En general, las obras que están manteniendo la construcción en Junín son las de ampliación y refacción. Los grandes proyectos están frenados por la situación de incertidumbre económica.
En general, las obras que están manteniendo la construcción en Junín son las de ampliación y refacción. Los grandes proyectos están frenados por la situación de incertidumbre económica.
UNA ACTIVIDAD QUE ATRAVIESA UN ESCENARIO COMPLEJO

Obras de ampliación y refacción son las que sostienen la construcción

Aun cuando no hay grandes proyectos, referentes del rubro consideran que “hay esperanzas” y que es buen momento para invertir. En nuestra ciudad, los costos de edificación en una vivienda estándar se estiman entre 800 y 1200 dólares el metro cuadrado. Al sistema tradicional se le suman los tipos de construcciones en seco. El programa “Mejor Hogar Materiales” permite comprar con descuentos.

Del mismo modo que sucede con otros sectores de la economía, la construcción está pasando por un momento complejo. Los altos niveles de inversión que se requieren para esto, hacen que la actividad esté bastante deprimida, en términos generales.
“Con la situación del país hoy, el que puede construir es el que tiene dólares guardados porque quedó bien posicionado, pero el que quiere hacer su casa con sacrificio, lamentablemente tiene que esperar porque de un día para otro los precios se fueron un 30 o 40 por ciento más”, señala un destacado arquitecto de nuestro medio.
Según su análisis, “el edificio que ya había arrancado puede seguir si tiene espaldas para sostenerlo, pero el resto está parado”.
Otros referentes del rubro coinciden en que hoy se sostienen con obras menores. Principalmente de ampliación o refacción. “El que hace alguna habitación más, o un quincho, o un galpón en el caso de las empresas”, ejemplifican ante Democracia.
Y quienes mejor ven esto, son los corralones. “Obras grandes no hay, se trabaja con la gente el día a día”, explica Hugo Cieri, dueño de la casa de materiales para la construcción que lleva su nombre.


En el mismo sentido, Luis Hissuribehere, del corralón Don Emilio, señala que “mayormente se ve la obra particular, las ampliaciones o refacciones. En cuanto a las obras importantes, si bien hay algunas empresas que están terminando sus edificios, los que se hacen a través de fideicomisos –que proliferaron en Junín en estos tiempos– está un poco frenado y las inversiones son bastante más escasas que hace dos años, por tomar una referencia”.
Para Marcelo Tapia, de Eco Steel, las obras de ampliación están, “pero también menos de lo que debería haber”. Y agrega: “Hoy todo tiene un freno de mano. Encima en la construcción tenemos productos que son fusible, por ejemplo: yo tengo un producto de terminación de pisos, de un nivel medio para arriba, y en eso se ve cuando se frena. Y cuando el dólar empieza a subir, la especulación le gana a la inversión”.
Hissuribehere advierte que, medida en dólares, la construcción ya terminada “no es tan cara como en otros lados”. Y grafica: “Por tomar una referencia, el cemento toda la vida valió siete dólares, a lo mejor 7,50, pero valía eso en el uno a uno y hoy está en los mismos parámetros. Por eso es lo más estable”.
En ese marco, hay que decir que resulta difícil estipular el costo de la construcción estimado porque es una actividad con muchas variables en cuanto a la calidad de materiales, los honorarios de los profesionales que intervienen, los impuestos la mano de obra especializada y demás. Con todo, las fuentes consultadas por Democracia señalan que el precio final para una vivienda estándar está entre 800 y 1200 dólares por metro cuadrado.

Escenario
Más allá de las dificultades, hay algunas señales que les permiten ser optimistas a los referentes consultados.
“Este es el momento para hacer todo lo que uno tiene planeado y que lo necesites realmente”, opina Tapia. Es que, según su análisis, para alguien que tenga que construir –y por supuesto tenga el dinero para hacerlo– este es el momento porque “está alrededor de un 20% más económico de lo que va a salir la construcción”. Y profundiza: “Algunos materiales se acomodaron, pero no un 100%, porque muchas empresas achicaron su rentabilidad para poder seguir vendiendo, lo mismo que la mano de obra, que no se incrementó al mismo ritmo que el dólar. Entonces, hay un desfasaje entre lo que debería salir la construcción y lo que está costando. Esto se va a terminar ajustando, pero la realidad es que hoy es el momento”.
Por su parte, Hissuribehere observa que, luego de la devaluación de agosto último, que fue la que tuvo un mayor impacto y se dio en un momento en el que estaba “relativamente bien”, pasado el cimbronazo ahora se abren ciertas expectativas: “Creo que hay esperanzas. Cualquiera sea el gobierno que tome la iniciativa debe saber que la construcción es una de las actividades que más mueve. Yo siento que hay una especie de alivio. Aparentemente hemos pasado la etapa más dura y pareciera que la gente está viendo que el dólar no se está disparando y, el que puede y tiene poder de ahorro, se está animando un poquito más”.
Un poco más escéptico, Cieri afirma que las pymes están “complicadísimas desde hace más de tres años”, en los que hubo que hacer mucho esfuerzo para mantener las cuentas al día, pagar los impuestos y no despedir empleados. “Hay que ser muy organizado para no haber cerrado las puertas en estos últimos años”, resume.
Con todo, destaca la implementación del programa Mejor Hogar Materiales (ver recuadro) en nuestra ciudad: “El primer sorteo agarró a la gente mal informada por eso se inscribieron solo algunos. También hay mucha gente que no tiene la plata para arrancar. Esperamos que ahora, en esta nueva etapa, por ahí se anoten más”.

