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ANTICIPOS ECONÓMICOS

Por ahora, la Argentina se ve mejor desde afuera

El paso de funcionarios argentinos por Washington y Nueva York para reunirse con inversores y participar de la Asamblea del FMI ratificó que el mundo de las finanzas está cada vez más entusiasmado con el camino elegido por Mauricio Macri.
Este acompañamiento se produce más allá de que el Fondo Monetario haya bajado la proyección de crecimiento para el país en su último reporte: en octubre de 2016 creía que el Producto Bruto subiría 2,7%. Ahora espera 2,2%.
El mundo de los negocios financieros a gran escala considera que Macri vuelve a poner las variables en su sitio, no sólo por el arreglo con los fondos buitre y el fin del cepo cambiario, sino por el sinceramiento de las estadísticas, la decisión de crecer atrayendo inversiones y la apertura al mundo tras muchos años de economía semicerrada, entre otras decisiones clave.
Pero no todas son rosas y la vicepresidenta Gabriela Michetti lo admitió en un acto con banqueros del BBVA Francés: "La Argentina se ve muy bien desde afuera, pero a veces se hace difícil adentro", reconoció sin abundar mucho más; no hacía falta.
Claro que también la razón de tanto elogio del mundo financiero fue que el regreso de la Argentina al mercado de capitales se convirtió en un buen negocio: las tasas que paga por sus bonos superan a las del resto del mundo.
Lo dijo el propio ministro de Finanzas, Luis Caputo, cuando se reunió con fondos de inversión esta semana en Washington: les sugirió aprovechar que la Argentina "ofrece niveles de retorno muy difíciles de lograr en otros países del mundo".
Pero amplios sectores del mundo de la producción, en especial de la industria, tienen serias dudas sobre la estrategia elegida para salir de la recesión.
La UIA cuestiona, por ejemplo, la apertura importadora, el retraso del tipo de cambio y la reducción de incentivos a sectores de la economía que durante 12 años estuvieron más cómodos con un rol activo, o intervencionista, del Estado, que incluyó fuertes subsidios.
La dirigencia fabril le reclama al Gobierno pensar en un "modelo de desarrollo" para el sector.
El problema es que los industriales ponen el acento en el rol de Estado, y el gobierno en liberar cada vez más las "fuerzas del mercado".
No llega a ser aún la teoría del derrame de los ´90 menemistas, pero a veces es inevitable ver ciertos parecidos.
Por ahora los números no ayudan al gobierno: la producción industrial retrocedió 9% en febrero arrastrada por el sector automotriz, y volverá a caer, aunque menos, en marzo.
En el primer bimestre el retroceso fue del 5%.
Existe un creciente malestar de sectores fabriles con la política del Banco Central de suba de tasas para tratar de frenar la inflación, porque las pymes continúan pagando intereses exorbitantes para financiarse mediante descuento de cheques o descubierto en cuenta corriente.
Lo mismo ocurre con las desaforadas tasas cobradas por créditos personales y las aplicadas para financiarse con tarjeta de crédito.
Estos temas son seguidos de cerca por el jefe del BCRA, Federico Sturzenegger, quien también participó en la asamblea del FMI, aunque la voz cantante ante los organismos multilaterales y el G20 la llevó Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda.
Sturzenegger, quien se juega a todo o nada para cumplir la meta de 17% anual de inflación para cuando llegue diciembre, mantiene reuniones periódicas con los bancos y les dice que deben bajar las comisiones que cobran y volcar más plata al crédito hipotecario y a la producción, pero hasta ahora el problema persiste.
Atento a esto, el gobierno lanzó un agresivo plan de préstamos para la vivienda, a 30 años, a través de bancos públicos, que por primera vez en dos décadas permiten pagar una cuota similar o menor que un alquiler, y espera que los privados empiecen a imitarlo.
El establishment financiero observa con entusiasmo el camino elegido, y sólo parece preocupado por la pregunta del millón: ¿Podrá Macri revalidar sus votos en octubre para seguir avanzando por este rumbo? Francisco González, el número uno del Grupo BBVA, pasó por Buenos Aires para inaugurar una obra de 250 millones de dólares y dijo: "No hay atajos en economía: hay que tomar decisiones para tener un sistema productivo sostenible y que esa riqueza se pueda distribuir".
También pronunció música para los oídos del presidente: "Macri está ganándose la confianza de los grandes inversores internacionales, y eso seguirá en aumento".
González no se quedó en esos elogios y resumió el deseo del mundo financiero: "El Gobierno necesita más tiempo para que se vea que esas reformas van en buena dirección".
Es decir, ganar las elecciones de octubre, aunque en honor al tacto habitual entre los grupos de poder el banquero nunca lo expresaría en esos términos.
Tras hacer todos los deberes para normalizar la situación económica del país, Macri empezó a ganarse la confianza de distintos grupos de poder, pero las protestas permanentes y la capacidad de movilización que mantienen sectores refractarios a un cambio de modelo, generan dudas.
La sucesión de protestas tiene como sustento, además, que muchos resultados no acompañan.
Y los que sí no se logran instalar en la sociedad como un dato relevante para sus vidas cotidianas.
Macri y Dujovne sostienen que la economía empezó a generar 20 mil empleos por mes desde agosto último, lo cual quiere decir que se crearon unos 80 mil puestos de trabajo en el último cuatrimestre del año.
El Indec, por su parte, verificó con los datos de la AFIP que se perdieron 68 mil empleos en 2016. Los datos hay que tomarlos con pinzas, porque el empleo en negro sigue siendo un tema sin resolver y no baja del 30 por ciento, lo cual desvirtúa muchas estadísticas.
Pero si ambas cuentas fuesen correctas, se podría interpretar que se perdieron 150 mil empleos en la parte más severa del ajuste, allá por el primer semestre del 2016.

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