El doctor Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, advierte que Argentina es “el tercer país consumidor de alcohol en el continente”.
El doctor Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, advierte que Argentina es “el tercer país consumidor de alcohol en el continente”.
UN PROBLEMA QUE SE PROFUNDIZA

Es cada vez mayor el consumo de alcohol en adolescentes y jóvenes

Todos los fines de semana se atienden varios casos de intoxicación etílica en el Hospital Interzonal “Dr. Abraham Piñeyro”. Continúa descendiendo la edad de inicio en el consumo, que ya está en los 13 años, y aumenta la cantidad que se ingiere. Especialistas en Toxicología Alertan por los daños físicos y neurológicos que producen las ingestas y aseguran que hay una banalización y naturalización de estas conductas.

El aumento del consuno de alcohol entre los adolescentes y jóvenes es una problemática que se acentúa en el país, a la que no escapa nuestra ciudad. Una muestra de ello es que todos los fines de semana deben atenderse varios casos de intoxicación etílica en la Guardia del Hospital Interzonal General de Agudos “Dr. Abraham Piñeyro” (HIGA).
Así lo confirma la doctora Romina Jourdane, jefa del servicio de Emergencias del nosocomio.
“Cada vez aumenta más el consumo de alcohol”, sostiene la médica, para luego ampliar: “Si bien se ven muchos pacientes que ingresan con ingestas politóxicas, es decir, de alcohol mezclado con drogas, vemos que todos los fines de semanas recibimos varios chicos con intoxicación etílica. Son chicos que vienen comatosos, a muchos los encuentran en la calle y están solos, tirados; otros están con amigos que están apenas un poco mejor que ellos y atinan a llamar a la ambulancia; y hay casos que son traídos por otros compañeros que vienen conduciendo vehículos en un estado similar, con el riesgo que eso conlleva”.
Consultado por Democracia, el doctor Carlos Damin, profesor titular de Toxicología de la Facultad de Medicina de la UBA y jefe de la división Toxicología del Hospital Fernández, advierte sobre el incremento paulatino de la incidencia del alcohol en la sociedad y, más específicamente, en los jóvenes: “En Argentina consumimos 9,8 litros de alcohol puro por habitante por año, por lo que somos el tercer país consumidor de alcohol en el continente, detrás de Canadá y Estados Unidos. Esto impacta claramente en los adolescentes”.

Cada vez peor
Esta realidad planteada por Damin se traduce en que sigue bajando la edad de inicio en el consumo, ya que hoy se ubica en 13 años.
“Si se comparan las estadísticas oficiales entre las encuestas hechas por Sedronar en 2010 y en 2017, nos encontramos con que aumentó un 50% la cantidad de adolescentes en edad escolar, de 12 a 17 años, que consumen alcohol. Es decir que se banalizó y se generalizó el consumo de alcohol entre los menores de edad, y hay que tener en cuenta que tenemos una ley que prohíbe la venta y suministro de alcohol a este grupo etario, básicamente porque produce daño neurológico, por lo que es un tema que creo que los padres no entienden”, señala el profesional, también presidente de Fundartox.
Según dice, el descenso en la edad de inicio “viene bajando en forma sostenida y progresiva”. Y ejemplifica: “Hace una década la teníamos ubicada en los 16 años y hoy está ubicada en los trece. Hoy tenemos el problema de que los chicos festejan terminar la escuela primaria emborrachándose. Ahí se advierte la gravedad del problema”.
Este escenario no es ajeno a lo que sucede en Junín. “Vemos que vienen cada vez más chicos, inclusive de trece o catorce años, aunque a esos se los atiende en Pediatría”, asevera Jourdane. En general, el rango etario de las atenciones por intoxicación etílica en el HIGA oscila entre los 13 y los treinta años, con una preponderancia de jóvenes de entre 18 y 22 años.
Al mismo tiempo, también ha aumentado mucho la cantidad ingerida por ese grupo etario. Jourdane afirma que “cada vez se consulta más y con mayor cantidad de alcohol”. Y así como tiempo atrás llegaban a la guardia los que en el lenguaje coloquial “se los conoce como los ‘borrachos alegres’, ahora ya vienen en coma”.
Damin coincide en que veinte años atrás, cuando se veían cuadros de intoxicación, se consideraba grave una concentración de tres gramos por litro de sangre, “y hoy vemos de cinco, cinco y medio o seis gramos, es decir que el consumo de alcohol en cuanto a la cantidad se ha incrementado muchísimo”, puntualiza.
Es que también se consumen bebidas con altas concentraciones: “Hoy se toma mucho fernet, que es la bebida de mayor concentración de alcohol que tenemos en el país, pero como se lo mezcla con alguna gaseosa, se toma mucha más cantidad y hace que se tengan concentraciones mucho más altas en las personas, con daños peores. Hoy la marca líder de fernet bajó del 43 al 39 por ciento su graduación alcohólica, pero las otras marcas mantienen ese 43, mientras que el whisky, el vodka o el tequila –por citar sólo algunos ejemplos– tienen 40”.

