Hace 50 años que José Luis Pepa comenzó como chofer de ómnibus y todavía lo sigue haciendo.
Hace 50 años que José Luis Pepa comenzó como chofer de ómnibus y todavía lo sigue haciendo.
PROPIETARIO DE LA EMPRESA DE TRANSPORTE QUE UNE LA CIUDAD CON LA LAGUNA DE GÓMEZ

José Luis Pepa: “A mí el colectivo me dio todo”

Lleva cinco décadas de permanencia en la actividad. Fue chofer de línea en Junín y de larga distancia. Hace 20 años emprendió su propio proyecto y hoy es una referencia dentro de su rubro.

José Luis Pepa, propietario de la empresa de transportes que lleva su apellido, tiene una dilatada trayectoria en su actividad. “Voy a cumplir 50 años llevando gente”, cuenta.
Arrancó lavando colectivos, fue chofer de corta y larga distancia, y desde hace unos 20 años tiene a su cargo, con su firma, el recorrido entre el centro de la ciudad y el Parque Natural Laguna de Gómez.
Paradójicamente –o no–, medio siglo después de sus inicios, en una ciudad sin transporte público, su apellido es sinónimo de esa actividad.

“Yo pedí el recorrido a la Laguna, me decían que estaba loco”.

Primeros pasos
Pepa nació en General Pico, La Pampa. Vivió allá hasta sus diez años, cuando su padre, electricista, consiguió trabajo en nuestra ciudad. Acá residió en el barrio Belgrano, completó la primaria en la Escuela N°18 y en la secundaria fue al Comercial. No llegó a terminar porque tuvo que salir a trabajar.
Empezó limpiando las unidades del Expreso Villa Belgrano que era “la verde”, cuando en Junín había cuatro líneas de colectivos.
Tenía 17 años cuando le ofrecieron hacer un recorrido. “En ese momento, los jueves a la tarde todas las líneas íbamos al Cementerio del Oeste y lo hice. Era un colectivo Bedford y había que tener un cuidado bárbaro”, recuerda.
Eran las épocas en que las líneas de colectivo cortaban más de 500 boletos diarios.
Pepa todavía recuerda aquel primer recorrido que hacía: “Arrancábamos en Rivadavia y Gandini, íbamos hasta Alem, llegábamos a Primera Junta, doblábamos hasta Libertad, de ahí seguíamos hasta República, volvíamos por Libertad hasta el hospital, doblábamos en Lavalle, que en ese momento era doble mano, cruzábamos el paso a nivel de Rivadavia después íbamos por Alberdi hasta la Terminal y seguíamos por Belgrano hasta la plaza 9 de Julio, doblábamos para ir hasta el Padre Respuela y después volvíamos hasta cerca del barrio 11 de Julio”.
Permaneció en la empresa cinco años.

“Como no hay más transporte, este oficio se está perdiendo”.

Larga distancia
A sus 22 años pudo ingresar a la empresa Rojas, que hacía recorridos de larga distancia. Era un área donde “se ganaba mucho más”. Fue un salto importante en su carrera.
Hacía viajes por varias provincias del país. “Trabajaba yendo y viniendo hasta que nos tocaban seis francos seguidos, era muy sacrificado”, cuenta.
Ahí estuvo trece años y cuando la empresa fue comprada por La Estrella, se fue “porque cambió la modalidad de trabajo”.
Durante un tiempo trabajó con empresas de turismo hasta que se armó la empresa La Huella: “Me llamaron para formar parte de ese proyecto como inspector, el armado de los horarios y demás. Fue la última empresa de colectivos que quedó”.
La línea funcionó unos siete años, hasta que los dueños se la vendieron a los choferes. Allí, Pepa se quedó con el recorrido a la Laguna.

Viajes a la Laguna
“Yo pedí ese recorrido. Me decían que no iba a funcionar, que estaba loco”, asegura Pepa. Arrancó con 13 horarios por día y pudo mantenerlos hasta la actualidad. José Luis sostiene que “si sacaba horarios la gente no se iba a acostumbrar”. De esta manera, se hacen viajes desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche, todos los días y durante todo el año, a excepción del 1° de mayo.
El recorrido es el mismo desde el primer día: “Salimos de la Terminal, vamos por Belgrano hasta Benito de Miguel, por esa avenida seguimos derecho hasta Soldado Argentino, de ahí doblamos en Lonegro hasta el Camino al Balneario, y seguimos hasta la Laguna. A las 7 y a las 12 van, además, llegamos hasta el Cuartel”.
Por supuesto que en invierno la rentabilidad es totalmente distinta a la del verano, pero lo compensa con trabajos para colegios y jardines, haciendo traslados y viajes.
“La mejor época fue cuando empecé –comenta–, tenía que alquilar colectivos de afuera porque los domingos no me alcanzaba con la camioneta de doce asientos. En la parada se armaban filas que llegaban hasta la rotonda”.
La realidad en la zona del Camino al Balneario se fue modificando, con un importante crecimiento de viviendas permanentes: “Cada vez viven más familias en todo ese sector, yo le tengo que dar gracias a la gente que está en el Camino a la Laguna porque me permitieron trabajar bien”.

“La mejor época fue cuando empecé, tenía que alquilar colectivos de afuera porque no me alcanzaba En la parada se armaban filas que llegaban hasta la rotonda”.

Balance
Pepa asegura que sigue disfrutando de su trabajo como el primer día: “Con la edad que tengo, todavía me encanta manejar. En el colectivo es como si anduviera en mi auto. Es un trabajo lindo, con contacto con la gente”.
Sin embargo, se lamenta que su oficio se esté perdiendo: “No es lo mismo manejar una camioneta como las que transportan ahora, que un colectivo. Es un trabajo que tiene sus secretos, no es solamente manejar y salir andando, porque hay que cortar boletos, se debe desviar la vista, y como no hay más transporte, se está perdiendo”.
Y al momento de hacer un balance, concluye: “A mí el colectivo me dio todo. No sé qué hubiera sido de mi vida si hacía otra cosa. El colectivo es mi vida, mi pasión”.

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