PERSONAJES DE NUESTRA CIUDAD: SILVIA POGGI

“Siempre traté de asumir y ejercitar mis valores, y eso se vuelca en la escritura”

Su primer libro lo editó en 2006 y ya lleva cinco obras publicadas. Creó textos para chicos, adolescentes y adultos. Escribió cuentos y relatos, y ahora está trabajando en una novela. En diálogo con DEMOCRACIA, repasa su trayectoria como autora y docente.


domingo, 16 de septiembre de 2012
“Siempre traté de asumir y ejercitar mis valores, y eso se vuelca en la escritura”

Así como en la vida de las personas, se es niño, adolescente y adulto, la literatura de Silvia Poggi transitó un camino similar, por lo menos, en cuanto a los destinatarios de su obra.
Empezó “tarde” a escribir y arrancó con dos libros para chicos, luego uno destinado a los adolescentes y, finalmente, dos más para adultos.
Hace apenas seis años que editó su primer texto y ya está trabajando en su sexta publicación, que será una novela. Sin embargo, prefieren que la llamen “autora” porque siente que la palabra escritora no es la que la define.
En diálogo con DEMOCRACIA, Poggi repasa su trayectoria y habla de sus libros, de la literatura, y de las ideas y valores que la guiaron siempre.

De alumna a profesora

Circunstancialmente, Silvia Poggi nació en Pergamino porque su madre era de allá y quiso tenerla en aquella ciudad. Es la mayor de tres hermanos, todos hijos de una maestra normal nacional un empleado del Banco Nación.
Silvia hizo la primaria en la Escuela N° 1, que le quedaba a pocas cuadras de su casa. “En esa época lo común era estudiar y todos lo hacíamos -recuerda-, además mis padres se preocupaban, sobre todo mi madre, que era maestra, entonces nosotros teníamos que ser consecuentes”.
Luego hizo el secundario en la Escuela Normal y cuando egresó, al momento de ver qué carrera seguir, estaba entre dos opciones: Letras y Periodismo. Pero para esta última alternativa tenía que irse a La Plata, entonces, como se había abierto la carrera en el Instituto del Profesorado Junín, se decidió hacer el Profesorado de Castellano, Literatura y Latín.
Según dice, siempre le quedaron “las ganas de estudiar Periodismo”, pero “por las vueltas de la vida”, pudo acercarse a él: “Cuando el Instituto cerró el área de Letras en la que yo di clases durante muchos años, se abrió la Escuela de Periodismo, así que enseñé Lengua y Expresión en esa carrera, es decir que por algún lado tuve un punto de contacto. Pero además siempre escribí, ocasionalmente, en distintos trabajos que tuve, artículos periodísticos porque, realmente, es algo que siempre me gustó, ya sea un informativo, una crónica, una crítica u otros”.
Completó su carrera en cuatro años y medio y de toda la currícula, le atrajo, principalmente, la literatura española y una materia que se llamaba Introducción a las Letras, que tenía una segunda parte que era Composición. “Ahí -cuenta- se enseñaba a leer y a escribir para poder enseñarlo, pero es una asignatura que también sirve para aprender uno a escribir. Tuvimos una profesora excelente, que era Nilda Broggini, una doctora en Letras, y todo eso es lo que me sirve ahora, además de mis lecturas porque yo creo que uno aprende a escribir, leyendo, no hay otra”.

El ejercicio de la profesión

Poggi empezó a trabajar como docente cuando estaba cursando el segundo año de la carrera. Le ofrecieron dar clases en el Instituto San José de las Hermanas Pobres Bonaerenses, un colegio privado de la ciudad de Rojas, cargo que aceptó enseguida y en el que se mantuvo 20 años. En aquella ciudad también dio clases en la Escuela Industrial.
Sin embargo, en Junín casi que no tuvo horas en el secundario. Luego de recibirse hizo una especialización de Literatura Española durante dos años y posteriormente ingresó como docente al Profesorado, haciendo toda su carrera en el ciclo superior.
“Vocacionalmente, hice algunas suplencias y di clases en el Industrial de Junín, pero por fuera de eso, en nuestra ciudad hice casi toda mi carrera en el Terciario, que me gustaba muchísimo”, explica.
Su contacto más cercano con la educación media fue a través de un cargo directivo, ya que durante 30 años fue vicedirectora del Instituto San Ignacio.

