El drama de buscar la subsistencia
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El drama de buscar la subsistencia

Los venezolanos han arrasado con las velas, pilas, baterías, agua mineral, pan de molde, galletas y chucherías en los pocos comercios que abrieron. Fue el caso de una cadena de farmacias y algunos supermercados, que cobraron en dólares y en efectivo y no con tarjetas.
Iván Bolívar, un jubilado de 77 años, estaba recorriendo la urbanización de Los Palos Grandes para buscar un comercio abierto. Entró a “Farmatodo”, que tiene su propia planta eléctrica pero no permitía cargar teléfonos móviles y se le habían agotado las velas, las pilas, el agua y el pan.
A su lado, su esposa Teresa Rojas, una profesora jubilada de 75 años, comparaba a Venezuela con Cuba. “Sentimos una gran angustia por el apagón, demasiado tiempo sin luz, nuestros hijos viven en España y no tenemos cómo comunicarnos, porque no hay internet ni batería en los teléfonos”, dice con angustia.

El matrimonio de Iván y Teresa ha emigrado a España pero regresó hace una semana a Caracas para enterrar a su hijo menor que se quedó para cuidar la finca familiar en el Interior. “Nos lo mató el hampa común”, cuentan a punto de llorar.
Su viaje de retorno a Madrid está reservado para el 22 de marzo. “Vamos a ver si podemos viajar”, dijo Teresa con cierta duda porque con el apagón los vuelos están saliendo vacíos. Es que los pasajeros no han podido pasar por Migraciones por falta de electricidad en los terminales del aeropuerto Simón Bolívar.
No es mucho lo que se puede comprar en los pocos negocios que permanecen abiertos. Al problema de no tener electricidad y agua, se suma la escasez de dinero en efectivo que sufren desde hace meses los venezolanos. El billete de máxima denominación, 500 bolívares, equivale a apenas 15 centavos de dólar, insuficiente para una golosina. Ello obliga a transacciones electrónicas para prácticamente cualquier operación, por pequeña que sea. Y sin electricidad los posnet no funcionan, tampoco los cajeros automáticos.

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