El profesor Ariel Pulido dio clases en numerosas escuelas y clubes y hoy es un referente de la natación formativa.
El profesor Ariel Pulido dio clases en numerosas escuelas y clubes y hoy es un referente de la natación formativa.
RECONOCIDO PROFESOR DE EDUCACIÓN FÍSICA

Ariel Pulido: “El afecto de los chicos es mi combustible diario”

Dio clases en varios clubes y numerosos establecimientos educativos. También fue directivo e inspector. Organiza campamentos en el sur del país. Ante todo, es un referente ineludible de la natación formativa.

Ariel Pulido todavía estaba en la escuela primaria cuando supo que quería ser profesor de educación física. Las clases con Juan Carlos Pastorino eran de las que más disfrutaba y desde entonces, su camino estuvo marcado.
Pasó por numerosas escuelas, fue directivo e inspector, trabajó en varios clubes y se convirtió en un referente ineludible de la natación formativa en nuestra ciudad. Centenares de niños pasaron por sus clases y fueron ellos los que retroalimentaron siempre su pasión. “El afecto de los chicos es mi combustible diario”, afirma.

“El mensaje más importante para mí es que se puede. Y que el otro sepa que puede contar conmigo, que podemos hacerlo juntos, que lo voy a ayudar”.

Profe
Pulido se crió en la zona de Urquiza y Roque Vázquez, donde había un campito en el que pasaba sus tardes jugando a la pelota. Hizo la primaria en la Escuela N°1 y la secundaria en el Colegio Industrial. También jugó al fútbol en Mariano Moreno.
Para hacer el profesorado de Educación Física se mudó a Lincoln. “Estuve los cuatro años en la pensión de la señora Orfilia Argentina Cassani de Rolla, una bellísima persona”, evoca.
Todavía no estaba recibido cuando, en el verano de 1984, se presentó en la municipalidad y se ofreció a trabajar. “La persona que me abrió la puerta y me dio trabajo enseguida fue quien hoy es un amigo del alma y un hermano de la vida, Cari Mollier”, cuenta.
También destaca a su colega Rodolfo Pedernera: “Me marcó mucho, y como docente en el instituto me dio natación, colonia y campamento, que son las tres cosas en las que sigo trabajando”.

“Puedo estar muy cansado, pero entro a la pileta y se me pasa”.

Docente
Trabajó como docente en la Escuela N°2, en le EP10 de Saforcada, y en los colegios Marianista, San José y San Jorge.
En el Instituto del Profesorado N°20 dio las materias Atletismo y Natación. Y también dio clases en el Instituto de Formación Docente de Lincoln.
El gimnasio Olaf fue otro lugar donde se desempeñó.

La natación
Ariel entró en el Club Junín en 1988 y en 1990 ya estaba a cargo de la pileta. “Ahí planteamos hacer natación con más compromiso”, comenta: “En el primer grupo, al que llamé ‘Los Pitutis’, arrancamos con 12 nenes compitiendo en el Club Social y terminamos con 77 haciendo los cruces de la Laguna”.
Posteriormente pasaron a competir en torneos federados. “Tuve unos chicos maravillosos –explica Pulido–, porque teníamos resultados y también era muy bueno el comportamiento del grupo, el trabajo y el compromiso que ponían en el club. Y atrás había un grupo de papás que eran realmente brillantes”.
Junto con Mollier y Jorge Carpentieri pusieron en marcha el Complejo Santa Paula, que fue la primera pileta climatizada de Junín. Al tiempo, por algunas diferencias, los dos profes dejaron ese proyecto y Ariel propuso techar la pileta del Club Junín. “Gracias a Dios hubo una muy buena visión pensando en el futuro y se hizo”, destaca.
Esa pileta se puso en funcionamiento en 1999 y Ariel dejó el club en 2001, cuando sintió que se cerró un ciclo: “Todavía considero que el Club Junín sigue siendo mío y lo siento como un lugar propio”.
Luego estuvo un tiempo en el Club Social y una temporada en el Complejo Marianista. Más tarde dejó las piletas pero retomó la senda en 2011 en el complejo de la Aefip, donde todavía hoy está a cargo de la colonia de vacaciones, que tiene un trabajo muy fuerte en natación.
Pulido sostiene que para enseñar natación hay tres cosas fundamentales: “El afecto, la confianza y hacer los movimientos de la manera más natural posible”.
Y para él esto resulta un reto: “En la natación no compito contra el otro, yo compito con el otro para competir contra mi tiempo, mis posibilidades y mis propios desafíos. Por otro lado, con la natación se trabaja mucho la cabeza, porque uno va nadando y no puede ir charlando con el de al lado, por eso uno también apuesta al grupo, a lo que pasa afuera del agua, que haya momentos de distensión, que puedan compartir una merienda, juegos. Y a la vez, estoy convencido de que la cantidad de tiempo y esfuerzo que le dedica uno a esto, sirve para otros órdenes de la vida. Son muchas otras cosas sobre las que también trabajamos y educamos”.

“Esto se puede hacer porque uno está con el tanque lleno de afecto”.

Balance
Pulido remarca que todavía siente “un placer muy grande” por enseñar: “Puedo estar muy cansado, pero entro a la pileta y se me pasa. Y esto se puede hacer porque uno está con el tanque lleno de afecto, que es el combustible que uno tiene. Esto me apasiona. Ver cuando un chico flota, o se suelta, o hace su primer largo, son cosas que me llenan el alma. El mensaje más importante, para mí, es que se puede. Y que el otro sepa que puede contar conmigo, que podemos hacerlo juntos, que lo voy a ayudar”.
Y al momento de hacer un balance, concluye: “Tuve la gran suerte de que la vida o Dios hizo que fuera profesor de educación física, que es lo que en realidad me hace feliz. Ahí encontré la pasión y lo disfruto enormemente. Yo prioricé siempre el sentirme a gusto, inclusive rechacé algunas propuestas que económicamente eran muy importantes, porque prioricé esto de sentirme a gusto. Por eso lo sigo eligiendo”.

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