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FAMILIAS MODERNAS

Padres-abuelos: el desafío de volver a cambiar pañales después de los 50

Para muchos significa “una nueva oportunidad” para ocupar un rol activo en la crianza.

“Bienvenido @cuervotinelli al club de los mitad papá-mitad abuelo! Lo más lindo que te puede pasar en la vida!”, le escribió por Twitter Mauricio Macri a Marcelo Tinelli cuando el conductor, con 53 años, volvió a convertirse en papá. También el Presidente, que ya tiene hijos grandes, tuvo que volver a la etapa de los pañales con el nacimiento de su hija Antonia.
Como ellos, cada vez son más los hombres que pasan los 50 y, tras encarar una relación con alguien más joven, se animan a hacerle frente, nuevamente, a la paternidad.
Entre los casos más conocidos se encuentra el del actor Norman Briski, que a los 77 años fue padre de gemelas; el del guitarrista de los Stones, Ron Wood, que a sus 68 años también se convirtió en padre por partida doble; el de Santo Biasatti, que tuvo su cuarto hijo a los 69 años y el del actor Miguel Ángel Sola, que volvió a cambiar pañales a los 63.
“Fueron unas inesperadas apariciones que las recibimos con mucho amor y mucho entusiasmo...Tengo ganas de correr, de saltar, de seguir trabajando... Si quieren donar pañales, van a ser bien recibidos”, bromeó Norman Briski cuando lo entrevistaban por su entonces reciente paternidad.
¿Una paternidad con mayores desafíos?
“El hombre de 60 que va a ser padre, por lo general, es una persona vital que ha elegido una segunda o tercera pareja y, de manera consciente, decide volver a la paternidad”, describe el psicólogo Leopoldo Mancinelli, quien considera que la paternidad representa un desafío mayor para los hombres más jóvenes que por primera vez incursionan en el tema.
La psicóloga Silvia Medina coincide en que una de las ventajas de convertirse en padre después de los 50 descansa en que los hombres suelen sentirse más seguros y con menos dudas frente a la crianza de los chicos. “Esta sensación se traslada a los hijos, que perciben y se construyen una imagen sólida de él”, señala Medina.
Otra de las ventajas de los padres “maduros”, según sostienen los especialistas, reposa en que, por lo general, se encuentran en una situación económica o laboral más estable que en sus años de juventud y le pueden dedicar mayor energía a la familia. Es por esto que muchos lo sienten como “una nueva oportunidad” para ocupar un rol activo en la crianza del hijo o la hija.
“Es muy común que estén enfocados y decididos a disfrutar de la nueva paternidad. Quizás con los hijos más grandes no lo hicieron porque estaban ocupados en otra cosa, como acomodarse en el ámbito laboral”, dice Medina y, como contracara, marca una desventaja: “En general, les cuesta poner límites a los chicos y se vuelven muy permisivos. Adoptan un rol similar al del abuelo. En estos casos se vuelve crucial la intervención de la mamá. Es ella quien pone los límites y regula las relaciones y las conductas del niño con mayor protagonismo”.
Por otro lado, si bien puede existir una mayor predisposición a compartir momentos con el niño, el desgaste físico puede jugar una mala pasada en este sentido.
“Posiblemente ya no tengan la agilidad y la resistencia como para afrontar juegos o diversiones enérgicas con un niño, pero no es una gran dificultad ya que los juegos se pueden cambiar”, sostiene Mancinelli.
El fantasma más temido por estos padres probablemente venga agazapado al avance del calendario. Muchos tienen la certeza biológica de que no podrán verlos en la adultez. Con suerte, y mucho empeño, acaso podrán acompañarlos durante sus primeros años de facultad.
“Sin embargo, es muy probable que el hombre que ha tomado la decisión de aceptar una pareja bastante más joven y tener un hijo de ella, tenga el suficiente optimismo y la necesaria libertad de conciencia, como para vivir tranquilo, con su pequeño hijo y su joven mujer”, dice Mancinelli.

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