PERSONAJES DE LA REGIÓN

Pascual “Pamperito” Silvani, peluquero y amigo de todos en Rafael Obligado

Tiene 84 años, se dedica a cortar el pelo y a escribir poesía. A la mañana temprano abre el local con vista a la vereda y allí se queda durante el día. Tiene cerca de 70 clientes y cientos de anécdotas para compartir.

Pascual PamperitoSilvani tiene 84 años y es vecino de Rafael Obligado. Es peluquero, poeta, y conoce a todos los vecinos, con ellos disfruta compartir recuerdos, anécdotas, bromas y risas. Pascual es, sin duda, una pieza fundamental que hace a la identidad del pueblo.
El delegado de Rafael Obligado, Ariel Gallardo, dijo a Democracia que “con Pamperito podemos estar charlando horas y horas, es lindo entrar a la peluquería, él te recibe con ese espíritu que tiene, con todas las cosas que atesora desde hace años” y agregó “la peluquería es como entrar de nuevo a nuestra infancia, al mundo de los recuerdos, es muy lindo tener estas personalidades en el pueblo”.
En diálogo con Democracia, PascualPamperitoSilvani compartió su historia.

- ¿Cuándo abrió la peluquería?
- Abrí la peluquería en 1949, me faltaban algunos días para cumplir 15 años. Fui a denunciar la apertura del negocio a Rojas y me echaron por ser menor de edad –cuenta entre risas-. Si llego vivo al año que viene van a hacer 70 años que tengo la peluquería.

Lo que más disfruto del pueblo es la tranquilidad, además siento que todos me quieren.

- ¿Cómo aprendió el oficio?
- Entre los 10 y los 14 años fui a mirar a la peluquería del pueblo cómo se hacía, cómo le cortaban el pelo la gente, eso me divertía. Además me había preparado un cajoncito para lustrar y cuando venía la gente de campo, por lo general siempre llegaban con botas, yo les lustraba las botas y me hacía unas moneditas para ir al cine. En ese momento mi viejo trabajaba en el campo, después tuve la peluquería a nombre de él porque yo era menor y cuando terminé el servicio militar en Junín volví y la puse a mi nombre. La peluquería no estuvo siempre en el mismo lugar, cambié de sitio cuatro veces, ahora estoy en un salón de 7x4 metros. Me sobra espacio –Pascual se ríe-.

- Aún conserva el sillón que usaban los peluqueros antes.
- Sí, este sillón lo compré en calle Rivadavia de Junín hace 50 años. Pienso que por ahí alguna vez Carlos Gardel se cortó el pelo en este sillón porque estuvo dos o tres veces en Junín –cuenta Pascual entre risas-. El sillón fue fabricado en Junín y voy a ver si en estos días voy a la Municipalidad a preguntar si saben qué pasó con la fábrica porque la marca está escrita en la parte metálica donde los clientes apoyan los pies. Antes que este tuve un sillón de madera y tenía un cliente que era grandote, entraba justito, entonces antes de que se fuera tenía que pisar el sillón de atrás porque se lo llevaba.

- ¿Cómo es su rutina de trabajo?
- Yo ya estoy jubilado, abro para ver la gente pasar, el que entra bien y si no que sigan, no me voy a hacer drama a estar altura. Trato de respetar los horarios. Ya no madrugo como antes, en otras épocas abría a las 6 de la mañana, la gente venía a esa hora porque venían del campo. En ese entonces, al final del día, habían pasado por acá unos 37 clientes. Ahora abro a las nueve y tendré unos 70 clientes, a algunos de ellos les corto el pelo desde que estaban en los brazos de su madre. Me levanto tipo siete, prendo la tele, miro qué va a pasar con el día, cómo va a estar el tiempo, no tengo apuro para abrir, vengo, me siento al lado de la vidriera a ver quién pasa, si entra alguien lo atiendo. Después me traen la vianda, almuerzo, me acuesto a dormir la siesta y abro a las cuatro, hasta las ocho y media.

- ¿Cree que en algún punto el oficio de escribir y de cortar el pelo se conectan?
- Sí, porque para escribir yo siempre me he nutrido de los diálogos que escuchaba en la peluquería. La gente se asombraba, decía “cómo puede ser que sepa tanto de campo si siempre estuvo en el pueblo”, y la verdad es que cuando venían clientes del campo y charlaban mientras esperaban su turno, yo escuchaba las conversaciones. Y me interesaba lo que hablaban, entonces retenía.

- ¿Sigue escribiendo poesía?
- Sí, sigo escribiendo. Escribo cuando tengo algún motivo, porque siempre dije que si la poesía no dice nada, no hay que escribirla. Los chicos de la escuela de Obligado editan un diario y ahí va a salir mi última poesía, ya debo tener cerca de unas 300. Le he escrito a todas las instituciones de Rafael Obligado, a todas: a la iglesia, al club, al jardín, a las escuelas primarias y secundarias.

- ¿Qué es lo que más disfruta del pueblo?
- Lo que más disfruto del pueblo es la tranquilidad, además siento que todos me quieren. Hasta los chicos me respetan. Muchos vienen a preguntarme cosas de la historia del pueblo y yo, lo que pueda contarles, les cuento. He transitado mucho camino, lástima que cuando uno se da cuenta, el camino está por terminar.

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