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LA LUCHA POR LA IGUALDAD DE GÉNERO

La discriminación a las mujeres sigue vigente en la mayoría de las empresas

Los prejuicios, los roles sociales y la sub valoración inciden sobre el trabajo femenino.

En Latinoamérica las mujeres ganan un 19% menos que los hombres. Y más de la mitad de las empresas de toda la región no tienen a ninguna mujer ocupando cargos directivos. Las que lograron ascender a esos puestos ganan un 53% menos que sus homólogos varones. Los datos, que surgieron del Informe de Desarrollo Humano de la ONU, son contundentes y vuelven explícita una situación: pese a los avances, en espacios laborales la lucha por la igualdad de género se encuentra en pleno proceso.
“Las brechas de género en el trabajo y en los salarios se enmarcan en una cultura en donde han primado ciertos prejuicios que relegan a las mujeres y sus derechos laborales. Si bien en los últimos años hubo un aumento de la oferta laboral femenina esto no se cristalizó en la mejora en las condiciones de contratación”, plantea la socióloga especialista en género Mora Blaser.
“Las mujeres aspiraban también a menores salarios. En promedio se contentaban con un 7,8% menos de paga que los hombres”
A nivel nacional, el economista de la Unnoba Martín Tetaz analizó los datos de la encuesta permanente de hogares que efectuó el INDEC durante el segundo trimestre de 2014, y concluyó: “En términos generales los hombres ganan un 38,8% más que las mujeres, pero el número es un poco exagerado como brecha de género porque compara peras con manzanas”.
Para un resultado más preciso distinguió a los trabajadores según edad y nivel educativo: “Teniendo en cuenta estas variables, si se compara la remuneración por hora de trabajo, la brecha es del 16,2% y crece al 20,2% si la comparación se realiza únicamente entre los que se desempeñan en jornada completa”.

¿Por qué los salarios de las mujeres son menores?
“En mi trabajo como coach ejecutivo con frecuencia me encuentro ante conversaciones cargadas de prejuicios sobre el desempeño de las mujeres en el ámbito laboral por parte de directivos o dueños de empresas, independientemente del género de éstos”, cuenta el coach Cesar Castaños.
“Al desafiar con preguntas a mis clientes me encuentro con que quieren fundamentar sus prejuicios con otros prejuicios y cuando pido que me hablen de hechos concretos, no escucho más que explicaciones de sus creencias”, relata Castaños.
Para el economista Tetaz la inequidad laboral entre hombres y mujeres da cuenta de que “la sociedad todavía no avanzó lo suficiente como para igualar las tasas de participación de ambos sexos en el mercado laboral, ni tampoco para garantizar que ellas puedan también desempeñarse en empleos full time”.
En este sentido, para el especialista, la vigencia de la división de los roles sociales, que se crearon en épocas donde el hombre era más productivo que la mujer en el mundo del trabajo porque los empleos requerían fuerza bruta, actúa como un limitante.
Tetaz cuenta que en 2005, como parte de un proyecto de investigación sobre Educación y Mercados de Trabajo, se realizó una encuesta de hogares en áreas del Gran La Plata en la que se indagó sobre los ingresos y las expectativas sobre los mismos.
“Aparecía entonces una brecha del 14,2% entre el salario de los hombres y de las mujeres, con igual nivel educativo, edad e inteligencia”, cuenta el especialista en economía del comportamiento, y agrega: “Pero lo más interesante es que no sólo las mujeres ganaban menos, sino que aspiraban también a menores salarios. En promedio se contentaban con un 7,8% menos de paga que los hombres y la expectativa salarial influye en la paga que finalmente se obtiene”.
Tetaz explica la infra valoración de las mujeres con lo que llama “sesgo de representatividad”, una falla cognitiva descubierta por el Nobel de Economía Daniel Kahneman y su colega Amos Tversky.
La teoría de los economistas descansa sobre la premisa de que como no se conocen los datos estadísticos sobre los salarios de las distintas profesiones y las mujeres tienden a estar rodeadas de otras mujeres con las que conversan e intercambian información, tienden a escuchar más reportes salariales de mujeres. Y como en promedio ganan menos que los hombres, toman como referencia esos salarios, como si fueran los salarios promedio de la actividad.
Paradójicamente a la subvaloración del género, según datos del reporte anual Global Leadership Forecast 2014-2015, de la consultora Development Dimensions, de las empresas con mejores resultados financieros, un 20% tienen una mayor presencia de mujeres en posiciones de liderazgo. Como contra cara, un 20% de las empresas con menores resultados financieros cuentan con un grado mucho menor de mujeres en puestos de liderazgo.
Normalmente se tiende a asociar a las mujeres con características como la intuición, creatividad, emocionalidad, una mayor capacidad de diálogo y de trabajo en equipo. Y a los hombres con el poder, la autoridad y la racionalidad. ¿Qué hay de cierto en esto?
Diego Sarasola, el director del Instituto de Neurociencias Alexander Luria, plantea: “La discusión está plagada de prejuicios y reivindicaciones que son buenas a nivel social pero a veces pueden dificultar la discusión científica”.
El especialista señala que existen varias posiciones al respecto, la que él considera más interesante plantea que existen algunas diferencias entre los géneros, condicionadas por estímulos hormonales distintos que afectan al perfil cognitivo y, sobre todo, por factores sociales que suelen resultar determinantes en este sentido. De todos modos, sostiene: “Las diferencias parecen ser más claras en cuestiones vinculadas a preferencias y prioridades sociales, más que en perfiles cognitivos concretos”.

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