Empresarios del Parque Industrial consultados por Democracia analizaron las dificutades que están atravesando. El denominador común: gastos fijos, presión tributaria y tasas altas.
Empresarios del Parque Industrial consultados por Democracia analizaron las dificutades que están atravesando. El denominador común: gastos fijos, presión tributaria y tasas altas.
TÉSTIMONIOS LOCALES DEL ESCENARIO PYME

La presión impositiva y las altas tasas bancarias traban la producción industrial

Referentes de nuestra ciudad explican cuáles son las dificultades para desarrollar la manufactura en estos tiempos de contracción económica. A pesar de la recesión, no advierten una baja considerable en las ventas, aunque sí hay ajustes en los márgenes de ganancia. Los altos intereses para el descuento de cheques entorpecen la cadena de pagos. Reclaman más facilidades para la toma de créditos para inversión.

Más allá de que Junín es una ciudad que basa su economía principalmente en el comercio, en el empleo público y en lo que derrama la producción agropecuaria, también hay un sector industrial que, en estos tiempos de recesión, busca hacerse un lugar para sostener un nivel aceptable de producción.
Está claro que el escenario actual está lejos de ser el ideal para la industria, principalmente para las pymes. En ese marco, Democracia convocó a referentes de distintas empresas manufactureras de la ciudad, de diferentes rubros, para que expliquen cómo están atravesando este momento.
El denominador común de los industriales consultados pasa por la preocupación de los gastos fijos, la presión tributaria, las altas tasas para operar con bancos –sobre todo para el descuento de cheques– y las dificultades para acceder a líneas de crédito para invertir en maquinarias y tecnología.

