MÁS DE 50 AÑOS DE TRAYECTORIA

Manolo, la voz del helado en la ciudad que grandes y chicos reconocen en verano

Manuel Fernández, heladero de nuestro medio, transita los fines de semana en su moto los caminos de las zonas de quintas y el Parque Natural Laguna de Gómez. Desde sus comienzos a los 13 años en el Cine San Carlos y con 30 años en el ferrocarril, su vida continúa rodando.

Reconocido por sus cantos en la época de calor, Manuel Fernández le ofrece helado al verano juninense en las zonas de quintas y en el Parque Natural Laguna de Gómez.
Durante sus 30 años de trabajo en el ferrocarril nunca dejó la venta ambulante, ya que en sus tiempos libres y fines de semana se escapaba a localidades vecinas a vender garrapiñadas y refrigerios. 
Nació en 1947 en la localidad de América, provincia de Buenos Aires y al año llegó a Junín donde se crió durante toda su adolescencia. 
Con el correr del tiempo y con más experiencia, a los 13 años comenzó a dar sus primeros pasos en la venta ambulante de helados. “Salía con el carrito de mano hasta el boliche La Loba, también hacía recorridos por la Terminal de Ómnibus cuando no estaba construida”, comentó Manolo en diálogo con Democracia.
En la década de 1960 empezó a llenar de caramelos y bombones helados a la sala del Cine San Carlos con la bandeja en mano. “En ese entonces estaba Nicola y Jatic que fueron quienes me enseñaron prácticamente a trabajar”, aseguró.
Cuando venían los circos en frente de la Plaza de los Niños y en la fuente de Sáenz Peña “yo también estaba ahí. Después trabajé en una empresa que trajo los triciclos y eran los famosos helados verdes”, agregó.
 “Fueron años lindos, después trabajé como albañil y en una panadería para luego entrar al ferrocarril en 1965 donde estuve casi 30 años”, comentó Fernández. Y continuó: “Mi viejo era panadero en el local que se llamaba ‘El Molino’ donde yo limpiaba las latas de los budines”.

“Volví nuevamente a la calle”
Con varios años ya trabajando en los talleres ferroviarios, Fernández dijo que “en 1974 volví nuevamente a la calle, en paralelo con el ferrocarril, a vender garrapiñadas y helados fuera de la zona de Junín. Además iba los fines de semanas al autódromo de Lincoln y Carlos Tejedor”.
En la década de 1980 fue trasladado a la ciudad de Córdoba, donde “en mis tiempos libres vendía garrapiñada en la cancha de Racing y tenía un kiosko”, comentó. Y aseguró: “En 1992 pedí el retiro, en 1994 llegué a Junín y nuevamente empecé a vender helados, ya que siempre me gustó la calle donde se aprenden cosas buenas y malas”.
“Cuando regresé a esta ciudad y vi el estado de los talleres ferroviarios, me daban ganas de llorar”, subrayó.

“Me compré la moto”
Ya jubilado e instalado nuevamente en Junín, Fernández comenzó a recorrer las calles con una bicicleta que le aportaba la empresa de helados Víctor. “Hice temporada de verano en Lincoln y después me compré la moto en el verano de 1995”, explicó. 
“A partir de ahí comencé a vender helados en toda la zona de Junín, Laguna de Gómez y los caminos de las quintas. Desde hace más de 20 años, siempre arranco al mediodía y pego la vuelta del balneario a las 18”, declaró. 
Con el cierre de la fábrica Víctor, hace 12 años se dedica a comercializar los productos de Calzia por su cuenta. “Tenés que comprarlos y salir a venderlos”, afirmó.
Además de vender estos productos durante el verano, en los primeros años, luego de dejar el ferrocarril, “yo hacía mandados con la moto y con el correr de los años empecé a bajar un poco con la actividad”, continuó diciendo. Y aclaró: “Estoy jubilado y ya en la época invernal no hago mucho porque ya no me da el cuerpo. Pero cuando llega el calor, saco la moto y me divierto porque voy charlando con la gente”.
“En la zona que hago yo siempre es la misma gente, ya me conocen y se va manteniendo la venta bastante bien, pero a comparación de años anteriores ha bajado”, subrayó.

COMENTARIOS