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19 de diciembre de 1941
Hubo un descomunal desorden en la finca donde se velaba un muerto
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Desde el barrio del Triángulo, fue llamada ayer a la mañana la policía. Telef6nicamente, se avisaba a las autoridades que en una finca de esos alrededores se había producido un descomunal desorden entre varias personas.
La comisión que partió inmediatamente comprobó que, en efecto, en la casa indicada, varios hombres estaban trabados en una lucha a golpes de puño. Trasladados los protagonistas del incidente a la Comisaría, se estableció en los interrogatorios a qué fueron sometidos, que la pelea se habla originado a que a consecuencia de una disputa cuya trama tenia vinculación con una secta que desarrolla sus oscuras actividades entre nosotros.
El caso, que ofrece un síntoma alarmante del avance del curanderismo y las sectas anexas, tiene aspectos penosos, y debe merecer una severa preocupación policial.
Existe en Junín una secta que practica una religión “sui generis”, con una doctrina parecida a la de la famosa curandera conocida por la Madre María. Esta secta, entre otras creencias, profesa la de una terapéutica curiosa: la del agua. Creen sus fieles que el agua, que un parche de agua es suficiente para alejar cualquier mal físico, motivado por la presencia en el cuerpo de un espíritu maligno.
En consecuencia, cuando enferma algún creyente, se prescinde del médico, confiándose la curación del paciente al famoso parche de agua y a la voluntad del “altísimo”.
Uno de los integrantes de la secta, que tiene también su apóstol dirigente y que, como José, era carpintero, enfermó hace un tiempo, víctima de una gangrena.
El mal avanzaba y se hacía preciso la intervención del médico para que extirpara el miembro enfermo -un brazo- salvando al enfermo de una muerte segura. Pero como el hombre pertenecía a la secta mencionada, el apóstol y sus satélites convencieron al enfermo corno asimismo a su mujer: de que con la aplicación de baños de agua fría y oraciones de tenores especiales, el “hermano” se iba a curar. Y entonces comenzó la farsa: comenzaron las oraciones y los paños. Pero el “hermano” desmejoraba visiblemente.
Así, pues, anteayer, después de una dramática agonía, falleció en medio del estupor de los demás fieles que esperaban el milagro del agua fría. Digamos, empero, que la ciencia logró llegar hasta el lecho de la infeliz víctima, dos horas antes de su muerte.
El cuñado del hombre, en efecto, no perteneciente a la secta, y enterado de la enfermedad de su pariente como asimismo de su gravísimo estado llamó al médico en medio de as protestas generales de los fieles.
El médico, doctor Curá, amputó el miembro, pero ya era tarde.
Como decimos más arriba, la víctima de la secta fanática falleció en medio de horribles dolores.
Ayer a la mañana, cuando se velaba el cadáver, volvió a la casa el hombre que había intervenido enérgicamente, llamando al médico. Salió al encuentro de él, el apóstol de la secta.
- Le acompaño el sentimiento - le dijo, extendiéndole la mano.
- Yo no saludo a asesinos - respondió, afectado profundamente, el visitante.
- Dios así lo ha querido.
- Dios no tiene nada que ver con este suceso. ¿Por qué no llamaron al médico, por qué lo dejaron morir sin asistencia? ¿Por qué no apelaron al doctor cuando era tiempo?
El apóstol reaccionó violentamente ante los cargos del hombre, y éste, exasperado por el penoso episodio, le contestó con un golpe de puro. La incidencia pronto se propagó, sumándose otros fieles a la pelea, en tanto algunos vecinos, se ponían de parte del cuñado de la víctima. El cuadro se desarrollaba a pocos pasos de donde estaba el cadáver. En tales circunstancias, se avisó a la policía, que al intervenir arrestó a varias personas, las que se alojan en la central. Entre ellas se encuentran, desde luego, los jefes de la secta. Según se comentaba frente a la finca, entre los vecinos que habían concurrido atraídos con el suceso, hace un tiempo, falleció también sin asistencia médica un hijo del hombre muerto gangrenado. Lo cual demuestra la influencia de la secta en el ánimo de las personas ingenuas que se dejan impresionar por sus cabecillas.
La policía, o si no la dirección nacional de higiene debe intervenir enérgicamente en este caso, disolviendo esa agrupación de peligrosos “iluminados” y manosantas.
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