“La estamos pasando mal”
El de Industrias Plásticas Martínez es un caso que demuestra lo difícil que es mantenerse como industrial en estos tiempos. Una empresa de décadas de trayectoria intachable, que apuesta a la producción, que debió reconvertirse, que siempre cumplió y, así y todo, aún cuando sus ventas crecieron, debió reducir personal y menguar considerablemente sus márgenes de ganancias.
“Las Pymes la estamos pasando mal” sostiene, lacónico, uno de sus propietarios, Alfredo Martínez.
Esta es una compañía que debió hacer las inversiones necesarias como para satisfacer las demandas de los clientes. La firma nació como una fábrica de bolsas de polietileno pero, a partir de 2008, cuando salió la ley de bolsas degradables, tuvo que reconvertirse: “Seguimos haciendo polietileno y polipropileno, pero también empezamos a trabajar con papel, a hacer las bolsas de facturas para las panaderías, más adelante continuamos con las bolsas de papel con manija, las de cartulina, cajas de cartón y de cartulina, de microcorrugado, y finalmente incorporamos las bolsas reutilizables”.
Además, antes imprimían solamente en flexografía, pero en la actualidad la diversificación les exige hacer siete sistemas de impresión, porque sumaron flexografía plana para las cajas de cartón, offset, tipografía, láser, stamping y hot stamping con relieves. Y, además, reciclan 20 mil kilos de polietileno por mes.
Es decir que promovieron mejoras, adquirieron tecnología y bajaron mucho los costos. Para la compra de maquinarias, solicitaron créditos bancarios que todavía están pagando. “En febrero terminamos de pagar el 50 por ciento de los préstamos que habíamos pedido, y tuvimos que vender dos lotes que teníamos –que originalmente estaban destinados a la construcción de un depósito– para poder cubrir las cuentas corrientes de los bancos y para pagar impuestos salariales que teníamos atrasados”, relata Martínez.
Aún así, las dificultades hicieron imposible sostener a los 64 trabajadores con los que contaban hasta agosto de 2016, por lo que redujeron su planta a 52 personas. “Tuvimos que hacer una reducción –comenta Martínez–y existe la posibilidad de que que haya alguna otra baja. Generalmente, cuando tenemos que tomar estas decisiones, abrimos la posibilidad de que se haga algún retiro voluntario por si alguno consigue otro trabajo para manejarnos de la manera más prudente posible”.
Según su mirada, el problema principal es acceder a créditos y facilidades en las entidades bancarias: “Lo hacemos, tenemos giro en descubierto, negociación de valores y muchas cosas, pero eso nos cuesta un montón de plata. Yo tengo la tarjeta Pyme Nación y me ofrecieron venderme mercadería a través de ella con un 55% de interés, pero abierto, algo que es inaceptable. A ese porcentaje, nadie puede tomar un crédito, no hay margen posible en ninguna empresa como para pagar esos intereses”.
Algo llamativo es que este proceso se da en un momento en el que Martínez aumentó la cantidad de clientes. Es cierto que muchos son “chicos”, desde verdulerías, carnicerías y almacenes, hasta tiendas o zapaterías. “El tema que el que antes nos compraba mil bolsas cada tres meses ahora lo hace cada seis meses; y tenemos más costos, más gastos, es una época absolutamente complicada”, asevera.
Tanto es así que, a pesar de haber aumentado un 37% el volumen de ventas de año a año, el aumento de los insumos y los gastos fijos hacen que el margen de ganancia se fuera achicando: “Yo pagaba 67 mil pesos del servicio de electricidad y ahora pago 180 mil; la materia prima la pagábamos a un dólar a 18 o 20 pesos y ahora está por encima de los $40. Y si vos querés competir con los precios, no podés tener los márgenes que tenías antes, porque todos venden lo más barato posible. Y todo esto aun pudiendo hacer algo que antes no hacían, que es el reciclado y reutilización de unos 20 mil kilos de polietileno por mes,
“Tenemos una ventaja que es que tenemos siete producciones distintas dentro de la fábrica, para aquellos que tienen un solo producto, es más difícil”, advierte Martínez, para luego graficar: “Por ejemplo, alguna fideera puede tener productos de distintos tipos y tamaños, pero todos son fideos, en cambio nosotros tenemos siete líneas de producción diferentes una de otra, cuando se cae una se puede recuperar con la otra. Pero si el mercado se achicó, uno se tiene que achicar”.
Martínez pone énfasis en no mezclar la política partidaria con las coyunturas económicas. “Tanto el gobierno anterior como este, no nos favorecieron para nada”, afirma. Y enseguida advierte qué es lo que necesita para mejorar la situación de las pequeñas y medianas industrias: “Lo que nosotros necesitamos es más seriedad en la política. Escuché decir al Presidente que iban a ofrecer créditos al 25 o 30 por ciento (ver recuadro) y no los veo en ningún lado, el año pasado dijeron que iban a poner a disposición millones de pesos para créditos y acá no llegaron, yo opero con cinco bancos, tengo 48 años de antigüedad y de cumplimiento, y nadie me ofreció nada. Yo no estoy en contra del Presidente ni de nadie, soy un hombre de trabajo, pero no nos pueden decir que están las cosas bien porque uno sale a la calle y se da cuenta de que no es así. El que trabaja nunca pierde las esperanzas, algunas decisiones que se han tomado conducen a tener, por lo menos, cierta expectativa, lo de empezar a pagar impuestos salariales a partir de los $7.000 de recibo es un achique a la contribución jubilatoria; y algunas cosas a las pymes nos duelen mucho, somos pagadores de impuestos que parecen ser multas por darle trabajo a la gente, estamos muy cargados en lo tributario, parece que nos ahogan. Yo no quiero que me den un premio por dar trabajo, pero tampoco quiero que me estén ordeñando”.

