La Universidad hace escuela

La Universidad hace escuela

Balance de la Escuela “Presidente Domingo F. Sarmiento", a dos años de su apertura. Trabajo en equipo, enseñanza centrada en el alumno, evaluación colectiva y estímulo de las vocaciones científicas son algunos de los aspectos que destacan sus protagonistas.

En febrero de 2018 fue la inauguración. El flamante edificio aún dejaba resonar ecos de un vacío por llenar. De a poco la Escuela Secundaria perteneciente a la Universidad Ese puso en funcionamiento y, lejos de disminuir, las expectativas se hicieron cada vez mayores. La pregunta era por qué la Universidad se metía en ese terreno resbaladizo que es la educación media, llamando a los ojos de la ciudad de Junín y sus alrededores a posarse sobre este proyecto.

Está a punto de abrir la inscripción para una tercera cohorte y un tercer sorteo dirá quiénes ingresarán a la Escuela “Presidente Domingo Faustino Sarmiento”, que hoy cuenta con 120 estudiantes (dos comisiones de primer año y dos comisiones de segundo). Sus protagonistas tienen mucho para contar del camino recorrido desde aquella fiesta inaugural.

“Nosotros empezamos desde un lugar particular, que es el prestigio de la universidad en general y de la UNNOBA en particular, lo cual genera ciertas expectativas tanto en las familias como en los estudiantes”, admite Cristian Alonso, docente a cargo de los talleres de Educación Sexual Integral y Construcción de Ciudadanía. María Carolina García, profesora de Artes Visuales confiesa: “Cuando empezamos a trabajar tal vez estaban algunos miedos, pero quedaron atrás al ver los resultados. Ahora tenemos esa seguridad que te dan los padres cuando te hablan de los cambios positivos que notan en sus hijos, ¡eso te incentiva!”.

En lo académico y administrativo, la Escuela Secundaria es una unidad académica más de la Universidad. En palabras del profesor Alonso, esto le brinda cierta flexibilidad al proyecto, “desde las actividades hasta la planificación de contenidos, el desafío de la universidad es poder tomar las mejores experiencias y tradiciones de la escuela secundaria y desde nuestro proyecto ver qué experiencia universitaria podemos aportar”. “En un primer momento podemos decir que el trabajo por equipos de docentes hoy es una de las fortalezas de la escuela”, afirma.

En este sentido se expresa otra de las docentes, Fiorella Spinelli, de Ciencias Naturales, quien trabaja junto a Sofía Valla y Rodrigo Hernández del Pino. Para ella “es común trabajar en equipo porque la investigación es así”. Spinelli es becaria investigadora en el Centro de Investigaciones Básicas y Aplicadas de la Universidad (CIBA). Desde ese lugar explica que “la investigación va de la mano de la docencia, pero no siempre se da con estas edades, así que es un desafío”. “Me encanta por la creatividad que tienen los chicos, que quizás en el adulto no la encontrás, no la esperás, tienen salidas distintas y muy buenas”.

“Se busca despertar vocaciones científicas tempranamente y fortalecer la enseñanza de las ciencias básicas para generar una disposición hacia la ciencia”.
Ese trabajo por equipos abarca también la evaluación. “Entendemos que lo más valioso de nuestro sistema de evaluación es que es colegiado: el grupo completo de profesores y tutores evalúa a todos los alumnos. Esto nos permite tener una visión integral y no sólo saber algo del desempeño parcial en una asignatura, identificamos así cuáles son las fortalezas de los estudiantes y qué aspectos necesitan mejorar”. Quien detalla el sistema de evaluación es la profesora Juliana D’Andrea, coordinadora Académica de la Escuela.

En esa evaluación colectiva también participan los tutores, como Julio Sebastián De María, un tutor con formación en el profesorado de Matemática, quien explica su rol: “Nos reunimos con los docentes a evaluar juntos las competencias transversales como ‘pensamiento crítico’, ‘resolución de problemas’, ‘aprendizaje autónomo’, ‘comunicación y expresión’, ‘trabajo colaborativo’ y ‘ciudadanía democrática’”.

Los tutores pueden avanzar en este terreno debido al trabajo cotidiano tanto en el aula como fuera de ella. “Trabajamos de modo articulado con los profesores de las asignaturas como tutores académicos. Además, desde el equipo de tutores y junto al profesor del Taller, participamos en un espacio denominado ‘Construcción de juventudes y escuela’ en el que se desarrollan actividades relacionadas con la convivencia escolar, la valoración y respeto por la diversidad”. De María también destaca el rol de acompañamiento en el caso de que los estudiantes tengan problemas personales o conflictos: “Asumimos el diálogo como elemento central debido a que en esta escuela los chicos están en una jornada extendida y se pueden manejar otros tiempos, tanto para estudiar como para abordar temas de todo tipo”.