Escritora tardía

Silvia rememora que en su casa “se leyó siempre”. Su padre lo hacía frecuentemente e, inclusive, en un tiempo él escribía artículos periodísticos en una revista y un diario que existían en Junín. “Es decir que yo me crié en ese ambiente, donde era común que para los cumpleaños se regalaran libros, además de juguetes”, grafica.
Pero una cosa es leer un libro y otra muy distinta escribirlo, y Poggi tardó años en hacer el suyo. “Yo empecé a escribir tarde -dice-, cuando me estaba jubilando: el primer libro lo edité en 2006”.
Es que tenía poco tiempo, hubo épocas en las que daba clases mañana, tarde y noche, “y ser docente en el Terciario requiere que uno deba estudiar mucho”.
Aunque para ella la de escribir no era una asignatura pendiente. Según sus propias palabras, el proceso se dio “natural y sorprendentemente”. Y surgió en un momento que llegó un animal a su casa: “Un sobrino mío trajo un gatito que le habían regalado y para mí eso fue como si hubiese visto un animal de ese tipo por primera vez, empecé a descubrir cosas insólitas, y para que eso quedara en la memoria de los chicos de la familia, comencé a escribir lo que veía, hacía anotaciones, de esas ideas sueltas surgieron cuentos y, a partir de ahí, nació ‘Historias mininas’, mi primer libro”.
Originalmente lo hizo para “los chicos de la familia”, después pensó en publicarlo, también para ellos, y finalmente se decidió a hacer una edición.
Silvia dice que el proceso fue natural porque no hubo un momento específico en el que resolvió escribir, “se dio”.
De acuerdo a su experiencia, “es muy difícil escribir para chicos porque hay que tener un cuento bien hecho, pero con un lenguaje que esté a la altura de un niño de cinco o seis años. Uno tiene que buscar la historia, saber presentarla, qué lenguaje usar, que sea sencillo, que tenga lindas imágenes, son muchas cosas que hay que tener en cuenta. Hoy los chicos están más acostumbrados a la imagen que a la palabra, entonces uno con la palabra tiene que lograr imágenes para que el chico las encuentre en lo que lee”.

Carrera literaria

Su segundo libro fue “¡Atención! Animales sueltos”, que también estuvo destinado a los chicos. “A mí me llaman mucho la atención las noticias que a veces salen chiquitas en los diarios, y a partir de algunas que vi sobre animales, surgieron estas ideas”, reseña.
Al momento de concretar esta obra, pensó que sería interesante hacerla interactiva, es decir, que el chico no sólo lea, sino que también pueda expresar aquello que sintió, que vivenció cuando lo leyó. Fue por eso que allí incluyó dibujos esquemáticos, para que el niño lector también pintara.
El tercer libro surgió a partir de graffitis que veía en la calle cuando salía a caminar: “A mí siempre me llamaron la atención esas frases pintadas en las paredes y pensaba ‘¿por qué si los chicos escriben tan mal en la escuela lo hacen tan bien en las paredes?’, entonces fui copiando los que más me interesaban”.
Entonces comenzó a imaginar qué historia podía haber detrás de cada uno de esos graffitis, y así surgieron los cuentos, que fueron plasmados en un libro que se llamó “Amores en aerosol”.
Se trata de una obra destinada, ya no a los chicos, sino a un público adolescente. “Como están tan interesados en la música -explica-, incluí un CD con un tema musical compuesto por uno de mis sobrinos que es músico y vive en San Nicolás. La canción la grabó él junto con un colega suyo de Ramallo que pertenece al grupo La Mosca”.
Para este libro tuvo que emplear “otro lenguaje, otras historias, una forma de presentarlo diferente” por lo que debió adaptarse a esta nueva propuesta. Con todo, cree que gracias a su trabajo como vicedirectora pudo conocer mucho de los adolescentes.
El cuarto libro fue más rápido y se trató de una experiencia distinta: “Yo había viajado a Chile y tuve la oportunidad de ir a la casa de Pablo Neruda, en Isla Negra. Es un museo que, realmente, es una maravilla porque uno lo ve a él en cada rincón. Entonces anoté todo lo que vi, que es lo que hace mucha gente cuando viaja. Cuando regresé estaba por hacer otro libro para chicos y tenía algunos problemas con la edición, entonces pensé en hacer ‘La casa en la isla’, que es un libro que describe cómo vi yo esa casa”.
Allí hay textos que reflejan lo que Silvia percibió, lo que vio de Pablo Neruda en esa casa, “que está presente en todo”. Además, hay incluidos dos relatos de ficción.
Por último, en abril de este año presentó “Gente feliz”, un libro de cuentos para adultos. “Los disparadores -comenta- volvieron a ser pequeños artículos que leí en el diario sobre situaciones distintas a lo común, no muy cotidianas, de personajes no tan frecuentes”.

