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PARTIDO DE JUNIN
HISTORIA

      Junín

Soy, pero soy también el otro, el muerto
El otro de mi sangre y de mi nombre,
Soy un vago señor y soy el hombre
Que detuvo las lanzas del desierto.
Vuelvo a Junín, donde no estuve nunca,
A tu Junín, abuelo Borges. ¿Me oyes,
Sombra o ceniza última, o desoyes
En tu sueño de bronce esta voz trunca?.
Acaso estés buscando por mis ojos
El épico Junín de tus soldados,
El árbol que plantaste, los cercados
Y en el fin la tribu y los despojos.
Te imagino severo, un poco triste;
Quién nos dirá cómo eres y quién fuiste.

Jorge Luis Borges, 1966.

COMIENZOS

Luego de la segunda fundación de Buenos Aires, el ganado vacuno y las caballadas que habían traído los españoles se multiplican prodigiosamente. Sin embargo, con el tiempo, los permisos de vaquería que autorizaban la caza de los animales, traen como consecuencia un paulatino agotamiento de la hacienda. Nacen así los primeros asentamientos rurales que tienen como objetivo dedicarse a la crianza extensiva del ganado.

Luján, Quilmes, Morón, fueron en sus orígenes poblaciones abocadas a la explotación vacuna. Dentro de este escenario colonial, se encuentra el indio. Antes del establecimiento de las estancias, las tribus nativas se apoderaban del ganado que no tenía dueño y lo utilizaban como medio de subsistencia. Cuando esta situación cambia, los aborígenes continúan con esta actividad y se los comienzan a llamar malones.

Por este motivo, es que el virrey Juan José Vertiz decide establecer una línea de fortines y fuertes que protejan el territorio ocupado por los españoles. Con este propósito, se fundan, entre otros, los fortines de Chascomús, Lobos, Navarro, Mercedes, Carmen de Areco, Salto, Rojas y Colón. Vertiz quería fortificar todos los pasos sobre el río Salado, para que de esta manera, los malones no pudieran cruzarlo con las haciendas obtenidas. Por ello, decide llevar el Fuerte del Salto hacia la laguna del Carpincho. Pero, las personas que vienen a estudiar el terreno recomiendan adelantar la frontera hasta El Potroso, laguna cercana a la del Carpincho, y que daba nombre a todo la zona. Esta región era el lugar clave para detener la vuelta de los malones con el ganado de las ricas estancias establecidas en Salto, Rojas y Arrecifes.

Lo que se conoce hoy como Paso Piedras constituía uno de los vados que facilitaban el cruce de la hacienda. Pero, Vertiz no concretó nada de lo proyectado, como así tampoco los gobiernos que sucedieron luego de 1810. En aquel entonces la prioridad era concentrar todos los esfuerzos en afianzar la independencia. Después surgieron otros problemas que postergaron por varios años el establecimiento de la línea de frontera planeada por los españoles.

EL FUERTE (1827)

El 27 de septiembre de 1826 el entonces presidente de la Nación, Bernardino Rivadavia, emite un decreto en el que ordena establecer tres fuertes con el fin de ampliar la línea de frontera. Uno de estos tres fuertes era el de El Potroso.

En Agosto de 1827, se designa a Juan Manuel de Rosas para que ocupe el puesto de Comandante General de Fronteras. El trazado del fuerte de El Potroso queda en manos del ingeniero Teodoro Schuster, quien recomienda no levantar el fortín en el Cerrito Colorado, tal como estaba previsto, sino hacerlo a 21 cuadras de ese lugar, en la margen izquierda del río Salado.

En un primer momento, la tarea de levantar el fuerte estuvo en manos del coronel Federico Rauch, quien se encontraba a cargo del Fuerte del Salto, pero como no recibe la ayuda necesaria, pide licencia por enfermedad. Entonces se encomienda la misión al Segundo Comandante, José Bernardino Buenaventura Escribano.

Escribano recibe la orden de marchar hacia el lugar elegido, y el 27 de diciembre de 1827 acampa junto con sus hombres en el lugar donde hoy está ubicada la plaza principal. De esta manera queda fundado el Fuerte de la Federación, que en aquel momento formaba un pentágono alargado desde las proximidades de la que es hoy la Plaza 9 de Julio, hasta la actual Plaza Alem. Pero el trabajo recién comenzaba.

El 4 de enero de 1828, Escribano escribe a Rosas... "la abundancia de sabandijas que hay en este destino ha puesto la caballada del regimiento que tengo accidentalmente a mi mando en un estado de inutilidad que no cuento con ellos para un caso de repeler al enemigo". Distintos documentos de la época prueban la preocupación de Escribano por sumar más hombres al fortín, y por cubrir las necesidades que tenían los soldados y las familias de algunos de los soldados que se habían establecido en el Fuerte de la Federación.

En marzo de 1828, el comandante Escribano pide licencia por enfermedad y es reemplazado por Federico Rauch. La situación en el fuerte es angustiosa. Así lo manifiesta Rauch en una carta que envía al gobierno. En la misma dice: "las familias están a la intemperie. Por la carestía de géneros y el escaso sueldo de los maridos se hallan medio desnudas".

A fines de 1828, Rauch solicita permiso y Escribano vuelve a hacerse cargo del fuerte, actividad que desempeña hasta septiembre de 1829, fecha en la que es destituido del ejército, acusado de ser opositor al régimen rosista. En 1829 se produce en el fuerte un levantamiento encabezado por dos caudillos del lugar. La sublevación es contenida gracias al accionar del soldado Isidoro Suárez, quien en 1824 había participado en la batalla de Junín por la libertad de Perú.

En homenaje a su labor en la defensa del fuerte se cambia el nombre Fuerte de la Federación y se lo comienza a llamar Junín. El año 1830 encuentra prácticamente abandonado y despoblado al fuerte. Muchos de los ranchos están totalmente destruidos a causa del tiempo y de los frecuentes ataques de los indios.

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