Alternativas
En los últimos años surgieron distintas alternativas de construcción, lo que brinda nuevas posibilidades a los que vayan a encarar una obra.
Hoy por hoy se sigue eligiendo, mayormente, el sistema tradicional. “Hoy se venden, principalmente, ladrillos cerámicos y portantes, o si no los ladrillos de cemento para los galpones”, comenta Cieri.
De acuerdo a su observación, los clientes tienden a seguir con este tipo de construcción porque sienten que “es el ladrillo más seguro”.
Mientras tanto, avanzan otras opciones. Sobre todo porque uno de los factores que se están teniendo cada vez más en cuenta es el de la eficiencia energética para una obra. Esto quiere decir que se buscan construcciones que permita conservar la temperatura, ya sea frío o calor, para no tener excesos de gasto de gas o de electricidad.
En ese contexto, Hissuribehere remarca que el hormigón celular curado en autoclave (más conocido por su marca comercial, Retak) “es un producto excelente para lo térmico”. Más aún, tanto se toma en cuenta esta modalidad que también se buscan opciones en las aberturas, para lo que se recomiendan las de PVC, con sistemas de aislación y con doble vidrio.
Por supuesto que cada variante implica un costo distinto. En referencia el Retak, el dueño del corralón Don Emilio asevera que “es un artículo que anda muy bien, que inicialmente aparenta ser un producto caro, pero cuando pasa el tiempo se puede ver que se van equilibrando los costos, porque con esto tenés que gastar solamente en los ladrillos y el pegamento, mientras que la construcción tradicional implica cemento, arena, cal, ladrillos”.
Los ladrillos portantes también tienen sus beneficios térmicos, aunque el tiempo de obra en este caso es mayor.
“Hoy en día, de cada diez, ocho eligen el tradicional –agrega Hissuribehere–, pero eso es, más que nada, una cuestión cultural. Y también hay otros factores, como el consejo del profesional o de los conocidos, lo que uno conozca previamente, las sugerencias del que haya tenido una buena experiencia con la construcción en seco y demás”.
Lo que lleva menos tiempo en el mercado es la construcción en seco que se hace con el llamado steel frame, “un sistema de construcción no convencional, hipotecable, que es un poco más económico de la tradicional y está al mismo nivel termoacústico”, señala Tapia.
Según su explicación, en esta construcción con perfiles y paneles se logra tener en una suerte de “sándwich” de 17 centímetros la misma aislación térmica y acústica que en muro de mampostería de 45 centímetros. “Hoy las casas se miden por su eficiencia energética –agrega Tapia– y las nuestras están dentro del rango verde de la construcción. El ladrillo cerámico está a nivel F, esto significa que está lejísimo de lo que pueden aportar nuestras casas en cuanto a rendimiento térmico. Un aire acondicionado te rinde tres veces más o un calefactor dos veces más”.
Quienes promueven este método sostienen que permite hacer edificaciones de hasta cuatro pisos, pero también más si se hacen a través de sistemas mixtos. Y que no tiene ningún tipo de limitación de arquitectura, siempre que se trabaje con ingeniería, “porque hay algunos que por el hecho de haber trabajado con placas de yeso creen que pueden hacer esto y no es lo mismo, porque se trabaja distinto, con vigas, con dinteles, es otra construcción”.
Tapia también asegura que es más económico: “Proporcionalmente, en una construcción tradicional tenés un 50% de materiales y otro 50% de mano de obra, y acá esa relación es 75% y 25%. Al mismo nivel de terminación, lo que yo construyo entre 800 y mil dólares el metro cuadrado, en la construcción húmeda sale entre mil y 1200”.
Finalmente, según su análisis, la construcción húmeda a corto o mediano plazo va a pasar a ser marginal: “Dentro de cinco, diez o cincuenta años no se va a hacer más, es lo que está pasando en el mundo, porque es inconcebible seguir derrochando el agua para construir de esta manera que, además, tienen una mala terminación”.

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