En este escenario de recortes, los adultos mayores configuran la población más afectada, porque son los que más necesitan medicamentos.
En este escenario de recortes, los adultos mayores configuran la población más afectada, porque son los que más necesitan medicamentos.
EL IMPACTO DE LA INFLACIÓN

Por los altos precios, se percibe un fuerte recorte en las compras de medicamentos

El aumento en los remedios fue mayor que el índice general de precios. Según el Indec, en esta región fue del 90% en un año. Farmacéuticos juninenses observan que los pacientes piden reemplazos, compran menos cantidades o dejan tratamientos incompletos. Los adultos mayores configuran la población más afectada. En algunas obras sociales se resintió la cobertura y se deben pagar más diferencias.

Cuando la situación económica es acuciante, normalmente hay escalas para los recortes en las erogaciones y las finanzas de una casa o una familia. En general, primero se descartan gastos extraordinarios, como viajes o grandes compras. También suspenden las actividades más superfluas o no tan importantes, así como las referidas al ocio: los ejemplos más clásicos son los de dejar de ir al cine o a comer afuera. Después se empieza a pensar si la ropa que se quería comprar es realmente tan necesaria o si se puede seguir un tiempo más con lo que hay en el placar de la temporada anterior. Luego se trata de usar menos el automóvil y reducir el gasto en los servicios. Más adelante, en el supermercado se busca solo lo indispensable y, cada vez con más frecuencia, se apela a las segundas y terceras marcas.
En este panorama, entonces, el último eslabón de esa cadena suele ser la salud. Pero dada la situación actual, en Junín se observa que cada vez hay más gente llegando a este nivel de ajuste final.
Así lo confirman referentes farmacéuticos locales que fueron consultados por Democracia. De esta manera, advierten que los pacientes compran menos cantidades de los remedios prescriptos, piden reemplazos o dejan tratamientos incompletos. Lo más preocupante, en este caso, es que esto no solo sucede con los medicamentos de venta libre, sino también con los recetados.

Aumentos
Una de las causas principales que explican este comportamiento tiene que ver con la suba de los medicamentos.
De acuerdo al último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), difundido el 12 de septiembre, el aumento de este rubro es aún mayor que el incremento del nivel general de precios.
De esta manera, los datos del Indec señalan que en la Región Pampeana –que incluye el interior bonaerense más las provincias de La Pampa, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos– la suba del índice de precios al consumidor (IPC) en agosto fue del 3,9 por ciento. Sin embargo, los costos en el rubro Salud estuvieron por encima de ese nivel general, ya que creció un 5% el mes pasado, según el organismo nacional de estadísticas. Y si se desagrega esta esfera en distintas subcategorías, la de los “productos medicinales”, específicamente, tuvo una escalada más pronunciada aún, llegando al 5,6%.
Este patrón se viene dando desde hace varios meses. Si se toma el nivel de aumento de precios en lo que va del año 2019, se observa que el IPC aumentó en la Región Pampeana un 29,7%, que los costos en Salud subieron un 36,6%, y el de los medicamentos, particularmente, un 47%.
Y si el análisis se hace sobre lo sucedido en un año, es decir, entre agosto de 2018 y el mismo mes de 2019, vuelve a repetirse –y hasta profundizarse– esta correlación, ya que en esos doce meses en la Región Pampeana hubo un incremento del 54,5% en el IPC, del 68,4% en Salud, y de un 90% en los medicamentos.
“En un principio no impactaron tanto los aumentos, pero con el paso del tiempo ya se empezó a notar un salto importante”, advierte el presidente del Colegio de Farmacéuticos local, Atilio Villani.
Sobre el impacto inflacionario en los medicamentos, la farmacéutica Mariela Luis aclara que las farmacias no son formadoras de precio: “Esto depende de la industria, es decir, de los laboratorios, que incrementan sus precios en función del movimiento cambiario: hay inflación, sube el dólar y, por supuesto, aumentan los medicamentos. Porque, para muchos de los que se fabrican en el país, la materia prima es importada. Nosotros no tenemos ninguna intervención en el valor, de hecho, tenemos el sistema tercerizado y la droguería, automáticamente, nos actualiza los montos, ni siquiera lo hacemos nosotros. Cuando voy a vender un medicamento, si aumentó, está actualizado en el sistema sin intervención nuestra”.

En las farmacias
Esta situación tiene una repercusión directa en la comunidad y en su comportamiento como consumidores y como pacientes.
“En la dispensa del medicamento se ve lo que están viendo todos en los demás rubros. Antes uno decía que a la farmacia no iba a llegar esto de achicarse, pero esto llegó a la salud y lo hizo con creces. Concretamente, la gente ha dejado de tomar medicamentos, ha recortado en mucho sus tratamientos, con los riesgos que ello implica”, advierte el farmacéutico Edgardo Martínez, propietario de la botica que lleva su apellido. Y ejemplifica: “Un hipolipemiante, que es para el colesterol, que por ahí sale más de mil pesos, no lo toman, o toman la mitad de la dosis, o piden reemplazos. Antes no se aplicaba tanto la ley de genéricos y ahora la gente lo acepta y hasta lo pide, que está muy bien, pero mejor sería que no fuese por una necesidad económica”.
Lo preocupante es que esto se da no solo en productos de venta libre, sino también en los recetados. Y un tratamiento en el que no se toma el medicamento prescripto, en la dosis ordenada y por el tiempo que fue definido por el profesional, no cumple con su función. “Inclusive puede ser peor –añade Martínez–, un antibiótico tomado de manera incorrecta puede ser más perjudicial que el hecho de no tomarlo, y eso está pasando. O, ante una indicación médica de tomar un determinado medicamento por dos semanas y la caja trae para siete días, compran una y, en todo caso, verán si pueden comprar la otra después. Esto sucede a diario, es absolutamente real”. Otro ejemplo que pone Martínez es el de las píldoras anticonceptivas, que “tuvieron un aumento terrible” y es necesario tomarlas todos los días durante tres semanas. “En la dispensa me ha pasado que, cuando se les dice el precio, no la llevan. Acudirán a la unidad sanitaria, al hospital, a la Secretaría de Salud, que no sé si tendrán, porque en muchos casos ya vienen de esas instituciones”, puntualiza.

