Héctor Ramírez con su hijo y su nieto en su bicicletería, un típico emprendimiento familiar.
Héctor Ramírez con su hijo y su nieto en su bicicletería, un típico emprendimiento familiar.
PROPIETARIO DE RODADOS RAMÍREZ

Héctor Ramírez: “Fui el único loco al que se le ocurrió armar bicicletas”

Empezó en el rubro con solo doce años y hoy, a los 73, continúa haciéndolo. Su emprendimiento está por cumplir 50 años. Las cientos de bicicletas Sicilia que todavía circulan por Junín son el fiel reflejo de su tarea.

Héctor Ramírez recuerda que cuando él empezó a trabajar en una bicicletería, hace 61 años, en los horarios pico de entrada y salida del ferrocarril había –literalmente– miles de bicicletas por las calles de Junín. Eran aquellas “tipo inglesas”, como se las llamaba entonces, que había traído a la ciudad don Salvador Campos y que tantos ferroviarios utilizaban como medio de transporte.
Desde aquel entonces, la bicicleta es una pasión para Ramírez. Por eso se dedicó casi toda su vida a lo mismo, las fabricó, las reparó y hasta compitió en ciclismo durante muchos años.
Hoy, en un tiempo en que los ciclomotores parecen ser la movilidad preferida de los juninenses, Rodados Ramírez está por llegar a su aniversario número cincuenta y Héctor sigue allí –ahora junto a uno de sus hijos– haciendo lo que más le gusta: armando y reparando bicicletas.

“Lo que soy y lo que tengo es gracias a la bicicleta”.

El principio
Ramírez nació en Córdoba y a sus dos años la familia se vino para Junín. Aquí hizo la primaria en la Escuela N°4 y terminó sexto grado mientras ya trabajaba medio día en Casa Campo, una reconocida bicicletería local.
En sólo dos años pasó de aprendiz a oficial. “Tenía muchas ganas de aprender y de trabajar”, recuerda.
Nueve años trabajó para la misma firma, hasta que cerró. Entonces ingresó al ferrocarril, en el área Vía y Obras. “Estaba en el sector que más se trabajaba –afirma–, yo pertenecía a la cuadrilla volanta, y hacíamos trabajos grandes. Después me trasladaron a la sección local, y ahí estuve tres o cuatro meses y renuncié, porque había que viajar mucho y yo llegaba a Junín el sábado a la noche y el domingo a la noche ya tenía que irme de nuevo”.
Fue entonces cuando decidió abrir su bicicletería.

“Arranqué a los 12 años y hoy, a los 73, lo sigo haciendo”.

Rodados Ramírez
Rodados Ramírez abrió en 1968, en el barrio Belgrano.
“Empecé con un banco, una morsa y una estantería”, recuerda hoy. Arrancó haciendo reparaciones y al ver que a las bicicletas que venían armadas había que hacerles muchos services, comenzó a armarlas él.
“Yo fui el único loco de Junín al que se le ocurrió armar bicicletas”, asegura.
Y más aún: En los 80 dio el salto y empezó a armarlas en serie. Así nacieron las bicicletas Sicilia, su marca.
“En ese tiempo –cuenta Ramírez–, para armar las bicicletas a un costo competitivo tenía que lograr que me vendan los fabricantes directos, y me recorría todo Rosario y Buenos Aires para obtener los mejores precios, y conseguía la masa por un lado, el cuadro por otro, las cubiertas en uno distinto, así que había que trabajar bastante en eso”.
Pero el trabajo dio sus frutos y las bicicletas Sicilia se vendieron mucho. Al poco tiempo, Ramírez ya había comprado dos camiones para que vendan en la zona, además de casas importantes de Junín, como Guirao, Santiago Plencovich, Bringeri y Distrigar.
Llegó a tener entre doce y catorce empleados y a armar un promedio de cinco mil bicicletas al año.
Se hacían varios modelos. Ramírez recuerda que “en un momento, las de media carrera fueron furor, en otro momento fue la Aurorita, las tipo inglesas, o las Musetta”.
Pero el rubro cambió. “Las bicicletas vienen importadas, son de alta gama, con varias velocidades, son de otro tipo”, agrega.

Presente y futuro
En la actualidad Ramírez sigue fabricando, “aunque mucho menos”. Según dice, “se hace mucho ensamble y se arman poco las Sicilia”.
Es que en estos casi cincuenta años que lleva en la actividad, se modificó la forma de movilizarse: “El que quiere trasladarse de un lado a otro no lo hace más en bicicleta, lo hace en una motito”.
Contrariamente a o que se puede suponer, Ramírez asegura que la explosión de la venta de ciclomotores en nuestra ciudad en el último tiempo no fue un factor que afectara tanto a su actividad: “Hace muchos años había en Junín una casa grande que se llamaba Fernández Catanio, que llenó la ciudad de motos Paperino. Y un viejo patrón mío, don Gino Campo, me dijo ‘la bicicleta no se termina nunca’, y tenía mucha razón. Por más motos que se vean en las calles, nunca van a desaparecer las bicicletas”.
Lo que hubo, sí, es un cambio de hábitos en los usuarios, ya que antes se compraba una bicicleta para ir al trabajo y ahora lo hace para hacer ciclismo, por eso se buscan de más alta gama.

“De comenzar con un banco, una morsa y una estantería, llegué a tener dos camiones y vender bicicletas y repuestos en toda la zona. Esto es un logro importante”.

Con 61 años en el rubro y casi cincuenta de su propio comercio, al momento de hacer un balance, Ramírez se muestra satisfecho: “De comenzar con un banco, una morsa y una estantería, llegué a tener dos camiones y vender bicicletas y repuestos en toda la zona. Alcanzar estos 50 años para mí es un logro importante y sigue siendo un emprendimiento familiar. Es un orgullo haber sostenido esto, doy gracias a la vida porque pude trabajar en lo que a mí realmente me gustaba. La bicicleta, en mi vida, significó todo. Lo que soy y lo que tengo es gracias a la bicicleta. Fue mi primer trabajo, arranqué a los 12 años y hoy, a los 73, lo sigo haciendo”.

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