El monstruo del envejecimiento
OPINIÓN

El monstruo del envejecimiento

Nadie puede decir que no nos advirtieron. Durante años, académicos de todo tipo y tamaño -demógrafos, economistas, politólogos- nos dijeron que las poblaciones de la mayoría de los países avanzados están envejeciendo gradualmente, con consecuencias dramáticas para la economía y la política. Pero no hicimos caso ni nos preparamos para el inevitable futuro.
El “nosotros” se refiere no solo a Estados Unidos, sino prácticamente a todas las sociedades avanzadas. De hecho, el envejecimiento de Estados Unidos, aunque considerable, es relativamente modesto comparado con muchos países europeos y Japón.
La última advertencia proviene de un informe masivo sobre las “pensiones” gubernamentales -lo que los norteamericanos llamamos Seguro Social- de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en París. La OCDE es un grupo en su mayor parte de países avanzados y el informe advierte que “el ritmo de las reformas de las pensiones... es más lento.”
El problema es simple. Las tasas de nacimiento bajas y las crecientes expectativas de vida tienen como resultado poblaciones que envejecen. Desde 1970, las expectativas de vida promedio a los 60 años, para los países de la OCDE, aumentaron de 18 años a 23,4 años; para 2050, se pronostica que aumentarán a 27,9 años - eso es a casi 90-. Los costos del Seguro Social y de las pensiones explotarán.

Pocas reformas son tan cuestionadas como elevar la edad requerida para la jubilación, expresa el informe de la OCDE.

Los gobiernos conocen esas presiones y han aumentado las edades requeridas. Pero los cambios han sido modestos y de mala gana. Solo tres países tienen edades de jubilación que exceden los 68 años (Italia, los Países Bajos y Dinamarca). Los aumentos en las edades oficiales de jubilación son más lentos que los aumentos que se proyectan para las expectativas de vida, es decir que hay más tiempo de jubilación.
Se proyecta que para los hombres el aumento de la edad de jubilación en los países de OCDE será de 1,5 años a “justo por debajo de los 66 años alrededor de 2060.” Para las mujeres, el aumento en la edad de jubilación será de alrededor de 2,1 años, también a alrededor de 66.
La implicancia es que, a menos que las edades de jubilación se aumenten agudamente o que los beneficios se recorten profundamente, cada vez se aplicarán cantidades mayores de los ingresos de la población activa a impuestos más altos o habrá recortes en otras áreas de gastos gubernamentales a fin de mantener a los jubilados.
Las futuras presiones serán enormes, tal como lo indica la siguiente tabla (abreviada del informe de la OCDE). La tabla muestra la “ratio de dependencia” para algunos países importantes.
La ratio de dependencia relaciona el número de ancianos (aquellos mayores de 65 años) y la población activa (aquellos entre 20 y 64 años). Si las dos poblaciones fueran idénticas, la ratio sería del 100 por ciento.
Aunque eso no ocurre en ningún país importante, la mayoría de ellos enfrenta grandes aumentos. Alemania, por ejemplo, pasa de una población anciana que representa alrededor de un tercio del tamaño de la población activa (35 por ciento en 2015) a una que representa más de la mitad (59 por ciento en 2050).
“Pocas reformas son tan cuestionadas como elevar la edad requerida para la jubilación”, expresa el informe de la OCDE (“Pensions at a Glance 2017). “¿Por qué es tan poco popular trabajar durante más tiempo, incluso entre gente con expectativas de vida más largas y en buena salud?”
Buena pregunta. La respuesta ilumina un dilema de la democracia: Darle a la gente lo que desea en el presente puede perjudicar nuestro futuro colectivo.

COMENTARIOS