FUEGO, CAOS Y TEMOR

Pasto negro

Un voraz incendio desatado ayer al mediodía, en el barrio Cerrito Colorado Norte de nuestra ciudad, devoró decenas de hectáreas, empujado por fuertes ráfagas de viento. Y, ante la tardanza de los bomberos, los vecinos defendieron sus viviendas con baldes y mangueras, en un intento desesperado por extinguir las llamas.

El fuego iba a avanzar muy rápido sobre el Cerrito Colorado. Comenzó en la parte trasera de la Escuela 35. Pasadas las 12. Y quince minutos más tarde ya se había propagado por los lotes lindantes, dejando a su paso solo pasto negro.
Enormes llamaradas, impulsadas por fuertes ráfagas de viento –de más de 40 kilómetros por hora- y montes de álamos y eucaliptus hirviendo se entremezclaban con densas cortinas de humo gris, mientras los vecinos trataban de proteger los perímetros de sus casas con baldes y mangueras. Una gota en un océano de fuego y temor.
Ni bien comenzó el foco ígneo, los bomberos de Junín recibieron el alerta. Cerca de las 12.10 llegó una dotación con dos efectivos. Nuevos llamados de vecinos reclamaban más dotaciones, advirtiendo que el viento podría generar un escenario devastador. Después de eso, todo fue desesperación. La única dotación presente en el barrio había sido superada completamente por el fuego, que raudamente saltaba por los álamos y se acercaba peligrosamente a las casas. Baldes, cestos, matafuegos de los vehículos, mangueras de jardín, agua de las piletas, a todo eso acudieron los vecinos para frenar el incendio y evitar que las llamas llegasen a las casas. La falta de coordinación, y la tardanza de los refuerzos en llegar, hicieron que algunos bomberos combatieran las llamas con baldes de las casas.
Minutos más tarde, cuando el fuego ya se había esparcido por calle Luciérnagas y se dirigía, impulsado por el viento, en dirección a Los Naranjos (calle de ingreso al club Banco Provincia), se hicieron presentes más dotaciones de bomberos de Junín –cuatro en total-, y los bomberos voluntarios de Baigorrita, junto a cuadrillas municipales. Pero la oleada roja era imparable.


Incluso en el lugar donde se desató el siniestro, en la Escuela 35 (también funciona en este establecimiento la Secundaria 11), el fuego recrudecía con el viento y personal del colegio colaboró a extinguir el fuego con baldes, ya que las llamas también afectaron el tendido eléctrico. Semanas atrás, otro incendio intencional había generado alarma en la zona de las calles Puente del Inca y Las Luciérnagas, pero esa vez el viento no era tan intenso y pudo ser controlado por una dotación.
El descontrol y la ausencia de bomberos hizo que personal policial, en una actitud de entrega y arrojo, combatiera las llamas con baldes, a la par de los vecinos del barrio y de las zonas aledañas, que también se acercaron a ofrecer ayuda.
Recién cerca de las 13 –casi una hora más tarde de iniciado el incendio- la presencia de los bomberos les devolvió algo de calma a los vecinos, en una zona de casas quintas, calles de tierra y mucha naturaleza, la cual fue calcinada en un alto porcentaje. Incluso la plaza del sector quedó teñida de negro.
En el lugar, el director de Defensa Civil y tesorero de la Asociación Civil Bomberos de Junín, Eduardo Naya, señaló que el epicentro del siniestro estaba rodeado de pastos secos y es una zona donde es muy fácil que se generen incendios.
La médica de Intermed que asistió a un vecino con un principio de intoxicación, oriunda de Córdoba, no salía del asombro ante el cementerio de árboles y soltó: “Allá son frecuentes los incendios intencionales, en las sierras, algunas casas tienen un corta fuego, un pozo con cemento para detener el avance de las llamas”. En esta línea, debido a que muchos siniestros se generan en la parte trasera de la Escuela 35, autoridades evaluaban construir una defensa para frenar el fuego y salvaguardar el monte y los árboles.
Pasadas las 15, la situación se había prácticamente normalizado, pero quedaban cientos de árboles prendidos fuego y el monte parecía una fábrica de chimeneas humeantes, por lo que se estableció una “guardia de cenizas” que implicó la presencia de bomberos durante toda la tarde, de manera preventiva, para evitar un recrudecimiento.
-“¿Cómo es tu nombre?”, preguntó un vecino damnificado por las llamas.
-“Eduardo, vivo frente al barrio San Ignacio”, respondió un vecino solidario, que pasó por el lugar y combatió el fuego con baldes.
El dramatismo de la situación hizo que muchos vecinos que no se conocían vayan de un sitio a otro, de una casa a otra del cerrito para frenar la avanzada del fuego.

“Hoy nos ganamos el cielo”
“Hoy nos ganamos el cielo”, repetía el oficial de policía Sergio Nahuel Corvalán, que junto a su compañera, Nadia Calabresi, combatió el fuego a destajo.
La noche cayó, y el viento seguía avivando algunos focos, especialmente en las raíces de algunos árboles, y con ellos, la preocupación de los habitantes del sector.

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