Cristian Petrecca, Cruz González, Carlos Olguín, Juan Esteban Garelli, July Miranda y Lorena Kalemberg aceptaron la convocatoria de Democracia para debatir sobre la despenalización del aborto.
Cristian Petrecca, Cruz González, Carlos Olguín, Juan Esteban Garelli, July Miranda y Lorena Kalemberg aceptaron la convocatoria de Democracia para debatir sobre la despenalización del aborto.
UN TEMA CALIENTE

Referentes de la ciudad debatieron sobre la despenalización del aborto

Convocados por Democracia, se juntaron en una mesa e intercambiaron ideas representantes religiosos; feministas y del derecho. Cuándo comienza la vida, la autonomía de las mujeres y sus cuerpos, el marco jurídico, la educación y la pobreza fueron algunos temas que cruzaron la discusión. Hubo coincidencia en que fue positivo haber instalado esta problemática a nivel social.

A pocos días de que el Congreso de la Nación trate en su recinto el proyecto de despenalización del aborto, referentes locales de diferentes ámbitos se reunieron a debatir sobre esta propuesta.
Convocados por Democracia, se juntaron en una mesa e intercambiaron opiniones Cristian Petrecca, pastor evangélico, docente y miembro del colectivo Viva la Vida Junín; Cruz González, profesor de Filosofía, y miembro de la asociación civil Cultivida, del colectivo Viva la Vida Junín y de Unidad Provida; Carlos Olguín, sacerdote, abogado, miembro del Tribunal Eclesiástico y representante legal del Colegio Padre Respuela y del Jardín Dailan Kifki; el doctor Juan Esteban Garelli, abogado, docente y ex juez del Tribunal Oral Criminal; July Miranda, docente, integrante de la agrupación Manada Feminista, de Las Violetas Colectivo Lésbico y de la Asamblea de Mujeres Junín; y Lorena Kalemberg, miembro de la Comisión de Aborto de la Asamblea de Mujeres Junín.
El punto de partida, fue la opinión de cada uno respecto del tema, para luego sí dar lugar al debate.

Opiniones
El pastor Petrecca remarcó que “todas las vidas valen lo mismo, tengamos la oportunidad de ver la cara o no”, y que merece respeto “tanto la vida de la madre como la del niño por nacer”. Asimismo, sostuvo que, como hombre de fe, cree que hay “una ley superior que es la de no matar y en respetar la libertad de todos, y esa libertad implica, por supuesto, la del desarrollo de cualquier vida”.
Luego, González hizo hincapié en “los argumentos que nos provee la ciencia y el estado jurídico de nuestro país” y, en tal sentido, sostuvo: “Existe vida humana desde el momento de la concepción, una cuestión científica no interpretativa y que está custodiada por el aparato jurídico actual. Por ese motivo, es fundamental defender tanto los derechos de la mujer como los del niño por nacer. Además, entendemos que este proyecto de ley es disruptivo respecto de las políticas que el Estado viene sosteniendo, ya que en este momento en este país se pagan asignaciones prenatales por discapacidad y embarazo reconociéndolo desde la semana doce, entonces hace ruido llevar ese límite a la semana catorce, porque el mismo Estado que garantiza una asignación desde la semana doce a una mujer que está embarazada ¿y va a autorizar a abortar hasta la semana catorce?”.
El padre Olguín, en tanto, afirmó que él encara este tema “a partir del derecho a la vida y de definir al aborto como lo que es: la interrupción del embarazo con la muerte del feto”. De acuerdo a su análisis, la pregunta que hay que hacerse es ¿desde cuándo hay un nuevo ser humano distinto del padre y de la madre? “Eso lo responde la ciencia –contesta Olguín– que dice que, desde el momento de la llamada singamia, es decir, cuando el espermatozoide penetra la membrana pelúcida del óvulo, se funden y se cierra la membrana, empieza un nuevo ser humano con su propio ADN, con todo lo que esto significa, porque hoy el ADN es la prueba para una herencia, es la identidad, es la persona, distinta de sus padres”. Finalmente, desde el punto de vista jurídico, el sacerdote recordó que “hay una opción argentina, como la llama el doctor Guillermo Borda en un artículo de los años 70, que fue la de tutelar la vida desde el momento de la fecundación, por eso nuestro país adhiere a los tratados internacionales que hoy tienen rango constitucional que también tutelan la vida desde la concepción”.
Para el doctor Garelli, es importante reflexionar acerca la realidad jurídica y la inserción normativa: “El Código Penal protege bienes jurídicos. Se protege la vida del ser humano y se castiga al que matare a otro, según el artículo 79. Pero también hay una norma que dice que el que matare en legítima defensa, no comete un injusto; también dice que el que matare en un estado de necesidad disculpante, no es punible. Y se está preservando la vida, igual. Del mismo modo, también se protege el feto, pero en un supuesto donde hay una colisión, está el estado de necesidad –artículo 34 inciso tercero trasladado al 86– donde establece que, ante una colisión de bienes, que los estima en distinta jerarquía entre madre y feto, se interrumpe el embarazo en protección de la vida de la madre cuando no hay otra manera”. Garelli también recordó que la Corte Suprema de Justicia “recogió el no consentimiento por parte de la mujer y estableció que el aborto es no punible”. Y aclaró que “que sea no punible significa que hay causas de exculpación. Estando vigente la protección del feto y castigada su interrupción, yo nunca vi que se condenara a una mujer por haber cometido un aborto”. Tanto es así que el sistema penal, aún estando vigentes los artículos que regulan el aborto, introduce atajos para no castigar a la mujer, que es el no declarar contra sí mismo.
Según su análisis, debe resolverse la antinomia entre autonomía y protección: “El ser humano debe tener la capacidad de autodeterminarse, lo que consiste en tener su propia norma de qué es lo que va a hacer con su vida y sus cosas, eso no quiere decir que uno consienta o legitime cualquier acción arbitraria, pero no se puede descalificar de antemano, o deslegitimar, o desconocer lo que pasa por la cabeza de una mujer”.
Posteriormente, Miranda habló de la resignificación de algunos términos y sus derivaciones: “Se dice ‘estoy a favor de la vida’, como si la posición contraria fuera estar en contra de la vida, algo que no es así. Estamos a favor de que se legalice el aborto porque estamos a favor de la vida de un montón de mujeres y personas gestantes pobres que mueren. Como ciudadana, exijo que el Estado, en su salud pública, se haga cargo de eso y dé respuestas. No puede haber más muertes por abortos clandestinos. La forma de responder a eso es que el aborto sea legal y que quien quiera acceder pueda hacerlo sin morirse en el intento, que no tengan que colaborar con una mafia médica que se lleve un montón de dinero con esto, y que se tengan acceso a los anticonceptivos y a una educación sexual integral. No podemos decirle a nadie qué hacer con su vida, con su cuerpo o con su útero, las maternidades tienen que ser deseadas, si seguimos tirando de este hilo vamos a terminar hablando sobre qué pasa con la figura política de la mujer y por qué hay acá tantas personas sin útero debatiendo sobre lo que nos pasa a las que sí lo tenemos”.
En el mismo sentido, Kalemberg expuso que “desde la recuperación de la democracia hasta ahora ha habido 3030 mujeres muertas por abortos clandestinos y eso es un abandono del Estado”. Y agregó: “Me parece un retroceso hablar sobre cuestiones metafísicas o ideas de dios, que no atañen a todos los individuos. Basta de que los hombres hablen de nuestras razones para abortar, lo hacemos porque queremos, porque es nuestro cuerpo y nuestra decisión, y además hay otras razones ligadas a cuestiones económicas, contextos sociales, con mujeres sin acceso a la educación y la salud, entonces hay una doble victimización: primero no tienen acceso a lo que deberían tener, y segundo, las condenan a muertes en abortos clandestinos”.