El sentido del trabajo de los docentes como un equipo pasa de la evaluación también a la generación de proyectos. María Carolina García, profesora de Artes Visuales, destaca uno de esos trabajos como una manera de articular su campo específico con los demás saberes: “Esta escuela tiene algo a su favor, que es trabajar a partir de la interdisciplina, abordar un tema no de manera aislada. Nuestras experiencias con proyectos demuestran que se puede tratar el conocimiento de manera más integral. Un caso muy lindo fue el que trabajamos con las docentes de Lengua, un proyecto sobre estereotipos de género que trabajaron ellas, y que desde nuestra materia lo vimos mediante la figura de Frida Kahlo y su arte”. Y desde el área de Lengua incorporaron la lectura de una colección sobre antiprincesas y antihéroes. “A partir de esa lectura, los estudiantes seleccionaron, investigaron y presentaron a sus compañeros una antiprincesa o un antihéroe local. Aparecieron así personas que llevan a cabo proyectos solidarios de la ciudad, o mujeres que realizan deportes más asociados a lo masculino, entre los variados ejemplos elegidos por ellos mismos”, comenta una de las docentes del área, María Silvia Biancardi.

Para Alonso el trabajo en equipos implica también desafíos básicos, como que no hay un docente por comisión para una asignatura sino que es “la pareja pedagógica la encargada, la asignatura se dicta en un mismo momento y los docentes van rotando. Se pone así en juego la libertad y creatividad de cada docente en cada momento”.

Ciencia y orientación de la escuela

La Escuela se orienta en Ciencias Naturales, algo que se va perfilando pero que a partir del ciclo superior (desde el cuarto año) define el tipo de materias a cursar y el perfil de egresado. Juliana D’Andrea explica que esta orientación “está en consonancia con el perfil de la Universidad”. “Se busca despertar vocaciones científicas tempranamente y fortalecer la enseñanza de las ciencias básicas para generar una disposición hacia la ciencia”. Sin embargo, detalla, “lo fundamental es que la Escuela trabaja para la formación integral de sus estudiantes, con un fuerte componente humanista, que se refleja no sólo en la carga horaria destinada a espacios como Lenguas Extranjeras, Ciencias Sociales o Lengua, sino también en la variedad de actividades culturales y artísticas que se realizan periódicamente”.

Fiorella Spinelli, desde el área de Ciencias Naturales, destaca cómo se puede fomentar el pensamiento científico y la metodología científica ya desde la temprana edad: “Fomentamos la realización de investigaciones, ya sean bibliográficas o prácticas. Esa es una estimulación científica: tener un problema y pensar cómo resolverlo. Por ejemplo, se les da un ser vivo desconocido y ellos tienen que simular que son científicos y clasificarlo. Entonces deben crear e imaginar experimentos para clasificar a ese ser vivo, presentar las conclusiones y defenderlas ante el resto de la clase. No se trata de memorizar la taxonomía que les digamos nosotras, sino tratar de pensar y encontrar un camino. Así no solo lo resuelven, sino que también salen cosas muy divertidas”.

“La Escuela trabaja para la formación integral de sus estudiantes, con un fuerte componente humanista, que se refleja en la variedad de actividades culturales y artísticas que se realizan periódicamente”.

Entre los recursos para la investigación se encuentran los laboratorios de experimentación. “Se trabaja mucho en el laboratorio -comenta Spinelli-. Se hacen actividades como en otras escuelas pero con un complemento que es el laboratorio”. Uno de los experimentos que recuerda con mayor impacto es el de observación con el microscopio: “Se miran los taxismos (movimientos) de paramecios (organismos microscópicos que habitan el agua) en base a estímulos. Un paramecio se puede encontrar en el agua estancada y allí, por ejemplo, si se pone azúcar, los paramecios van hacia el estímulo; en cambio si se les pone sal, se alejan”. Spinelli destaca que así se puede acceder de otra manera a una teoría como “la función de relación de los seres vivos”, siempre teniendo en cuenta que “los experimentos se deben adecuar a la edad de los alumnos”, teniendo en cuenta tanto la comprensión como los niveles de seguridad.

La vida académica y laboral está cada vez más imbricada con el idioma inglés. Pilar Traverso, secretaria Académica de la Universidad, tuvo a su cargo la propuesta curricular del área de Lenguas Extranjeras y puntualizó que para la elección del estudio de esta lengua “se tuvieron en cuenta los cambios lingüísticos ocurridos en el mundo y la metodología y didáctica de lenguas en general”. Agrega un dato muy significativo y es que ha crecido sustancialmente el número de personas que hablan inglés como lengua extranjera, tanto que la utilizan como una lengua vehicular o de comunicación “universal” una cantidad de personas que supera a sus hablantes nativos.

