VIVE HACE MÁS DE DOS AÑOS EN LA PATAGONIA JUNTO A SU MUJER Y SU HIJO

El juninense que es contador, periodista, músico y trabaja de tatuador en el sur

Se llama Jorge Medina pero en todos los ámbitos que frecuenta es conocido como “El Mencho”, quien antes de volver a Trevelin, su lugar actual de residencia, habló con Democracia sobre su elección de vida y su presente a casi 1800 kilómetros de Junín.

Con una novia a punto de darle su primer hijo, algunos ahorros y la convicción de arrancar una nueva vida, Jorge Rodrigo Fernando Medina dejó Junín en 2014 y partió rumbo al sur del país.
El destino elegido fue Trevelin, una localidad de 15.000 habitantes en pleno crecimiento, rodeada de naturaleza por doquier y con la cálida compañía de Estefanía, su compañera, y Antu, el pequeño descendiente de la pareja.
Con los títulos de músico, periodista y contador en su Palmarés, Medina se gana la vida como tatuador en ese poblado patagónico situado a casi 1800 kilómetros de esta ciudad. ¿Por qué? Él lo cuenta en esta nota.
 
Una vida con muchas historias
Medina nació en Rawson, partido de Chacabuco, y allí pasó toda su infancia. A los 13 años se mudó junto a su madre y sus dos hermanos mayores a Junín, inició sus estudios secundarios en el ex Colegio Industrial y en simultáneo terminaba de consolidar los conocimientos musicales que le permitirían, años más tarde, subir al escenario con varias bandas de la ciudad.
“Yo creo que la música fue la primera vocación fuerte que tuve, motivado más que nada porque cuando éramos chicos mi vieja nos tocaba la guitarra y para todos la diversión era aprender a tocar”, recuerda “El Mencho”, tal como lo conocen en cada uno de los ámbitos que frecuenta desde la adolescencia.  
A los 12 años, residiendo todavía en su pueblo natal, se recibió de profesor de Teoría y Solfeo en el conservatorio de Chivilcoy, y en su paso por ese lugar comprendió que debía darle preponderancia al piano porque –afirma- “es la base de todos los demás instrumentos”.
A los 14, Jorge decidió hacer un cambio en su formación educativa. “Me cansé del doble turno del Industrial”, dice entre risas, aunque reconoce que le sirvió mucho lo que aprendió en esa institución, sobre todo en matemáticas y en dibujo técnico. “Esto último me sirvió para un montón de cosas que hice en mi carrera”, afirma.
Después de un paso fugaz por la carrera de Odontología, la necesidad de pulir su gusto por la escritura y cierto miedo a la carrera de Letras inclinaron la balanza para que se anotara en Periodismo. “Me interesaba cumplir una función social y difundir cosas que en ese momento me interesaban y que quizás no tenían tanto espacio en los medios”, explica.
Por esos mismos días ya había oficiado de bajista en Cremación, su primer grupo, una formación de punk rock, y en Santa Chirivita, y comenzaba a tocar en Sorcery (agrupación metalera con la que incluso realizó una gira de un mes por México) y en Delfines de Etiopía, como tecladista con intervenciones de acordeón. 
A nivel periodístico, Medina incursionó varios años en un medio gráfico local, y mientras transcurría el tiempo en esa profesión sintió que la mente le exigía nuevos conocimientos. “Siempre me había interesado desarrollar la parte de periodismo económico, lo que hizo que me acercara una carrera afín. Yo quería hacer la licenciatura en Economía, pero como no estaba me metí en la de contador público, que tenía materias similares. Muchos dicen que estoy medio loco, pero para mí ir a la facultad era un gimnasio para la cabeza. De hecho, me recibí hace tres años y no ejercí como contador todavía; lo único que hice fue dar clases de contabilidad, economía y finanzas públicas en Trevelin”, relata el entrevistado.    

El tatuador del sur

Hace unos seis años, Jorge se reencontró con su pasión por el dibujo y, un poco por eso y otro por ver a su sobrino Gonzalo tatuando, no dudó: “Dije: ‘Ah, esto es lo mío’”, recuerda.
Se fue perfeccionando con cursos y prácticas y llegó un momento en que se dio cuenta que ser tatuador le daba la posibilidad de ser independiente, uno de sus grandes anhelos de siempre.
“Ahora vivo junto a mi familia al pie de la cordillera, en un lugar hermoso al noreste de Chubut. Estoy en una cabaña a la que llegué por unos familiares de mi madre y tengo mucho trabajo, que nunca está demás”, comenta satisfecho Jorge Medina.

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