Hombres, mujeres y autonomía
Petrecca propuso “eliminar a Dios del debate” para ver si se podían acercar posiciones y, al hablar de lo fáctico, señaló que “más allá de los números, el aborto es un fracaso del ser humano y del Estado”. Según su mirada, apostar a “minimizar el daño” sería “aceptar ese fracaso”. Y ejemplificó: “La violencia contra las mujeres existe desde que el mundo es mundo, pero eso no quiere decir que tengamos que tratar de que muera la menor cantidad de mujeres posible, sino que como sociedad debemos ponernos de acuerdo en que esto no puede pasar más. Y creo que el aborto, como salida, se contrapone a esto de la educación que pretendemos: o educo, o me conformo con que esto pasa y lo legislo”.
“Tenemos que acordar en que una mujer es sujetó de derechos como los hombres –agregó Kalemberg–, a veces tenemos que enfrentar que no queremos ser madres y quedamos embarazadas igual, y son embarazos no deseados. Jamás les diría que deben hacerse una vasectomía obligatoria”.
Petrecca insistió en que él no hace “una brecha” entre mujeres y hombres. “Pero nos estás diciendo qué tenemos que hacer con nuestro cuerpo”, respondió la activista feminista. Ante lo cual, el pastor señaló que defiende la autonomía de la mujer, “pero cuando se trata de un embarazo estamos hablando de la autonomía de una mujer y también la de otro ser vivo”.
“¿Cómo podés empatizar más con huevo, un cigoto o un conjunto de células, antes que con una persona que tiene una necesidad concreta?”, preguntó Kalemberg, a lo que Petrecca contestó: “Empatizo con los dos”.
Entonces intercedió el doctor Garelli y sostuvo que coincide en que hay que proteger la vida y no hay que apostar a la muerte, “lo que pasa es que hay que protegerla desde el mismo día del nacimiento, en la escuela, en el barrio, en el club. Entonces uno se pregunta, ¿la pena es la adecuada para castigar una interrupción? ¿o tengo que empezar a culturizar a la persona para que sepan que hay que respetar la vida? Antes de echar mano a la medida punitiva, habría que echar mano a las pautas sociales que hacen que la vida sea más importante que la muerte”.

