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LA ENFERMEDAD ATACÓ A UNA ALTA CANTIDAD DE VÍCTIMAS DE TODAS LAS EDADES

O'Higgins, un pueblo preocupado por los casos de cáncer y el uso de agroquímicos

La inquietud por la cantidad de gente que padece ese mal data de varios años e incluso generó que varios vecinos fomentaran una investigación que nunca llegó a concretarse. La incidencia de las fumigaciones a escasos metros de las viviendas y los colegios.

Hace una década que gran parte de O'Higgins está en vela por el cáncer, esa enfermedad que hasta cuesta mencionar de tan malévola y letal y que en aquel pueblo se viene manifestando en proporciones más que preocupantes.
Incluso en 2008 parecía estar todo dado para iniciar un relevamiento que contabilizara la cantidad de personas que habían caído presas de esa afección, para luego dar paso a una investigación en busca de causas y soluciones. Pero aunque semejante planificación refleja que la inquietud iba en serio, la campaña nunca llegó a concretarse.
La pregunta por estos días es si después de ocho años aquellas percepciones eran parte del pasado y la respuesta fue negativa. El asunto sigue tan vigente como entonces, el cáncer continúa atacando a vecinos de todas las edades (los jóvenes no están exentos) y la inacción es total.
Marcela Torreblanca, quien nació, se crió y hasta hace dos años dio clases en la escuela secundaria de la vecina localidad, contó cuán sobresaltada está la comunidad de O’Higgins y consideró que hay una alta incidencia de las fumigaciones con agroquímicos, muchas de ellas desarrolladas en campos que están a escasos centímetros de la zona urbana.
“La preocupación no es solamente por la cantidad de casos sino por las características de los mismos, ya que hay casos que son mucho más comunes en personas mayores de cincuenta años y afectan a gente más joven. Siempre estuvo la inquietud y en los últimos años se la asoció al uso de agroquímicos”, afirmó Torreblanca, profesora de Biología y doctora en Educación y en Ciencias.
En diálogo con Democracia, la profesional contó que ya en sus últimos años de actividad en el secundario de O’Higgins (en la actualidad se desempeña en distintas instituciones juninenses) “había empezado a trabajar con los chicos en investigar la incidencia de los agroquímicos”.
“Se hicieron muchos trabajos y nunca encontraron mayor eco, pero desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que ciertos productos, como el glifosato y otros que se siguen usando pese a estar prohibidos, el asunto se complejizó mucho más”, expresó Torreblanca.
A continuación advirtió que “el cáncer es multicausal y tiene componentes genéticos, pero en el desarrollo embrionario incide mucho la exposición al riesgo”. “Si un producto se ha declarado como cancerígeno es lo mismo que la mujer fume cuando está embarazada, ya que el cigarrillo es cancerígeno y puede provocar desde malformaciones en el bebé hasta cáncer en edad adulta”, continuó.
Torreblanca marcó que O’Higgins no escapa a la categoría de “pueblo fumigado”, dado que se ha hecho un relevamiento de distintas poblaciones –como Monte Maíz, provincia de Córdoba, y otras de la provincia de Santa Fe-, donde los casos de cáncer y de malformaciones “son un trescientos por ciento más que en otros lugares”.
“En O’Higgins no hay una familia que no haya tenido un fallecido o un enfermo de cáncer, o alguien que esté en tratamiento, y uno recuerda que cuando éramos chicos era diferente. Es interesante lo que dice en ese sentido Medardo Ávila Vázquez, que integra el grupo de ‘Pueblos Fumigados’ y dice que en estos lugares ya cambió la forma de morirse, porque antes el deceso era propio de la vejez, de un accidente o de problemas cardíacos y ahora un alto índice es por cáncer y a personas que les llega cuando están en una edad totalmente activa para el trabajo”, señaló.
Torreblanca marcó por último que “más allá de la preocupación de la gente, nunca prosperó una actividad destinada a clarificar con datos y que diera lugar a una investigación y a acciones concretas”.
“Estamos a tiempo de hacer algo y mientras tanto de decirle a la gente que tome conciencia sobre la peligrosidad de estar en contacto con los fumigadores, en el caso de quienes trabajan en esa actividad, y de vivir cerca de zonas fumigadas. El mensaje tiene que ser que no es lo mismo tener cerca a los agroquímicos que tenerlos lejos y que el reclamo para que no les invadan el territorio y no les lleven el peligro de una enfermedad debe salir de los propios vecinos”, consignó Torreblanca.

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