En el mismo sentido, Villani ve que en la farmacia Rossi, donde él trabaja, “antes era muy esporádico, pero ahora es mucho más común que pidan un reemplazo o que, directamente, no puedan pagar algún medicamento”. Y que también se da que “pidan por unidades, algo que no se debe porque no se cumple el tratamiento”.
Por su parte, Mariela Luis, de la Farmacia Social, hace hincapié en que quienes más consumen medicamentos son los adultos mayores y cuando Pami –que es la obra social que más trabaja en esta población– retiró el subsidio, “muchos abuelos quedaron sin la protección del 100% que tenían y pasaron a estar cubiertos en un 80% o 60%, con lo que debieron empezar a pagar diferencias”. Y eso se vio reflejado en el mostrador: “Notamos que un paciente que viene a comprar por receta cuatro medicamentos, elige llevar tres, por lo que vemos tratamientos incompletos. El que decide qué medicamento llevar y cuál no es el paciente, que no tiene la autoridad para hacerlo porque fue una prescripción médica. Y no los llevan porque no les alcanza para pagar la diferencia. O llevan solamente los que tienen subsidio y el resto lo dejan. Nos preguntan cuál no es tan necesario, o cuál es más barato, y nosotros desde la farmacia ayudamos mucho al reemplazo, en buscar alternativas más económicas para que pague lo menos posible”.
Ante esto, la respuesta de los farmacéuticos, con clientes de muchos años, es la de ofrecerles cuentas corrientes o que vayan pagando en la medida de sus posibilidades, algo que se ve, principalmente, en las boticas de barrio.
“Notamos un gran desánimo por parte del paciente –analiza Luis– sobre todo del adulto mayor, por no poder completar su tratamiento, y eso se traduce en tristeza, en malestar, es horrible cuando están contando las monedas para terminar de pagarnos y es algo que vemos todo el tiempo. Por eso trabajamos mucho en buscar opciones de medicamentos más económicos”.

Menos ventas
Otra consecuencia directa de esta situación económica es el menor movimiento en las farmacias. “Las ventas están cayendo porque la gente no llega a comprar los remedios”, resume Villani.
En el mismo sentido, Martínez asegura que este proceso de caída en la demanda se viene acentuando desde hace tiempo: “La dispensa cayó más del 30 por ciento y no es que la gente se enferme menos. Desde mediados del año pasado viene bajando y se profundizó muchísimo en el último tiempo. Los de venta libre disminuyeron terriblemente, y también se dejaron de consumir los recetados”.
Los farmacéuticos remarcan que, mientras se vende menos, las droguerías siguen exigiendo los pagos en las mismas condiciones. “Tenemos que cumplir con los plazos para tener la cuenta habilitada y son períodos mucho más cortos de lo que tardan las obras sociales en pagarnos, y nosotros tenemos que poner nuestra plata para sostener este sistema”, agrega Luis.

Obras sociales
El sistema de reintegro de las obras sociales también es un factor que influye para que se dé este panorama. En tal sentido, los profesionales consultados sostienen que con Pami “el tema no está tan mal”, aunque por convenio tiene precio menor que el Precio de Venta al Público (PVP).
El caso de Ioma presenta otras dificultades, tanto para el paciente como para la farmacia. Luis explica que la obra social bonaerense “tiene un monto fijo de cobertura, que no se va actualizando de acuerdo a la inflación, entonces el afiliado cada vez paga más de diferencia y tiene que sacar cada vez más de su bolsillo”.
Al no haber una cobertura por porcentaje, sino por monto fijo, cuando el precio del medicamento aumenta, Ioma sigue cubriendo la misma suma, que termina siendo un porcentaje menor a medida que sube el valor.
“Hace poco que adecuó ese monto fijo, pero estaba cubriendo muy poco, en algunos casos era apenas el 20%”, asevera Villani.
“Yo estoy viendo un aumento de los reclamos de los pacientes a las obras sociales estatales, con recursos de amparos por medicamentos que deberían cubrir y no lo hacen”, añade Martínez, quien afirma que los medicamentos deben ser considerados como un bien social: “Si lo tomamos así, no se debería estar dejando de pagar el programa ‘Incluir Salud’, que es para las personas más vulnerables, entre los vulnerables. El último pago que se hizo fue en febrero. Se trata de un programa que toma a personas con discapacidad que son titulares de una pensión no contributiva, y se les paga los medicamentos que necesitan. Las farmacias deberían darles esos medicamentos, pero hace seis meses que no nos pagan, mientras que nosotros tenemos que pagarle a la droguería cada vez que se hace un pedido. Así es imposible”.

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