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Ahora se enfrenta el dilema de abrir escuelas, bares y restaurantes.
PANDEMIA FUERA DE CONTROL

Crece la tensión en EE.UU.

Hay más de tres millones de infectados y muchos aún se resisten a usar barbijo, incluso con fuertes protestas.

Con la pandemia en ascenso acelerado, la pulseada política en Estados Unidos por el uso obligatorio del tapaboca y otras medidas de prevención ya no enfrenta solo al gobierno de Donald Trump y varios gobernadores y alcaldes, sino que está dividiendo internamente a los estados actualmente más afectados por los brotes.
Pese a los más de 3,1 millones de infectados y más de 134.000 muertos, muchos estados están en pleno proceso de desescalada y la gente sigue saliendo a las calles, sin incluso cumplir con las medidas de prevención mínimas como los barbijos y el distanciamiento social.
Un estudio reciente concluyó que el uso de tapabocas es la forma más efectiva de reducir la propagación del coronavirus. Sin embargo, el barbijo se ha convertido en un símbolo de la polarización en EE.UU. y ahora comenzó a enfrentar también a autoridades de los estados más golpeados.
Por ejemplo, mientras que el gobernador de Georgia, el republicano Brian Kemp, se niega a obligar por decreto a usar tapabocas en lugares públicos, en sintonía con la Casa Blanca, varias ciudades y condados del estado se rebelaron y emitieron en los últimos días sus propias ordenanzas a favor del barbijo, que fueron prohibidas posteriormente por Kemp.
Otro foco de choque
En este marco, Trump insiste en que las escuelas reabran este otoño boreal, en septiembre. Muchos padres, educadores, médicos y economistas quieren lo mismo. Pero enviar a los niños de vuelta a las aulas podría implicar mantener cerrados lugares con alto riesgo de contagio, como bares y gimnasios.
Cada vez más expertos de salud pública instan a autoridades federales, estatales y locales a reconsiderar cómo están reabriendo la economía y a priorizar las escuelas primarias y secundarias, un esfuerzo que probablemente requeriría cerrar otros establecimientos para ayudar a contener los contagios y que lo niños puedan volver a clase en las mejores condiciones posibles.
“Tenemos que pensar en cuáles son nuestras prioridades como sociedad, y algunas cosas podrían tener que esperar”, dijo Helen Jenkins, epidemióloga de enfermedades infecciosas en la Universidad de Boston. “Creo que son decisiones difíciles”.
Las escuelas son cruciales para las comunidades, más allá de la enseñanza básica. Ofrecen a los niños amigos, comida y otros sistemas de apoyo. La Academia Estadounidense de Pediatría respalda con firmeza el regreso físico de los niños a las clases.

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