“Está bastante estable”
Hernán Mariani, de LP Aberturas y LP Vidrios, una empresa instalada en el Parque Industrial de Junín, cuenta que lo que se advierte en la región es que el movimiento económico en su actividad “está bastante estable”. Sí hay una merma en la zona de Santa Fe, donde LP también vende sus productos, aunque “dentro de todo, en este rubro hay movimiento, los vidrieros están trabajando bien, los que colocan aberturas por ahí están un poco más complicados, pero el que es grande siempre tuvo trabajo y, si bien al chico le cuesta un poco más, se ve cierta estabilidad. Entiendo que hay sectores más complicados que nosotros, uno escucha que en los que comercializan electrodomésticos bajaron las ventas, pero nosotros continuamos bastante bien”.
De acuerdo a su análisis, la mayor dificultad del escenario actual pasa por los gastos fijos: “En la realidad de la Argentina son complicados, las tarifas, las cargas sociales, los seguros, a los que tienen varios empleados les cuesta, hoy estás al día 20 del mes y seguís pagando impuestos, antes lo terminabas de hacer en la primera semana”.
Por su forma de trabajo, Mariani no utiliza el servicio de descuento de cheques que ofrecen los bancos. Y en cuanto a los créditos, en su compañía sacaron uno para comprar una máquina que están por instalar. “Nuestra experiencia fue que nos ayudaron bastante para poder tomarlo –señala–, me parece que en eso hay un cambio. Supongo que el que no llega a reunir las condiciones no podrá alcanzarlos, pero ha evolucionado eso. El cambio en el valor del dólar hizo que nos costar un poco traer la máquina y todavía no pudimos ponerla en marcha, estamos empezando a ver cómo hacerlo, estamos por desarrollar un plan de energía, para lo que estuvimos reunidos con funcionarios de Edén, y cuando podamos dar este paso vamos a poder incorporar algún otro empleado más”.
Actualmente LP cuenta con unos diez empleados que, más allá de algún mes puntual de complicación, pudieron mantenerlos a todos.
“Cuando empezamos a ver alguna dificultad, salimos a redoblar el esfuerzo, a ampliar la zona de venta y distribución, para compensar la merma. Y nos está yendo relativamente bien”, concluye.
En Cimentar SRL, una empresa de elaboración de hormigón también instalada en el Parque Industrial de Junín, saben que cuando hay dificultades económicas, la construcción es un rubro que no tarda en sentirlas. “Las obras se frenan, si una empresa tiene que hacer un galpón nuevo, espera, así que estamos viendo que, terminando el año pasado, bajaron las ventas alrededor de un 30 por ciento”, explica el ingeniero civil Federico Balbi.
Inclusive, en los meses más complicados del año pasado llegaron a vender la mitad, en la comparación interanual. “También es cierto que en 2017 tuvimos algunas obras grandes, en general fue un buen año”, aclara Balbi, quien observa que a mediados de 2018 “empezó un descenso que fue progresivo”.
Balbi coincide en que la traba más importante que tienen hoy en día las industrias pasa por las altas tasas y las dificultades en acceder al crédito: “La pequeña pyme tiene grandes problemas con los costos fijos y, además, el empresario no puede invertir para mejorar, para comprar un camión, para adquirir una máquina, porque no hay préstamos. Además, cuando uno calcula el beneficio que podría obtener a partir de esa inversión, ve que podría ganar prácticamente lo mismo si, en lugar de apostar a la producción, dedicaría ese dinero a alguna inversión financiera o si lo pusiera en el banco, y encima, sin tomar los riesgos que sí se corren cuando uno trata de crecer. Eso es lo que debe cambiar: la inversión en maquinaria o tomar un nuevo empleado, a la larga debe ser también un negocio para el empresario”.
Con quince empleados es sus dos plantas, de Junín y de Lincoln, los costos en impuestos y tarifas configuran otra mochila muy pesada, de acuerdo a la consideración de Balbi: “Se vive con mucha presión, se siente casi una persecución y, al mismo tiempo, uno ve competencias desleales –por lo menos en este rubro– porque hay otras plantas de hormigón que no están habilitadas, no se sabe si sus empleados están en blanco, y eso perjudica al que hace las cosas bien”.

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