Mario Pratti es un reconocido tecladista que integró numerosas bandas y también es profesor de piano, órgano y canto.
Mario Pratti es un reconocido tecladista que integró numerosas bandas y también es profesor de piano, órgano y canto.
RECONOCIDO TECLADISTA Y DOCENTE

Mario Pratti: “La música es mi alimento diario”

Arrancó con el recordado Grupo Tiempo. Después, fue miembro de una gran cantidad de bandas y acompañó a numerosos cantantes de los más variados géneros. Desde hace años es profesor de órgano y canto.

Para Mario Pratti, la música es una parte fundamental de su vida. Vinculado al piano desde muy chico, el teclado lo acompañó en todas sus actividades y fue el motor y columna vertebral de su desarrollo artístico y profesional.
Pasó por una gran cantidad de grupos, acompañó a numerosos cantantes de los más variados géneros, recorrió gran parte del país con su música y es una presencia habitual en los espectáculos de Junín.

“Yo me crié escuchando música, siempre estuvo en mi vida”.

El piano
Mario Pratti nació a dos cuadras de la cancha de Sarmiento, en la casa en la que todavía sigue residiendo.
La música estuvo presente en su vida desde siempre. “Mi viejo era aficionado al tango y cuando yo tenía siete años me compró un piano y fui a aprender con Alfredo Farías”, recuerda. Según dice, fue amor a primera vista con el instrumento. “A mí me encantaba”, asegura.
Se metió de lleno en ese mundo y a sus quince años se recibió de profesor.

“El reconocimiento de la gente y el de los colegas es muy reconfortante”.

Músico
Mario tenía 16 años cuando, tempranamente, falleció su padre. Por eso en ese momento tuvo que salir a trabajar.
Al poco tiempo tuvo la oportunidad que sería su ingreso a la música. Y era un ingreso por una puerta bien grande, el Grupo Tiempo. En efecto, lo convocaron a formar parte de la banda que compartiría, a partir de ese momento, con Juan Carlos Domínguez en batería, Mario Domínguez en bajo y Omar De Lázzari en guitarra.
“En ese entonces, el Grupo Tiempo sonaba muchísimo y trabajábamos un montón –relata–, hacíamos la música del momento, tocábamos mucho melódico y algo de rock, pero muy poco”.
De esta manera, a sus 17 años ya podía vivir de la música: “Teníamos muchas presentaciones, por ahí nos íbamos de gira por Mendoza, San Luis y La Pampa y volvíamos a los veinte días”.
Dos años duró su paso por el Grupo Tiempo y fue furor. Una vida que, cuando entró a trabajar en el Club Sarmiento, en la parte administrativa, tuve que abandonar.
No obstante, desde siempre siguió ligado a la música. Pasó, con distinta suerte y continuidad, por muchas bandas: Nuevo Sonido, Agrupación Trinidad, La Sonora Camaleón y otros. También acompañó a artistas como Mary “La Dulce”, Paco Maracaibo, Claudio Jurado. “Estuve con infinidad de cantantes y grupos”, resume.
Pero el paso del tiempo hizo lo suyo y el circuito artístico cambió mucho: “Cuando yo arranqué con la música había en Junín 30 orquestas y todos tocábamos. Ahora aparece alguien con un celular que enchufa a la consola y sale con la música grabada. Para el que canta eso está muy bien porque se presenta con las pistas, lo que resulta mucho más económico para el que te contrata. Lamentablemente se han achicado mucho los espacios. Es muy distinto: en mis primeras épocas tocaba miércoles, jueves, viernes, doble presentación los sábados, y los domingos”.
Justamente, el año pasado volvió a reunirse con sus compañeros del Grupo Tiempo. “Pero no es fácil”, asegura, ya que la vida actual es más vertiginosa y se complica para juntarse, ensayar y pensar en actividades conjuntas.

Docente
Durante mucho tiempo, mientras pudo, en el poco tiempo que le quedaba, solía dar clases a algún alumno. Pero a partir de 2010, cuando se jubiló, se dedicó de lleno a la enseñanza de piano y canto. También dio clases en Lincoln y Viamonte, adonde iba una vez por semana y daba clases particulares”.
Algunos de quienes van a lo de Pratti lo hacen con la finalidad de ir dando exámenes a fin de año para recibirse, en algún momento, de profesores. Pero la mayoría lo hace “para aprender un instrumento y tocarlo”.
Mario explica que la mayoría quieren aprender a tocar órgano “porque es más fácil que el piano”. Y profundiza: “El piano requiere, como mínimo, tres horas de ensayo por día. Son distintos. En primer lugar, el órgano tiene 62 teclas y el piano 88. Aquí las dos manos tienen distintas escrituras, en clave de sol para la mano derecha y en clave de fa para la izquierda, mientras que el órgano tiene los acordes preseteados de fábrica. Sí tienen un formato similar, la misma disposición de las teclas, pero son diferentes”.

“Lo más importante que me dejó la música no es lo económico, sino que tuve la suerte de conocer buena gente y me dio muchos amigos”.

Balance
Como quedó dicho, la vida de Pratti transcurrió en medio de un ambiente musical y artístico: “Yo me crié escuchando música, siempre estuvo en mi vida. Para mí, es el alimento diario. Estoy todo el día con esto, porque con los alumnos estoy de la mañana a la noche, y cuando tengo un espacio lo dedico a escuchar y a estudiar o conocer”.
Piensa, como lo hacía Horacio Salgán, que “la música es buena o mala”, más allá de los géneros.
Y después de cincuenta años vinculado a las teclas y las notas, a la hora de hacer un balance, concluye: “Lo más importante que me dejó la música no es lo económico, sino que tuve la suerte de conocer buena gente y me dio muchos amigos. Tengo muchas amistades que me dio la música. También me dio la posibilidad de ir a muchísimos lugares de mi país que, tal vez, de otra manera, no los hubiera conocido. Y, finalmente, el reconocimiento de la gente y el de los colegas es muy reconfortante”.

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