Daniel González es un reconocido productor de seguros local que desde hace 20 años practica el montañismo.
Daniel González es un reconocido productor de seguros local que desde hace 20 años practica el montañismo.
TIENE MÁS DE 55 SALIDAS A LA MONTAÑA

Daniel González: “El montañismo me da fortaleza mental”

Como productor de seguros, es un referente de la actividad en la ciudad. Como deportista, en sus expediciones alcanzó los picos del Aconcagua, el Kilimanjaro, el Elbrús, el Mont Blanc y la base del Everest, entre otros.

En enero del año 2000 Daniel González hizo su primera experiencia en el Aconcagua. De aquel viaje recuerda que no hizo cumbre y que dos días antes de regresar se enteró del crimen de Claudia Colo, un hecho horrible y de mucha resonancia en nuestra ciudad que sucedió en su oficina, donde hoy hay un portarretrato con la foto de la joven.
A su vuelta de Mendoza se reprochó a sí mismo el no haber estado en Junín cuando sucedió ese trágico suceso. Y se dijo que “nunca más iba a pisar una montaña”.
Debió pasar un tiempo hasta que releyera una carta fechada el 1° de enero de 2000, que Colo le había dejado en la caja fuerte, antes de su partida hacia el Aconcagua, en la que le decía: “Los sueños son un buen signo de que estamos vivos y dispuestos a luchar con todas las fuerzas para hacerlos realidad. Cuando ello ocurre podemos sentir que no estamos de paso en esta vida, sino para dar lo mejor de nosotros. Por los sueños concretados, por los nuevos, por los que hay que seguir luchando y por quienes los quieren compartir, suerte y que sea como lo soñaste desde el principio. De todo corazón, Claudia”.
Fue ese mensaje el que le dio fuerzas para retomar el montañismo, y luego fue su pasión la que lo llevó por los muchos de los picos más altos del mundo, en sus 55 salidas a la montaña.

“En la montaña estoy en contacto con la naturaleza, es pura y sana”.

Productor de seguros
Hijo de un ferroviario y una ama de casa, Daniel González es el mayor de dos hermanos.
Cuando egresó del secundario, comenzó a desempeñarse como corrector en el diario Democracia. “Por esa actividad leía mucho y gracias a eso tenía mucha facilidad de palabra. Por eso fui presentador de una orquesta, Los Guajiranos, que hacían música tropical”, recuerda.
Trabajó en una casa de ventas de máquinas de escribir y después ingresó en el Banco Junín, en la venta de seguros. Y desde entonces se mantiene en el rubro, donde está por cumplir 50 años.
Diez años estuvo en el banco y luego inició su propio camino, con la misma compañía: era La Unión Gremial, que después pasó a ser Berkley, con la que todavía sigue trabajando.
Según dice, desde entonces hubo muchos cambios en la actividad: “La tecnología hizo que se pierda el contacto personal; también estamos más capacitados, la exigencia es mayor, y hay más coberturas”.
En 49 años, mantuvo una conducta y una trayectoria que lo convirtieron en un referente del rubro. “Valoro mucho que haya tanta gente que haya confiado sus bienes, lo que le costó mucho conseguir, para asegurarlos con nosotros”, señala.

“Lo primero que uno se tiene que plantear cuando va a salir es que la mejor cumbre es volver a casa, por eso hay que hacer las cosas bien”.

Montañista
Desde siempre González tuvo afinidad por el deporte. Hizo fútbol, actividades náuticas, atletismo, y fue a sus 50 años, cuando vio por televisión que dos periodistas habían subido al Aconcagua, que se le despertó una pasión escondida. El montañismo fue, entonces, su cable a tierra.
Hizo algunas experiencias menores y el 2 de enero del año 2000 salió para el Aconcagua por primera vez. En esa oportunidad alcanzó los 6200 metros: le quedaron 700 para llegar a la cumbre. Fue en febrero de 2002 cuando alcanzó el punto más alto de la montaña más elevada en América.
A partir de ahí se metió de lleno. Tanto que en la actualidad tiene hechas 55 salidas a la montaña, algunas de ellas en las más importantes del mundo, como el Kilimanjaro de Tanzania, el Monte Elbrús de Rusia, la base del Everest, o el Mont Blanc, entre otras.
En cuanto a su preparación, González explica: “En la altura hay dos problemas serios, la altura y la baja presión atmosférica, que hacen que te falte la fuerza, el oxígeno, tengas agitación”.
Según dice "de todos los trayectos, el que más me costó fue el Aconcagua y no en todas sus salidas hizo cumbre, ya que ese objetivo a veces se frustra por el mal tiempo, por falta de energías, o porque la cabeza dice basta”. Y en ese sentido, advierte: “Lo primero que uno se tiene que plantear cuando va a salir es que la mejor cumbre es volver a casa, por eso hay que hacer las cosas bien”.

“Esto es muy difícil de entender, hasta que uno no lo hace”.

Balance
A punto de cumplir 70 años, González cuenta por qué se dedica a esta actividad: “Acá no hay competencia, los que lo hacemos nos apoyamos unos con otros. Además, uno está en contacto con la naturaleza, que es pura y que es sana. A veces me preguntan si vale la pena tanto esfuerzo para estar quince minutos o media hora en la cumbre, pero es muy difícil de entender hasta que uno no lo hace. El montañismo me da fortaleza mental, me ayuda a no bajar los brazos ante el primer impedimento, porque muchas veces me pregunté ¿qué hago acá, pasando frío, comiendo mal, durmiendo incómodo? Sin embargo, es la mente la que me hace seguir adelante. Y eso a veces ayuda en la vida”.
Con todo, al momento de hacer un balance, concluye: “Lo que me hace bien es poder transmitir al resto del grupo que se puede, porque de los que van conmigo, el que me sigue tiene quince años menos. Yo no me quiero jactar, pero no es fácil hacer esto a mi edad, y la vida no se termina, siempre se puede hacer cosas. Y me llena de orgullo cómo me mira el resto del grupo y cómo me cuidan”.

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