UN HISTÓRICO DIRIGENTE DEPORTIVO LOCAL

Oscar Sardi: “En los clubes tienen que estar las raíces”

Fue futbolista de Independiente, se fue a jugar a otros lados, y volvió como directivo. Junto a un grupo de compañeros y amigos le devolvió a la institución una identidad que estaba a punto de perderse.

Oscar Sardi estuvo ligado a Independiente desde muy chico. Pero en un momento, seguramente por broncas juveniles, se distanció. Se fue. Así, sin más. Varios años después, y casi sin pensarlo, regresó como dirigente y fue como si el tiempo no hubiese pasado. “Siempre estoy llegando” recitaba Aníbal Troilo a los que le decían que se había ido del barrio. Sardi también: siempre está llegando. Porque –en el fondo– nunca se fue. Porque mantuvo inalterable el amor por su club.
Como dirigente –junto a un grupo de compañeros y amigos– le devolvió a Independiente una mística que estaba a punto de perderse. La de ese club humilde, de barrio, con su propia identidad, que tienen en sus pibes el mejor tesoro.

“El grupo hace a todo, te hace tener raíces cada vez más fuertes”.

Trayectoria laboral
Sardi se crió en el barrio Evita, hizo la primaria en la Escuela 30, y empezó el secundario en el Colegio Industrial, pero dejó los estudios para trabajar. Cuando ingresó a la Liga Agrícola Ganadera tenía 14 años.
Arrancó como cadete, pasó al área de Bazar y Tienda, fue cajero en la misma unidad, hasta que ingresó a la sección Cereales. “Me fue muy bien, quería mucho ese trabajo y a la Liga”, recuerda.
Por diferentes circunstancias se fue a trabajar a Agroital, donde estuvo hasta 1997 cuando, con su socio, Luis Vergani, armó su propio acopio de cereales, que todavía mantienen.

“El mejor torneo que ganamos es poder darles el pase a los chicos”.

El fútbol
Oscar estaba jugando en la canchita del barrio Evita cuando “el Negro” Carlos Washington Castro lo vio y lo invitó a Independiente. Así arrancó.
Empezó jugando de mediocampista, pero luego pasó a la defensa, desempeñándose como seis y como lateral izquierdo.
Debutó a los 14 años en la primera, pero enseguida el técnico le dijo que todavía no estaba para esa división. “Realmente, tenía razón”, reconoce hoy. Sin embargo, al tiempo, con bronca por no tener lugar en el primer equipo, dejó el club.
“Me fui a jugar al campo –recuerda–, empecé en San Martín, que estaba en el Cuartel II, y después pasé por un montón de clubes de la zona durante quince años”.
Finalmente, tras una temporada en Villa Belgrano, dejó la práctica activa.

Dirigente
Corría el año 1988 y la dirigencia de Independiente quería dar un paso al costado. Habían sido muchos años de trabajo y estaban cansados. Un grupo de ex jugadores, entre los que estaba Sardi, se juntaron para hacerse cargo. “Estaba Magallanes, Echetto, Carlos Garbe, Colaberardino, D’Angelo, el Calabrés Di Pietro, Juan Ale, José Sottile, y dijimos: si nos quedamos todos, agarramos. Y así fue”, cuenta.
Bajo la presidencia de Garbe, y con el trabajo de todos, en unas semanas pusieron en condiciones la cancha –en donde “se veían solamente los travesaños de lo largo que estaba el pasto” –, limpiaron el monte lindero, y en seis meses hicieron la pileta, que inauguró en esa misma temporada.
“Después vinieron los vestuarios, por iniciativa e insistencia de Pocho Castelao hicimos la cancha de tenis, también la de paddle, y en el monte hicimos parrillas y mesas”, enumera Sardi.
Pero también levantaron el club desde lo deportivo. Lograron que llegaran más chicos y que el club tuviera nuevamente mucha vida. Y todo con un enorme esfuerzo. “Independiente es una institución muy humilde –explica Sardi–, hay clubes que cobran cuotas de 100 o 150 pesos y todos la pagan, nosotros no podemos hacer eso. Además, siempre quisimos prestar un servicio a esa comunidad que también es humilde”.
Según dice Oscar, los pibes son lo más importante del Rojo. Y ejemplifica: “Nosotros solamente salimos campeones tres veces en el Nocturno. Pero el mejor campeonato que se gana acá es el de poder darles el pase a los chicos que quieren irse a otros clubes. Uno trata de hacer algún tipo de acuerdo, pero los chicos que se quieren ir a probar a otros lados, los dejamos, no les cortamos esa posibilidad”.
Y cuenta con orgullo que el historiador Roberto Dimarco le dijo que “Independiente le dio más jugadores a la primera profesional de Sarmiento que el propio Sarmiento”. De hecho, un año el Verde tenía en su plantel a nueve jugadores “rojos”.
“El orgullo de Independiente es darle el pase a los jugadores para que jueguen en otro nivel. Es la idiosincrasia del club”, insiste.

“En los clubes tienen que estar las raíces, los que fueron dejando algo, los que te van a tocar la espalda y te van a preguntar ‘¿qué pasa?’ cuando la cosa no esté marchando”.

Balance
Fue dirigente de la Liga Deportiva del Oeste, fomentista, presidente de la cooperadora del Jardín 906 y en todos lados dejó su impronta. Pero tal vez en ninguno como en su club.
“El grupo hace a todo, cuando todos trabajan y tiran para el mismo lado, uno se entusiasma. Eso te hace tener raíces cada vez más fuertes”, afirma.
Hasta hace poco su hijo fue presidente de la institución y ahora su esposa es tesorera. Y él sigue colaborando. “Cuando hace falta, estoy”, desliza.
Y al momento de hacer un balance, concluye: “No quiero que Independiente se caiga y eso es lo que le pasa a un club cuando no tiene gente que trabaje por él. Siempre digo que en los clubes tienen que estar las raíces, aquellos que fueron dejando algo, los que estuvieron años ahí, como los Sottile, los D’Angelo, los Artime, que son los que te van a tocar la espalda y te van a preguntar ‘¿qué pasa?’ cuando la cosa no esté marchando”.

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