infantes de la Universidad Nacional de La Plata, a su Escuela Primaria y también Secundaria, y en todos estos niveles pasaba así, estaba el hijo del portero, del médico, de un docente universitario. La educación argentina, durante la mayor parte de su tiempo, tuvo esa característica: en la escuela nos encontrábamos todos, con todas las experiencias, y todos lo recordamos como una experiencia valiosa. Éramos iguales en la escuela, y lo estamos recuperando, para que no pase que los pobres tengan que ir a escuelas de pobres y los ricos a escuelas de ricos. Acá todo el mundo va a la escuela. Y en la escuela cada uno vale por lo que hace en la escuela, lleva sus experiencias y las comparte.

-La Escuela Secundaria de la UNNOBA tiene un edificio nuevo, laboratorios, y recursos como comedor o computadoras para cada alumno. A su vez hay un fuerte desarrollo de proyectos pedagógicos y contenido. Pero en el sistema educativo, en general, se suelen contraponer el dinero frente a la pedagogía. ¿Cuál es su posición respecto a esa tensión?

-Sin dudas ha habido una fuerte impronta por lo disruptivo de la tecnología. En un momento todas las políticas del Estado en materia de educación se resumían a entregar una computadora a cada alumno, tuviera o no una conexión, tuviera o no docentes preparados. Pero finalmente la tecnología es una herramienta más. Un proceso pedagógico está dado por ese instrumento o por muchos otros, por eso hay que asumir lo instrumental con un sentido crítico. ¿Cuál es nuestro objetivo? Tener la mayor cantidad de gente con la mejor educación, en todos los niveles. En el nivel secundario queremos dar un testimonio de que, efectivamente, las capacidades de los estudiantes puedan tener un piso equivalente, y para eso son centrales las actividades de los docentes. Entonces hay que invertir mucho más en formación docente que en tecnología, porque sin el docente no hay tecnología que pueda resolver ninguna ecuación pedagógica. Pero el rol docente es también el rol que la sociedad le da, el cual se ha cuestionado y hasta despreciado. Esto no implica cuestionar las nuevas prácticas más horizontales y descentralizadas entre alumno y docente. Pero, ¿qué pasa si no les damos a los docentes las herramientas para resolver las cuestiones más básicas dentro del aula como la disciplina, los recursos, la capacitación? Sin esas herramientas, simplemente, no se puede desarrollar una actividad como la de enseñar y aprender.

-Este planteo sobre el rol docente y la jerarquización, ¿traspasa lo instrumental del ámbito, es decir, usted pretende que sea también un mensaje a la sociedad?

-Yo insisto en la jerarquización en el sentido de que no podemos poner de cualquier manera un docente en un aula. Tenemos que brindarle las herramientas correctas en su formación, así como un contexto institucional. Para que se entienda: no es que no le podemos exigir al docente, pero los mensajes institucionales también están y son valiosos. Ambas cosas lo son. Siempre cuento la anécdota de (Domingo Faustino) Sarmiento sobre las “escuelas-palacio”, las escuelas con frontispicios de columnatas, con grandes inscripciones o alegorías en el frente del establecimiento. Cuando le preguntaban a Sarmiento por qué hacía semejante obra para una escuela, él decía “porque es el lugar más importante a donde cualquier niño argentino va a ir”. Pero cuando uno pasa de ese planteo a la escuela de container, como ha pasado, es muy difícil que alguien piense que ese es el lugar más importante al que va a ir en su vida. Y también, si todos creemos que los docentes tienen que ver solo con la huelga, estamos en un problema enorme. Si esto fuera cierto, sería una catástrofe, pero además de que no es cierto, necesitamos a los docentes en forma indispensable para construir la sociedad que viene. No escucho a nadie que diga que la educación no es importante, ahora ¿cuál es el esfuerzo que hacemos?

-La idea de huelga aparece de modo recurrente, pero siempre hay algo más fuerte que sustenta esas noticias, como un imaginario de crisis permanente. ¿A qué se debe ese sobrevuelo sobre la idea de “crisis en la educación”?

-Si solamente hay días de clase, no hay noticia. Pero si hay un día de paro, hay noticia, esto es así y no lo podemos negar. Pero también es cierto que la educación tiene otros tiempos: quien se inscribe en una universidad va a ver los resultados a los tres o cinco años. Y aunque para la educación sea desalentador aparecer en términos negativos, a nosotros, con la experiencia de la UNNOBA en la región, nos pasa exactamente al revés: en general somos una de las instituciones que mejores noticias vamos dando todo el tiempo, y esto tiene que ver con cómo nos acompaña la sociedad. Lo que vemos es que a nivel local la gente apoya la actividad de lo que siente como “su Universidad”, se siente muy orgullosa, y los medios de comunicación acompañan este proceso. Pero es cierto, también, que a nivel nacional lo educativo aparece como un sistema en crisis. Sobre esto Guillermo Jaim Etcheverry dice que cuando uno le pregunta a los padres por la educación de sus hijos, todos los padres dicen “tienen una buena educación”, y cuando le preguntan por la educación en general dicen que “es un desastre”. Entonces parece que solo los hijos de los otros van a esas escuelas o a ese sistema educativo en crisis. Como dice Jaim, ahí solo van los huérfanos.

-Está finalizando la inscripción para una tercera cohorte de la Escuela Secundaria. ¿Qué reflexión le merece el camino realizado?

-Que estamos y seguimos con el desafío que nos planteamos al inicio, pero ahora con 120 chicos en las aulas. No queremos ser una excepción para un reducido grupo, ni terminar replicando las prácticas que hay que modificar. Por supuesto que si todos los docentes vienen de esas prácticas, cae sobre ellos la responsabilidad de la innovación, de trabajar de otra manera, de tener otros resultados. Por supuesto que tienen la ventaja de tener una institución importante atrás, que los va a acompañar para que el resultado sea el que dijimos cuando abrimos el colegio: devolverle a la sociedad la confianza en la educación mediante el testimonio concreto de que más allá de dónde proviene cada uno, pasar por el nivel educativo mejora a la persona.

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