“Definitivamente no hay conciencia en los padres del daño que produce el alcohol”.

Daños
Uno de los preconceptos sobre los que se apoya esta realidad es que el alcohol es considerado por los jóvenes como una sustancia inocua o menos dañina que otras. “Uno ve chicos que estudian, trabajan, pero el fin de semana tienen un consumo de alcohol que ya es patológico, porque no es normal que se tome al punto de no responder de sus actos hasta terminar en un hospital, y mucho menos que esa conducta se reitere”, advierte Jourdane.
Entre los daños que provoca el alcohol, el doctor Damin subraya el factor neurológico. “Hay un fenómeno que se produce entre las neuronas durante la adolescencia, y que está especialmente afectado por el alcohol, y es el daño neurocognitivo a largo plazo –explica–, pero también influye en todo el organismo, el hígado, el páncreas, los riñones, los chicos creen que se pueden sacar la sed tomando alcohol, que es un diurético, por lo tanto, si la sed no se la sacan con otra bebida, irremediablemente terminan ebrios”.

Banalización
Asimismo, los profesionales observan que “no hay conciencia de la gravedad de lo que les sucede” cuando consumen alcohol de esta manera. “Es habitual ver casos de personas que regresan, que no les pasa una vez sino que reiteran estos problemas”, comenta la médica juninense.
Según su análisis, el consumo está naturalizado en estos grupos etarios: “Los adultos por ahí ven que están mal, pero para ellos es normal salir, emborracharse y terminar en el hospital”.
Para Damin, en tanto, se puede ver que “en otro tipo de sustancias, como la marihuana, hay tolerancia social, es decir que hay gente que considera que está mal, pero se tolera su utilización, mientras que con el alcohol hasta les parece bien que se consuma”, y es por ello que insiste en el concepto de banalización: “El problema es que se considera que está bien que se consuma algo que es nocivo, sobre todo a los adolescentes. Definitivamente no hay conciencia en los padres del daño que produce el alcohol”.

Atención
Ante la situación que se presenta semana a semana en el hospital de nuestra ciudad, el protocolo de atención en la Guardia pasa por la revisión del estado clínico del paciente, que incluye “controlar la respiración, revisar que no esté golpeado, su presión, es decir, la revisación clínica, y si se ve que está estable, se espera algunas horas hasta que se le pase, a que reaccione, que metabolice, para ver cómo continuar”.
Es que en muchos casos “a su estado hay que agregarle algún golpe”, porque suele ser frecuente que sean jóvenes que “venían en una moto en ese estado, se cayeron y ese es un traumatismo potencialmente grave por el consumo”, ya que, como explica Jourdane, el alcohol agrava una situación ya de por sí delicada, como un traumatismo por un accidente: “Uno en esos casos debe evaluar el estado neurológico y la presencia de alcohol lo deprime e impide ese examen, así que hay pacientes que deben quedarse más horas en evaluación para saber si lo neurológico que presenta al ingreso es por el consumo de alcohol o por el trauma del cráneo”.

Propuestas
Para el doctor Demin, especialista en Toxicología, lo más importante es la prevención destinada, principalmente, a los padres. “Necesitamos cambiar conductas en los adultos, no en los adolescentes –asegura–, las acciones de los chicos van a cambiar después, porque los hijos hacen lo que los padres hacen, no lo que les dicen, y si no tenemos adultos que se cuiden, no vamos a tener jóvenes que aprendan a hacerlo. Por lo tanto, si en la casa se ingiere mucho alcohol, se toman muchos medicamentos, se banalizan los consumos, los chicos salen y toman lo que tienen a mano. Por eso digo que hay que cambiar la conducta en los padres”.
Y en ese contexto, concluye: “Hay que dar información, los chicos tienen que saber qué es lo que consumen, pero no se agota en dar esa información, contar todo lo malo que hace el alcohol no es suficiente. Y también cumplir con la ley: no vender alcohol a los menores, ni facilitárselos, porque cuando uno ve que el padre compra el alcohol para dárselo al chico, estamos perdidos”.

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