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A los 65 años Mario Finarolli aceptó un nuevo desafío: dirigir técnicamente al club River Plate, de nuestra ciudad.
RECONOCIDO PROFESIONAL DEL DEPORTE

Mario Finarolli: “Los mejores y los peores momentos los pasé con el fútbol”

Jugó catorce años en Primera División y en España. Como entrenador, pasó por numerosos equipos del ascenso en los que logró varios campeonatos. Estuvo seis veces al frente del plantel profesional de Sarmiento.

Con toda una vida en el fútbol: diez años en inferiores, catorce como profesional y más de treinta como entrenador, Mario Finarolli podría estar disfrutando de una merecida jubilación y descanso en su casa. Sin embargo, luego de haber pasado por varios de los clubes más importantes del país, todavía sigue yendo todos los días a pisar el verde césped que lo hace tan feliz.
Es en el Club River Plate de Junín donde se desempeña actualmente como director técnico. ¿Por qué lo sigue haciendo? “Esto es lo que hice toda la vida” dice, a modo de respuesta. Es que lo hace con la naturalidad con la que respira, come o duerme, porque es lo que forma parte de su esencia y de su ser.

“Como jugador podía haber hecho más, pero tuve muchas lesiones”.

Inferiores
Finarolli nació y se crió en Pompeya. Enfrente a lo que hoy es la cancha de San Lorenzo había unas canchitas de fútbol, en una zona boscosa, donde se pasaba las tardes jugando con sus amigos.
Estaba de vacaciones en Córdoba cuando una persona lo vio jugar al fútbol y lo invitó a probarse a River. Así fue como arrancó en el Millonario a los diez años y estuvo hasta sus veinte.
Empezó jugando de ocho, pero hacía muchos goles y se convirtió en delantero de área.

“Como entrenador me fue bien, el ascenso no es para cualquiera”.

Primera división
Tenía 18 años cuando debutó en Primera. Fue con Didí, como técnico, en una época que hubo huelga de jugadores profesionales y River puso a los chicos de la Tercera, entre ellos, el “Beto” Alonso, J.J. López, Víctor Bottaniz y Finarolli.
“Jugué poco, cuatro partidos, y después me fui a préstamo a Atlanta”, recuerda. Según dice, le fue “muy bien” en el club de Villa Crespo. “Pero me mandé una bárbara”, dice sonriente, para luego contar: “En la época en que River pasó 18 años sin salir campeón, jugamos con Atlanta contra ellos que, si ganaban, daban la vuelta, y ganamos nosotros con un gol mío. No pude volver a River”.
Estuvo tres años en Atlanta, donde hizo muchos goles, y después fue vendido a Vélez en lo que fue un monto récord para ese momento.
Por ese tiempo estuvo seis meses suspendido y eso le jugó en contra porque fue borrado de la lista de intransferibles que podían ir a la selección que entonces dirigía César Luis Menotti. Mario ya había jugado para Argentina en las categorías Sub-18 y Sub-21.
Entonces se fue a España, en 1976, para jugar en el Elche. “En ese equipo éramos casi todos sudamericanos –explica–, estaba Gómez Voglino, Rubén Cano, el Baby Cortés (todos de Atlanta), Marcelo Trobbiani, un uruguayo, un paraguayo y un hondureño, conmigo ya éramos ocho. Además, la ciudad es muy linda, Alicante es un lugar hermoso”.
Estuvo tres años y pasó a Argentinos Juniors, porque quería regresar al país. Allí compartió plantel con Diego Maradona.
Luego, atravesó un período de muchas lesiones. Pasó por Rosario Central, donde salió campeón del Nacional de 1980. Luego vino a Sarmiento, siguió en Temperley y se retiró en Douglas Haig, con 34 años.
“Podía haber hecho algo más, pero tuve muchas lesiones –afirma–, no me quejo porque jugué en equipos grandes, siempre en Primera División, tuve algunos pases importantes, pero estuve mucho tiempo parado”.

Entrenador
Se retiró como jugador en Douglas Haig y enseguida asumió como director técnico del mismo club. Después siguió en Sarmiento, en el primero de los seis pasos como entrenador del club de nuestra ciudad. También dirigió otras dos veces en Douglas Haig, tres en Temperley, Tigre, Atlanta, Almirante Brown, Nueva Chicago y Almagro. Después pasó por Salto y ahora está en River, de Junín.
A pesar de haberse destacado como futbolista en Primera División, siempre dirigió equipos de ascenso. Según dice, allí fue “encasillado”. Alguna vez estuvo cerca de entrenar a Vélez, pero no prosperó.
“Me fue bien en esas categorías –comenta–, el ascenso no es para cualquiera. Yo llevo 31 años sin parar, laburando continuamente. Te tiene que gustar esto porque se reniega bastante”.
Y a la hora de hablar sobre sus cualidades, señala: “A mí me gusta laburar y formar grupos. Lo que mejor hago es formar grupos, porque sin eso, no hay equipo. Aparte de ser buenos jugadores, tienen que ser buena gente y ganadores”.

“Lo que mejor hago es formar grupos, porque sin eso, no hay equipo. Aparte de ser buenos jugadores, tienen que ser buena gente y ganadores”.

El fútbol
Casi toda su vida estuvo vinculado al fútbol. Aunque puso un viedeoclub y una bicicletería, siempre regresó al deporte. “Nosotros no servimos para los negocios”, señala entre risas.
Por eso siempre vuelve. Sea en el ascenso, en Salto o en un equipo local, como River: “Por supuesto que no es por plata. Lo de Salto era peor, porque hacía 200 kilómetros todos los días. Pero me gusta el fútbol”.
Finarolli admite que dirigir en Primera A es una cuenta pendiente. “Ahora ya está, pero la espina me quedó porque es más fácil dirigir primera división, ahí tenés todo alrededor, tenés otro material, en cambio acá tenés que luchar contra todo”.
Y al momento de hacer un balance, concluye: “Esto es lo que hice toda la vida. El fútbol me dio alegrías y me dio palos. La mujer que está a mi lado la conocí por el fútbol. Los mejores y los peores momentos los pasé con el fútbol”.

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