Educación y ciencia
Para Petrecca, llegar a un aborto también “es aceptar que es un fracaso absoluto de la educación”.
En tal sentido, Miranda remarcó que “la ley ampara la educación sexual integral, por lo que no es la opción entre educar o abortar”, y agregó: “Hay casos de gente que abortó porque se cuidaba y le falló el método anticonceptivo. Y eso no le genera trauma ni la pasa mal”.
“Tarda en aparecer el síndrome post aborto”, aportó González, quien aclaró que en Cultivida atienden mujeres con ese síndrome.
“Pero es por la penalización –opinó Kalemberg–, porque las pastillas cuestan carísimo, en la farmacia te miran como si fueras un terrorista, tenés que hacerlo en tu casa sin que nadie se entere, es la cultura la que crea la culpa”.
Por otra parte, González enfatizó que otro punto central es definir cuándo empieza la vida. “La fertilización asistida desecha 20 mil embriones por año y no los he visto hablar de eso”, chicaneó Kalemberg. “No estoy de acuerdo con eso tampoco y la agrupación a la que pertenezco ha hecho presentaciones en ese sentido”, respondió Petrecca.

Aborto y pobreza
Después de las discusiones sobre las cifras de abortos y muertes, Olguín consideró que “da la impresión de que hay que hacer una ley para legalizar el aborto a las personas pobres cuando, para el pobre, la maternidad es una gran riqueza, estudios profundísimos demuestran que ser madre significa un ascenso social para las clases más pobres”.
En tanto, Kalemberg aseveró que, según su experiencia en la Villa 31, la situación es bien diferente: “Ahí me convencí de que tenía que militar por la legalización del aborto. Yo estaba en contra pero cuando vi la necesidad en ese lugar, cambié de opinión, porque no podía hacerme más la tonta frente a lo que veía”.
Para Miranda hay, además, “una realidad concreta que tiene que ver con la decisión personal de una persona sobre su cuerpo”.
“Si hoy vos vas al hospital a pedir que te corten un brazo, que es parte de tu cuerpo, ¿qué va a hacer el médico?”, poreguntó González, y enseguida él mismo contestó: “Te va a decir que no porque el médico no puede actuar así, y en el caso del embarazo no está en juego sólo tu cuerpo, sino otra vida”.
Ante una nueva discusión sobre si un feto debe ser considerado persona, o a partir de cuándo, Kalemberg sentenció: “No entiendo por qué empatizan tanto con estas cuestiones y no dicen qué hacer con las mujeres que se mueren en abortos clandestinos”.
Petrecca: “Le ponemos el cuerpo, las acompañamos, las ayudamos desde lo emocional”.
Kalemberg: “Pero no respetan a la mujer que quiere abortar”.
González: “Ninguna mujer a la que se le ayuda, quiere abortar”.
Kalemberg: “¿De dónde sacaste eso?”
González: “Cultivida es una organización que trabaja desde hace quince años y de los casos que atendemos, de mujeres que vienen con la decisión de abortar, el 92% no llega al aborto cuando es escuchada, contenida, cuando se les dan los medios. Cuando a la mujer se la ayuda, no decide abortar”.

Disidencias y coincidencias
El padre Olguín insistió en que “desde la singamia hay otro ser humano y el concepto de persona es un concepto jurídico, y el problema en la Argentina es que, desde el Proceso, dejamos de hablar de derechos humanos, pero ese ser humano tiene el principal derecho que es a vivir”.
Ante esto, Petrecca añadió que la discusión “no se trata de los niños ni del aborto, sino que parece una lucha para ver si las mujeres pueden hacer algo o no”.
En la vereda de enfrente, Kalemberg consideró que las argumentaciones de quienes están en contra del proyecto de despenalización del aborto “están basadas en interpretar a las mujeres en sus decisiones”. Y sentenció: “Las mujeres no somos ‘incubadoras con patas’”.
Cuando se puso sobre la mesa que también hay mujeres que están en contra del aborto, Miranda respondió: “No van a estar obligadas a abortar, queremos que sea legal, no obligatorio”.
Petrecca coincidió en que “la mujer tiene que poder decidir, que no es ‘una incubadora con patas’, que tiene sus derechos, pero que encuentran su tope cuando aparece el derecho de otro”.
“Pero el otro tiene que ser un otro constituido”, opinó Kalemberg. En su réplica, González ejemplificó: “Ciro, el bebé de Carolina Píparo, no había nacido y el fallo de la Justicia fue por intento de doble homicidio”.
En otra intervención, Garelli consideró que “la conversación se desvía porque se está tratando si se despenaliza o no. Pero ¿qué se arregla con la condena? ¿qué se resuelve con eso? La pena debe tener una finalidad, si no, no tiene sentido. Cuando uno castiga es porque entiende que, ante una infracción, el medio punitivo me va a dar un resultado para que no se vuelvan a cometer esas conductas. La sociedad es la que debe proteger la vida, no el medio penal”.
Finalmente, Petrecca expuso que, aun cuando no coincide con la mayoría de los postulados de la campaña en favor del aborto legal, seguro y gratuito, sí valoró que esto le dio visibilidad al tema: “Esto que siempre se trataba en grupos pequeños de expertos en leyes, hoy es un debate social. Instalarlo de esta manera, es una virtud”. A su lado, Miranda escuchaba y asentía.

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