Aldo y su trabajo finalizado, un reconocimiento a la tarea de los albañiles.
Aldo y su trabajo finalizado, un reconocimiento a la tarea de los albañiles.
ESCULTOR JUNINENSE

A los 81 años, Aldo talló con sus manos y su corazón un homenaje al albañil

Espera poder donarlo a la delegación de Agustina, de donde es oriundo. Mientras tanto continúa dedicando tiempo a su afición, con otros trabajos.

Aldo Acosta es un juninense de 81 años que no puede quedarse quieto, según sus propias palabras. Tal vez ello lo llevó a comprar 5000 kilogramos de mármol y comenzar a tallar un homenaje inesperado: un reconocimiento a la tarea del albañil.
Nos pide mucho cuidado a la hora de catalogarlo como escultor, porque para ello “debería haber estudiado”, pero es que luego de ver su trabajo uno no tiene dudas de su don natural.
Aldo nació en Agustina y hace sesenta años que vive en Junín.
Buscando la conexión con el arte, uno indaga en sus trabajos pero Aldo cuenta que fue ferroviario durante 25 años (trabajó en la sección Soldadura) y luego se dedicó a las perforaciones (Acosta perforaciones).


Su primera incursión en el tallado del mármol no fue con esta imponente escultura del albañil que espera poder donar a la delegación de Agustina, sino una talla de su papá con la que increíblemente fue premiado en un concurso en Mar del Plata e instado a volver a presentarse por un jurado, escultor que no podía creer que fuera su primer trabajo.
En su segundo trabajo, nuevamente con mármol de carrara, Aldo talló tres caballos a la carrera, de un pasaje del Martín Fierro.

El homenaje
Sin dudas la escultura de Aldo es un homenaje a una profesión que según él indica, “la sociedad no reconoce”.
Trabajó durante un año y cuatro meses, mañana, tarde y noche, con el bloque de mármol, dándole forma y cincelado, luego de las peripecias que debió sortear para traerlo desde San Juan y para poder maniobrar cinco mil kilos de material.

El trabajo final es la figura de un albañil en plena tarea de construcción y con la particularidad de que en una de sus manos sostiene una cuchara con nombres grabados en ella. Los nombres de los distintos trabajadores que él conoció y en los que basa su reconocimiento.

“Sentía que le debíamos a esa actividad, a la de los albañiles, un homenaje. La sociedad tenía una deuda con ellos. Hoy nos muestran monstruos de ciudades del mundo, Nueva York, Washington, en Italia, en todo Europa, todo lo que vemos es en definitiva el trabajo de los albañiles y no veo algo que nos diga que la sociedad le está agradecida”, reflexiona.
“Yo, sintiendo que estoy en el final, sentí la necesidad de volcarlo y expresarlo en la piedra, en el mármol Y realmente me gustaría que quedara en Agustina”.

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