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LO CONFIRMAN DIFERENTES ESTUDIOS CIENTÍFICOS

Docentes de idiomas de Junín recomiendan iniciar el aprendizaje a edad temprana

Profesionales de la enseñanza de inglés coinciden en que mientras más pronto los chicos comiencen a estudiar un segundo idioma, más posibilidades hay de lo interioricen de forma natural. Estudios neurocientíficos aseguran que al aprender dos idiomas simultáneamente, se conforman redes neuronales diferentes a la de una persona monolingüe.

El aprendizaje de un segundo idioma será más exitoso cuanto más pronto se inicie. Diferentes estudios neurocientíficos confirman que el momento propicio para que los niños entren en contacto con lenguas diferentes a la nativa es incluso antes de llegar a la edad escolar. Aún más, muchas técnicas de enseñanza ya están orientadas a los bebés.
En Junín, distintos profesionales de la docencia de idiomas confirmaron a Democracia esta afirmación. De acuerdo con las consultas realizadas por este diario, en la mayoría de los institutos privados locales comienzan a dictar cursos para niños desde los cuatro años, aunque reconocen que sería conveniente poder iniciarlos con anterioridad.
“En Junín por el momento no tenemos potenciales alumnos de menor edad. Muchos padres creen que sus hijos son muy pequeños todavía para tomar clases de inglés, cuando no iniciaron siquiera el jardín de infantes”, explicó Paula Sioli, profesora y traductora de inglés y directora del Instituto English Languaje Center.
“Donde más se nota la diferencia entre un alumno que comenzó en edad temprana y otro que lo hizo más tarde es en la técnica de pronunciación. Los chicos, cuando son muy pequeños, incorporan la pronunciación por imitación, el aprendizaje se da de forma inconsciente y, por lo tanto, más natural. En etapas posteriores, cuando ya los alumnos adquieren cierto nivel de conciencia, aparecen otras dificultades”, agregó la docente, quien además de su trabajo al frente del Instituto Center dicta clases en colegios secundarios.
“En el Center tenemos muchos docentes especializados en niños pequeños. Lo que hacemos es organizar actividades recreativas y sobre todo lúdicas, con música y juegos”, precisó Sioli. “Algunos lugares y colegas incluso desarrollaron técnicas para enseñar a bebés, pero todavía en nuestra ciudad no hemos llegado tan lejos”, aclaró.
Similar es el pensamiento de los profesores del Instituto William Shakespeare, cuyos cursos iniciales están destinados a niños desde los cuatro años, pero también a alumnos de primaria y secundaria y adultos. “Los chicos de pre-escolar trabajan mucho con los juegos y las canciones. Es una forma muy efectiva de estimular el aprendizaje a esa edad”, indicó a Democracia María Luján Apollaro, directora del establecimiento.
En el Shakespeare también coincidieron en que todavía no están dadas las condiciones en Junín para abrir cursos para niños que no ingresaron al jardín de infantes. “Algunos padres pueden sentirse inseguros a la hora de enviar a sus hijos tan pequeños a un instituto. Pero los métodos pedagógicos con juegos de recreación y música han dado muy buenos resultados”, insistieron desde la entidad.

La postura de la neurociencia
Según explican las teorías de las neurociencias, cuando una madre habla a su bebé, el cerebro del niño se configura de manera tal que se amolda a los sonidos propios de la lengua. Si existe la posibilidad de que le hablen en dos lenguas, la información que recibe se integra a una misma zona del cerebro. Diferente es el caso de un aprendiz adulto, que necesitaría de dos áreas neuronales distintas si emprendiera la tarea de estudiar un nuevo idioma.
Una investigación de la Universidad de Cornell, Nueva York, estableció que cuando una persona aprende dos idiomas durante la infancia, éstos quedan “almacenados” en una zona cerebral concreta. En cambio, cuando el aprendizaje de las nuevas lenguas ocurren en la adultez, éstas quedan “almacenadas” en zonas cerebrales diferentes, lo que demandará un mayor esfuerzo a la hora de hablar.
“La mejor edad para aprender idiomas es indudablemente la primera infancia, cuando el proceso de incorporación se da más naturalmente. Existen varios trabajos que muestran incluso como los centros cerebrales del lenguaje son distintos en los chicos bilingües que en los que incorporaron el idioma a edad más avanzada”, argumenta Diego Sarasola, director del Instituto de Neurociencias Alexander Luria.
El especialista sostiene que el adulto encuentra mayores obstáculos, no sólo para el aprendizaje del idioma en sí, sino también para el empleo adecuado de la fonética. “Esto no quiere decir, por supuesto, que no se pueda aprender un nuevo idioma en cualquier momento de la vida. Todo es posible si se tiene la motivación suficiente”, afirma.
Por su parte, Ana María Tejedor, titular de un instituto de inglés de la ciudad de La Plata, distingue entre la adquisición de un idioma y el aprendizaje del mismo. “Mientras la adquisición es un fenómeno natural, el aprendizaje implica un proceso, es el resultado de una enseñanza”, detalla.
“Para que la adquisición de un nuevo idioma se concrete naturalmente es necesario que exista un entorno favorable. Además, hay que diferenciar tres etapas: una prelingüística, que se da desde que el niño nace hasta los ocho meses y se basa en ruidos y sonidos simbólicos; una segunda, que se abre luego de la primera palabra, que inicia alrededor de los once meses; y la tercera, a partir del segundo año de vida, cuando aparecen nuevos aspectos comunicativos”, explica Tejedor.
“A los cuatro años el procesos de adquisición ha finalizado y ya se asientan las bases del idioma”, señala Tejedor. Y añade: “El hecho de que los chicos puedan adquirir un idioma a edad temprana se puede aprovechar para que luego adquieran dos o incluso tres”.
Tejedor advierte que esto es posible cuando los padres tienen dos lenguas o cuando en la casa se habla un idioma, algo que en Junín fue confirmado por Paula Sioli, del Instituto English Languaje Center.
“En mi hogar, tengo la experiencia de haberles hablado desde chicas a mis hijas en inglés. Hoy ya tienen 16 y 14 años, y no tengo dudas de que esa estimulación temprana para el aprendizaje de una segunda lengua fue muy beneficiosa para ellas”, aseguró.

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