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CÓMO DETECTARLOS

Nuevos trastornos alimenticios

Permarexia o potomanía, cada vez hay más desórdenes de la conducta alimentaria.

Permarexia, sadorexia, bulimarexia o síndrome del comedor nocturno. No se trata de títulos bizarros de películas de terror sino de algunos de los trastornos que componen la nueva escenografía de los desequilibrios alimentarios. Lo que hasta hace unos años eran trastornos que se circunscribían a ingerir demasiada comida o a comer de forma insuficiente, ahora los problemas relacionados con la dieta son tantos como variados son sus diagnósticos.
Así como hace unos años se hablaba de la drunkorexia (un trastorno alimenticio que mezcla la anorexia y el abuso de alcohol), distintos médicos y nutricionistas coinciden en que con la llegada del nuevo siglo hubo una explosión de nuevos desórdenes alimentarios.
Los especialistas ya tratan estos nuevos desórdenes relacionados con la alimentación y que se diferencian de los clásicos -la obesidad, la anorexia nerviosa y la bulimia- al tener características específicas (ver gráfico). Según el profesor en nutrición Antonio Villarino Ruiz, existen muchos desórdenes subdiagnosticados que para el individuo pasan inadvertidos. “No todos tienen episodios diarios -explica-. Y como no son identificados socialmente, cuando llegan a la consulta pueden encontrarse ya en una fase complicada”.
Entre los nuevos trastornos aparecen la permarexia, que es un desorden alimenticio relativamente moderno donde la persona piensa que todo lo que come engorda y, por lo tanto, prueba diferentes dietas y muchas de ellas nada saludables. También está el caso de la seudorexia, que es el deseo irresistible de comer o lamer sustancias no nutritivas como tiza o hasta la ceniza de cigarrillo. Según el tipo de sustancia que se ingiera, apuntan los psiquiatras, se le da nombre al trastorno siendo la geofagia o consumo de tierra el más estudiado.
Otro caso cada vez más presente en los consultorios es el de la bulimarexia, un proceso que alterna situaciones de hiperactividad y negaciones a comer típicas de la anorexia, con atracones y purgas clásicas de la bulimia.
De acuerdo a la mirada del nutricionista platense Norberto Russo, los nuevos trastornos surgidos con el amanecer del siglo XXI entran en sintonía con la presencia cada vez más notables de afecciones como la ortorexia o vigorexia. Según Russo, de hecho, en los últimos tres años se incrementó entre un 30 y un 40% la cantidad de consultas relacionadas con estos trastornos.
“El ortoréxico es una persona que quiere tener un control absoluto sobre todo lo que come -dice el especialista-. Usa la información que circula, sobre todo por internet. Y la usa mal. Cree que come sano y que cuida su cuerpo, pero en realidad padece un trastorno alimentario. Vive obsesionado por su cuerpo y por lo que come, pero termina comiendo mal”.
Otra conducta alimentaria que manifiesta un trastorno es la conocida como potomanía, caracterizada por el deseo frecuente de beber gran cantidad de líquido de forma compulsiva. “Puede ser un desorden grave -apunta Villarino-, porque superar los 4 litros diarios puede llevar a una hiperhidrosis grave, en especial si se hace en un período corto”. Por último, una de las anomalías alimentarias más comentadas en este último tiempo es el llamado “Síndrome del comedor nocturno”, que se caracteriza por la ingesta por la noche de más del 25% del total de calorías que hay que tomar a diario, la falta de sueño y cierta anorexia matutina.
“A la anorexia matutina le acompaña una hiperfagia (comer en exceso) durante la tarde -dice Villarino-, con ingesta de más del 50% del total calórico después de la cena. Por lo general, se da en personas con baja autoestima y depresión, y se puede considerar también un trastorno del sueño, además de ir unido al síndrome de piernas inquietas, apnea y sonambulismo”.

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