El contenido en lenguas extranjeras se trabaja mediante una metodología de “aprendizaje integrado de contenidos”. Este enfoque pone énfasis en usar la lengua extranjera para la resolución de problemas de otras áreas del conocimiento. El objetivo es doble: permitir a los estudiantes adquirir conocimientos en distintas áreas y hacerlo mediante el desarrollo de una competencia en lengua extranjera. Traverso indica que en esta metodología “hay dos objetos de aprendizaje: el lingüístico y el no lingüístico, sin predominio de uno sobre otro”.

Lograr aptitudes de comunicación eficaces forma parte de los objetivos tradicionales. Pero desde la escuela consideran también central la posibilidad de “adquirir conocimientos de diferentes áreas y aptitudes para el aprendizaje” desde otra lengua. “También hay objetivos socioculturales: la transmisión de valores de respeto por las diferencias, y socioeconómicos, la preparación para la vida en una sociedad internacional y para mejorar las perspectivas de inserción en el mundo del trabajo”, agrega la secretaria Académica de la UNNOBA.

Convivencia y jornada extendida

En la Escuela Secundaria de la UNNOBA la jornada es extendida, ya que de lunes a viernes los estudiantes están de 7.30 a 16.30. En ese marco, desayunan y almuerzan en la institución con un menú diseñado por una profesional en función de las necesidades nutricionales propias de la edad, y también teniendo en cuenta exámenes de salud. A la jornada también se le suman dos colaciones. Este servicio de comedor se garantiza mediante el “Sistema Solidario de Aportes y Beneficios” que está compuesto por dos tipos de aportes: el aporte institucional y el aporte familiar. Al momento de la confirmación de la vacante, las familias suscriben una carta compromiso, y aquellas que lo necesitan solicitan un beneficio de eximición del 50 o el 100% del aporte familiar.

Al ser una gran cantidad de horas, sumadas a las jornadas y talleres que se realizan los días sábados, la convivencia resulta un factor fundamental sin el cual no sería posible avanzar en terreno sólido. En este sentido Juliana D’Andrea plantea: “Pensamos que la convivencia es un elemento central de la Escuela así como también una instancia de aprendizaje más. La convivencia no se trata simplemente de cumplir normas. Transmitimos la importancia de construir democráticamente los acuerdos de convivencia con la participación de todos los actores de la comunidad escolar y para pensar la escuela en términos colectivos”.

En este sentido, la convivencia implica pensar la escuela como un lugar donde se escucha, donde se piensa al estudiante como un sujeto de derecho. Y en esto coinciden todos los docentes, se intenta que el cumplimiento de las pautas sea por convicción, por asumir que son las normas que benefician a todos y no algo antojadizo. Aquí también coinciden con otras escuelas del nivel medio, en la tendencia generalizada a implicar a los alumnos en ciertas decisiones, con la certeza de que cualquier situación social necesita reglas, y la convicción es la mejor forma de hacer realidad la convivencia.

Abordar las situaciones problemáticas desde lo que significa la adolescencia en sí, su particularidad emocional, es lo específico para cualquier escuela secundaria. Para ello hay estrategias y modos: “También tenemos que partir desde lo afectivo, que es algo que tiene la dimensión de la convivencia para, desde ahí, trabajar lo pedagógico”, reflexionan desde la Escuela de la UNNOBA.

Educar para tiempos diversos

La enseñanza secundaria enfrenta un desafío actual, que es asumir la diversidad de los estudiantes, y cambiar la posición tradicional que partía de pensar solamente desde la instancia de la enseñanza. “Partir desde el aprendizaje es no pensar ‘cuál es la clase que quiero dar’ sino imaginar ‘cuál es la clase que necesitan cada uno de mis estudiantes’”, explica Alonso. Ahí radica la complejidad de la tarea y es por eso que resulta un desafío no para un docente aislado sino para un grupo o colectivo docente.

Esa tensión que plantea el aprendizaje entre lo homogéneo y lo diverso es puesta en juego también por el modo de ingreso que tiene la Escuela, que es el sorteo. “Desde la teoría y desde la convicción intentamos generar un modelo pedagógico en el que el acontecimiento educativo gravite en torno a lo que el estudiante necesita, no trabajar con modelos ideales sino con los estudiantes reales. La diversidad es positiva y complejiza la tarea docente”, es una idea que atraviesa la charla con los docentes, encontrar esa conexión con la complejidad social.

“La diversidad en el aula es siempre un desafío, sobre todo para que la escuela no se configure en una tradición elitista de una educación para los mejores sino en algo plural y diverso”, indican. Ese es el espíritu que recorre a esta escuela desde su fundación, y que debe renacer año a año, al ritmo de los desafíos que le imponen los ojos vidriosos de quienes van llegando con una carga de ilusión en cada sorteo y en cada ingreso.

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