La envolvente con aislación térmica eficiente es la “tercer piel” de la persona.
La envolvente con aislación térmica eficiente es la “tercer piel” de la persona.
ARQUITECTURA SUSTENTABLE

Aislación térmica: El camino hacia la eficiencia energética

Si nuestros techos, muros y pisos no están correctamente aislados térmicamente, el calor de la estufa o el frío del aire acondicionado se pierden.

¿Cómo debería ser el camino hacia la eficiencia energética en nuestros hogares? La coincidencia más difundida y primer paso en este camino, es que se debe garantizar una aislación térmica eficiente en toda la envolvente de las casa y edificios -es decir en techos, paredes y pisos- ya que la mayor parte de la energía que se consume en un hogar, se utiliza para climatizar y si esa energía que se usa para mantener el confort no se conserva en el interior, se pierde y genera gastos.
Es como lo que ocurre con el agua del mate: podemos usar la pava y calentarla continuamente en la hornalla mientras cebamos o volcar el agua una vez caliente dentro de un termo y mantenerla en su temperatura justa hasta el último mate. Con una casa sucede algo muy similar. Si nuestros techos, muros y pisos no están correctamente aislados térmicamente, el calor de la estufa o el frío del aire acondicionado se pierden. Y esa energía que se pierde se traduce directamente en aumentos en las facturas de luz y gas, entre otros perjuicios tanto para la salud como para la estructura de la edificación.
La envolvente con aislación térmica eficiente es la “tercer piel” de la persona; permite aislar de la intemperie, lograr condiciones de confort en un ambiente, satisfaciendo necesidades de calefacción o refrigeración en horarios o épocas extremas y con un consumo mínimo de energía o gas.
Dentro de las características de la aislación térmica eficiente, ANDIMA, Asociación de Industrias de Materiales Aislantes, destaca los siguientes beneficios:
• Permite ahorrar hasta un 35% en el consumo de energía y un 70% en las facturas gas y electricidad.
• Para la salud de las personas evita alergias, afecciones respiratorias y cuida las pertenencias, como la ropa, los libros, etc, ya que reduce la aparición de humedad y hongos en las paredes y techos.
• Para el medio ambiente, la aislación térmica permite generar menos emisiones de dióxido de carbono.
• Mejora la calidad de los ambientes interiores. Reduce la contaminación acústica que pueda provenir del exterior.
• Permite proteger los materiales de un edificio del sol, evita expansión, quebraduras, extendiendo la vida útil de una la construcción y así colaborar con reducir los gastos en arreglos y reparaciones.
• Los materiales de aislación térmica no requieren de arreglos ni recambios, como si lo necesitan las lamparitas o electrodomésticos.
Una vez garantizada la aislación térmica eficiente, se puede trabajar sobre aquellos sistemas que complementan el confort de los hogares, pero esta vez sobre la base de una demanda acotada por una vivienda que cuida sus recursos energéticos. Inclusive se puede avanzar hacia un último paso en este camino hacia la eficiencia energética y utilizar energías renovables. Pero no perdiendo de vista ese primer paso que es conservar la energía mediante una aislación térmica eficiente.
Las normativas para la aplicación de estas soluciones en la construcción ya están vigentes o en proceso de reglamentación en las más importantes ciudades de nuestro país. Desde la provincia de Buenos Aires la Ley 13.059 de acondicionamiento higrotérmico fuera reglamentada en el año 2010, ampliándose posteriormente a las ciudades de Rosario, Buenos Aires y Neuquén. En líneas generales en algo coinciden todas estas normativas: los niveles de aislación que exigen equivalen a los requeridos en España en el año 1979.
Esta comparación puede ser entendida como un atraso importante en esta materia, pero es también una oportunidad. Una oportunidad de aprender de la experiencia llevada adelante en los últimos 40 años en Europa y que han aplicado incluso otros países de la región. Y hacer un propio camino, asimilando las lecciones aprendidas y adaptándolas a la realidad local, para ampliar el campo de acción no sólo a las construcciones nuevas sino también –y sobre todo- al parque edilicio existente que es el que plantea el mayor desafío y que requiere el compromiso y el esfuerzo del conjunto del estado, las empresas prestadoras de servicios, las entidades financieras, los profesionales, los constructores y desarrolladores y las organizaciones del tercer sector. No sólo de los usuarios.

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