Autora / escritora

Aunque editó cinco libros y está trabajando en un sexto, Poggi se apresura en aclarar que ella no se considera escritora, que esa palabra es un tanto grande para lo que hace, por lo que prefiere definirse como autora.
Al hablar de su metodología de trabajo, asegura que no sigue ninguna rutina, que generalmente escribe a la tarde, pero no lo hace todos los días, sino cuando siente el deseo: “Hay días que me siento impulsada a escribir y otros que no, entonces leo, que de alguna manera también es una forma de escribir porque leyendo a los buenos autores, se aprende a escribir”.
De acuerdo a su experiencia, cuando termina un libro “empieza realmente la preocupación”, porque su auto exigencia la lleva a leer, releer, revisar y corregir tantas veces como lo crea necesario.
“Cuando uno ve que ya no hay nada más que corregir -explica-, que la forma del libro está lograda, ahí es realmente cuando se terminó. Aunque siempre queda un margen que le corresponde al lector que es, en definitiva, el que termina de redondearlo. Si al leerlo, siente lo mismo que yo sentí al escribirlo, la empatía es perfecta, y si no, le pasarán otras cosas y eso también es muy importante”.
Actualmente, está trabajando en una novela, algo que no hizo nunca antes y que es, como ella dice, “muy distinto”, y amplía: “El cuento es breve, es repentista, golpea más al lector, mientras que la novela es tranquila, más pausada y tiene otro estilo. Yo estoy muy acostumbrada al cuento porque por mi personalidad, soy más rápida e impulsiva, y la novela es más morosa, pero me parece que hoy en día la novela tiene que tener otras características porque el lector está acostumbrado a leer en su computadora, hay otro estilo para escribir novelas y hay que respetar esa nueva forma de leer que se tiene, más repentista. Por ejemplo, a mí me parece que hoy en día, las descripciones largas, no van. Hay que dejar más margen para la creatividad del lector, no ser tan explícitos, que el lector ponga aquello que uno no puso en la novela”.

Balance

Silvia Poggi admite que no tiene intenciones de trascender a nivel nacional como autora porque cuando escribe, lo hace para comunicarse con la gente, “y qué mejor que comunicarse en el ámbito al que uno pertenece”, aclara.
Con todo, al momento de hacer un repaso por su trayectoria, se muestra satisfecha: “Siempre he tratado de cumplir con mis obligaciones, de ser responsable, sincera, coherente, de respetar mis ideas, de asumir y ejercitar mis valores, y todo eso también se vuelca en lo que uno escribe. A mí no me interesa lo autobiográfico pero sí manifestar los valores que rigen mi vida y eso lo mantengo, más allá de las épocas, las tecnologías o lo que sea. Siempre he intentado ser yo”. 

COMENTARIOS
  1. grafico
    1 - LucianaPoggi | 17/09/2012 | 17:34 hs
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  2. Que autora ni que autora.. Ud. es escritora mi tia querida! Orgullosa y felìz por vos! Besoooote enorme! Te quiero!