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Salud no es sólo buena atención médica

En su mensaje del 1 de marzo, el presidente Mauricio Macri mencionó la cobertura universal de salud (CUS), como un logro efectivo de su gobierno. Sin embargo, existe una amplia percepción de que una fuerte retórica, casi vacía de contenido, rodea la CUS más allá de intenciones, expresiones de deseos, a las que todos adherimos y no cuestionamos desde su fundamentación, como nuevo slogan que reemplaza incumplidos postulados, abandonados en reuniones y documentos de consenso etéreos, que pocos leen, y los que firman no esperan cumplir.
Avanzar en la CUS requiere un ministerio con poder, que pueda incidir sobre la realidad de la gente; porque aunque formalmente encarne la máxima autoridad sanitaria, en la práctica tiene poca o nula incidencia sobre dos organismos que gastan más del doble que el ministerio y tienen en su jurisdicción la salud del 60% de los argentinos: PAMI y la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS).
La enorme cantidad de recursos que gestionan dan a sus conducciones peso político y capacidad de negociación mayor al ministerio. Si se alinearan con programas y políticas concertadas en objetivos, estrategias y metodología adecuadas, cabrían esperar evoluciones sustanciales en el sistema. Prueba de ello es que cambios y cuestionamientos a la cartera sanitaria no movilizan interés del público ni de los medios, a diferencia de la renuncia de un Ministro de Hacienda, pues se piensa que las decisiones económicas impactan en la vida cotidiana de modo trascendente y se ignora que el uso y resultados del sistema sanitario, la condicionan fuertemente en un país donde 1 de cada 3 personas es pobre.

Política sanitaria
La política sanitaria requiere equipos con programa explícito y convicción de que la misión es más importante que el protagonismo; conjunción de voluntad política y capacidad que permita integrar recursos y generar acuerdos que sobrevivan más de una administración. Y que el camino a una cobertura universal no se reinvente cada cuatro años.
Hoy nos hemos quedado sin voz, espacios políticos en que a nadie interesa, y debemos salir de este statu quo cristalizador de inequidad, ir por el desafío de liderar un cambio desde el sector, y reasumir el compromiso de disminuir progresivamente desigualdades recuperando efectores públicos de excelencia, con un nivel de accesibilidad y calidad igualador, con acreditación, que desarrolle técnicas, investigaciones y forme recursos humanos.
Elaborar un plan de gestión consensuado, y no un plan de obras, como si el problema fueran ascensores que no funcionan, ni funcionarán en nuevos edificios si no se resuelven otros aspectos del sistema. Los indicadores muestran de manera indiscutible una indigna inequidad en la salud de los argentinos. El sistema federal, centralista en materia fiscal, impulsa discusiones de distribución económica pero no de las evidentes inequidades jurisdiccionales de servicios sanitarios cuya “independencia” sostiene como orgulloso logro.
Hablar de salud por la disputa de dos entidades privadas que cubren a 10% de la población, o al aumentar la cuota de prepagas, por el deterioro edilicio del hospital público, o el descubrimiento de una nueva droga de evidencia aún dudosa, muestra que estamos superados por un sistema atravesado por intereses poderosos, sin equivalencia con la conviccion ética y de justicia social.
Pelea sin equilibrio, entre un poder económico que da una discusión de la actualidad basada en el suceso, la evidencia científica sesgada, la exaltación de la medicalización, alejada de la del bienestar general, y no puede ser librada sin compromiso y conciencia de que la política de salud debe ser solidaria, redistributiva y contribuir al desarrollo nacional. Hay que exponer a la conciencia de la sociedad esta problemática, y proponer un sistema de salud que no sea solamente visto como una institución que proporciona intervenciones biomédicas sino también que promueva un conjunto de bienes sociales que contribuyan al bienestar general, acabe con el hambre, proporcione servicios de agua potable, cloacas, eliminación de basura y calidad de vivienda, protección del medio ambiente y garantice igualdad de género.

Salud para todos
Buena salud no es sólo atención médica sino mejorar acceso equitativo a servicios de calidad, innovar en redes de atención inicial de calidad y resolutiva, corredores que preserven emergencias de vida, atención especializada de corta estadia, prestadores de cuidados de transición, a la Tercera Edad, adicciones, salud mental, y cobertura universal de medicamentos ambulatorios.
Una mirada más cercana a las inquietudes de los postergados, pensando en, con y por ellos, sin conflictos de intereses o posturas partidarias, superará diagnósticos para dejar paso a la acción y concreción. La inequidad repercute en la salud toda la vida y es indispensable poner salud en todas las políticas, como cuestión de justicia social, con acciones universales, de intensidad proporcional al nivel de desventaja.
Reincorporar la idea de justicia social porque ésta no tiene eco en un sistema de maximización de ganancias, cuyo principal argumento son hoteles de lujo que dan servicios de salud, farmacia en cada esquina, médico a domicilio, implantes importados, medicamentos por marca, con despilfarro y demagogia social y promueve una desigualdad que jerarquiza a quienes tienen capacidad de pago, y posterga a los que no tienen “cobertura formal”. Para generar una sociedad más justa debemos crear una sociedad más sana.<


(*) Médico sanitarista,
ex Superintendente de
Servicios de Salud.

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