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mientos, aunque usando sus mismas técnicas, ha alcanzado la finalidad totalitaria.
Ahí está instalado el Régimen en sus realidades, dispositivos y orientaciones. Se ha desarrollado en el quebrantamiento de la estructura constitucional y en la regulación de las libertades públicas; ha centralizado las direcciones del país y pretendido imprimir su concepción en todos los aspectos de la existencia argentina.
No puede consolidarse sin la permanencia indefinida del conductor que constituye el centro de las decisiones. De ahí la necesidad de la reelección presidencial. Sin continuidad del jefe, no existe continuidad del sistema y no se concibe al jefe sin la total concentración del poder.

 

La reelección

 

El artículo 77 de la Constitución es la garantía suprema de las libertades populares y la última valla contra la arbitrariedad. Puede un gobernante avasallar todos los derechos. Su poder tiene límite cierto, plazo infranqueable, en la prohibición dictada por el sufrimiento de dos generaciones argentinas.
Su remoción es el objeto de la reforma, y el Radicalismo se opone a esta «in totum», en su conjunto, en defensa del orden democrático y de las libertades fundamentales, y en lealtad con la historia y el destino de nuestra Patria.
Votará contra la reforma porque entraña el propósito de consolidar, fortificar y perpetuar al absolutismo gobernante y persigue la única finalidad de legalizar el establecimiento del sistema que está destruyendo nuestras esencias republicanas y precipitando a nuestra Patria en la abyección del despotismo.
En el curso de nuestra organización constitucional, la vida republicana argentina, que casi siempre fue amarga, pudo desarrollarse evolutivamente. Los presidentes solían ejercer influjo decisivo: su poder era inmenso, incontrolado dentro del lapso en que ejercían la dirección de la República. Imponían a sus sucesores, pero éstos, concientes de la fuerza que reúne el poder presidencial, jamás se resignaron a ser meros ejecutores de directivas ajenas. Y en esa renovación de fuerzas, de procedimientos y de hombres, la democracia argentina se salvó y la República subsistió aún en las épocas dolorosas del fraude.
A este gran recaudo constitucional, los círculos de intereses que siempre rodean al poder personal quieren suprimirlo, no en interés del país, sino en su propio interés. No tienen la responsabilidad histórica del presidente, sino la oportunidad de enturbiarse con el fango de los negociados y de beneficiarse con el usufructo de la influencia, operando a la sombra del poder presidencial.


- Varios señores convencionales hablan
a la vez, y suena la campana.


Lebensohn. - Con plena responsabilidad digo que aún cuando el presidente fuese un hombre de mi partido, tal es el conjunto de fuerza que concentra el poder presidencial que podría lograr su reelección indefinida, aunque no representa a las corrientes más cuantiosas de la opinión pública. Esta situación iría socavando el régimen republicano y abriendo una fisura profunda entre el gobierno y el país, y su consolidación habría de provocar en esta tierra, que siempre ha sido tierra de resistencia a la opresión, las reacciones que son condignas a los pueblos que aman y defienden su libertad. A la primera reacción, el régimen está muerto. Si triunfa, no tiene otro remedio que la huida, pero si logra la victoria, la sangre derramada...


Visca. - Estamos frente a una cuestión ajena al debate...
- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.
Presidente (Mercante). - Continúe en el uso de la palabra el señor convencional por Buenos Aires.
Lebensohn. - Hablar de la reelección es estar fuera de la cuestión. Ese es el drama... - Hablan simultáneamente varios
convencionales y suena la campana.


Lebensohn. - Pero si logra la victoria, la sangre derramada convierte al presidente en su prisionero para siempre; no puede volver a ser un hombre común, desfilar por la calle, porque los odios despertados le obligan a permanecer en el poder y a rodearse de la vigilancia que protege al poder. Podría huir al extranjero, pero sus parciales se lo impedirían, porque necesitan la continuidad para su defensa...


- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.

 

Los antecedentes latinoamericanos

 

Lebensohn. - Esta es la trágica historia de todos los dictadores latinoamericanos. Esta es la historia de Rosas.
- Hablan varios convencionales
a la vez, y suena la campana.
Lebensohn. - Esta es la historia de los presidentes latinoamericanos que convocaron a asambleas constituyentes con el propósito de modificar la Constitución a fin de posibilitar sus reelecciones...


- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.


Presidente (Mercante). - No interrumpan los señores convencionales al orador que está en el uso de la palabra.
Lebensohn. - Tengo aquí una cantidad de antecedentes que demuestran hasta qué punto el dolor de los pueblos de Latinoamérica ha necesitado crear exigencias constitucionales como las del artículo 77 para defender su derecho a la libertad.
En Guatemala, pequeño país que estuvo sometido a dictadores, el presidente no puede ser reelecto, sino después de doce años del cese de su ejercicio.


- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.


Lebensohn. - La Constitución de México expresa que por ningún motivo y nunca podrá volver a desempeñar ese cargo después de concluido su mandato; en Nicaragua no pueden ocupar la primera magistratura ni los parientes dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo grado de afinidad del presidente de la República o del que ejerza la presidencia durante cualquier tiempo de los últimos seis meses anteriores a la elección; el militar que hubiese estado en servicio activo sesenta días antes de la elección se halla en la misma situación; en Panamá...
Un convencional. - Panamá, ¿qué país es?.
Lebensohn. - Se ve que es convencional de la mayoría. Lo mismo ocurre en Panamá respecto de los parientes del presidente dentro del cuarto grado de consanguinidad o segundo de afinidad. Y así en toda Latinoamérica; salvo Santo Domingo y Paraguay.
¿Qué son los veinte años de reelección de Estrada, en Guatemala; qué son los trece años de reelección de Ubico, en el mismo país? ¿Qué es de Trujillo, en Santo Domingo y las reformas constitucionales de 1929, 1932 y 1931 introducidas por él? Cuanto más despreciable es un régimen, tanto más reformas constitucionales.
En Cuba, en 1925, se produce el advenimiento de Machado al ejercicio del poder, y ya en 1927 reforma la Constitución para cohonestar su prolongación indefinida, hasta que en 1933, después de haber martirizado a ese pueblo con sus torturas y sus «porristas», después de haber ensangrentado la hermosa isla del Caribe, huyó a Estados Unidos, donde pasó sus últimos días en el desprecio de su patria. ¿Qué es de Venezuela, que tuvo desde 1908 hasta 1935 el mismo dictador, Juan Vicente Gómez, de quien sólo se libero el país con su muerte? El día de la muerte de Gómez el pueblo se abalanzó contra las puertas de la cárcel «La Rotunda» y aserrando los barrotes extrajo engrillados a combatientes de la juventud, a universitarios, a los mejores hombres de Venezuela que habían estado enfrentando el régimen despótico.
En México, desde 1877 hasta 1911, durante treinta y cuatro años que podríamos calificar con adjetivo de Yrigoyen, «años seculares», la sangre cubrió los caminos de la tierra mejicana al grito de «no reelección», y el pueblo estuvo despojado de su libertad y el país de su adelanto moral durante medio siglo por la ambición de mando de un presidente y de sus corifeos, que disponían de todos los resortes del poder para la permanencia en el gobierno. Es Leguía, en el Perú, que en 1919, apenas llegado al poder, convocó a una convención constituyente. Pretextaba también la inclusión de garantías sociales, mas su propósito real era posibilitar su permanencia en el poder, que mantuvo hasta 1931, en que fue derribado después de catorce revoluciones; cayó preso y murió en la cárcel.
Giovanelli. - ¿Cómo terminó Yrigoyen? - Hablan varios señores convencionales a la vez, y suena la campana.
Presidente (Mercante). - Continúa en el uso de la palabra el señor convencional por Buenos Aires.
López Sanson. - Ustedes lo invocan a Yrigoyen cuando les conviene.


- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.


Presidente (Mercante). - Continúa el señor convencional por Buenos Aires en el uso de la palabra.
Lebensohn. - En el Brasil Getulio Vargas llegó al gobierno en 1930 y permaneció en el poder hasta 1944.
Miel Asquía. - Yo pregunto, señor presidente...
Presidente (Mercante). - No interrumpa el señor convencional al orador que está en el uso de la palabra.
Lebensohn. - De 1930 a 1934 fue presidente provisional. En 1934 se dictó la nueva Constitución democrática brasileña, y en 1938, concluido el período presidencial, el jefe del Estado, que no podía ser reelegido, de acuerdo con la Constitución, por acto de fuerza personal promulgó una Constitución corporativa -que, por singular paradoja, es la única Constitución corporativa del mundo, pues la italiana y la alemana nunca existieron- y permanece en el poder hasta 1943, en que fue derribado por un golpe de Estado.

 

La reforma de la Constitución de Estados Unidos

 

Es la historia trágica de América Latina, es la historia trágica de la Argentina: Y a mí me extraña que un hombre tan culto como el señor miembro informante del sector de la mayoría, que invocó en abono de su tesis, en favor de la reelección presidencial, la opinión de Hamilton, centralista y conservador, en los comienzos de la organización constitucional norteamericana, no haya invocado las actuales corrientes constitucionales norteamericanas. En Estados Unidos -después de la histórica presidencia de Roosevelt, salvador de la humanidad-, en Estados Unidos, donde el federalismo garantiza los derechos del pueblo y evita la omnipotencia del estado federal...


Miel Asquía. - Perón, salvador del pueblo argentino
- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.
Presidente (Mercante). - Continúa con la palabra el señor convencional por Buenos Aires.
Lebensohn. - A pesar de que en Estados Unidos las libertades públicas gozan de una total garantía...
Perazzolo.-Y hay reelección de presidente también.
Lebensohn. - A eso voy, señor convencional.


Se ha promovido la reforma de la Constitución y el Congreso Federal ha encarado, por el procedimiento de enmiendas, la reforma constitucional prohibiendo que ningún presidente pueda permanecer más de ocho años en el poder. Esta decisión fue adoptada en 1947 por más de dos tercios de votos constitucionales de la Cámara de Representantes y del Senado de la Unión, y notificada a la Secretaria de Estado el 21 de marzo de 1947.
Establece esta resolución que tiene que ser ratificada en el término de siete años para convertirse en reforma constitucional. Y asómbrense el señor presidente y el informante de la mayoría: rápidamente veintidós Estados ratificaron la enmienda, a pesar de que faltan más de cinco años, y estos Estados no son los representativos de una corriente política. Tengo los últimos cuatro, que lo han hecho en el curso de los últimos meses del año pasado. Son: Virginia, controlado por el Partido Demócrata; Mississippi, controlado por el Partido Demócrata; Nueva York, cuya Legislatura tiene una representación mixta demócrata-republicana, y South Dakota, republicana.
Es decir, que en la democracia norteamericana, en la que el ejemplo de Washington fue regla moral imperativa que contuvo las reelecciones pasado el término de los ocho años; -regla moral que únicamente no rigió cuando circunstancias históricas exigían una reelección- cuando se vio que había un peligro para el futuro, se puso en movimiento la máquina constitucional para impedir que en función de esa posibilidad pudiera constituirse un gobierno fuerte que fuera opresor de las libertades norteamericanas.

 

La confesión de la mayoría

 

Sampay. - Estados Unidos pudo elegir por tercera vez a su presidente Roosevelt en un caso en que era necesario para la salvación del país.
Lebensohn. - Eso abona mi tesis, señor convencional, porque si habiendo existido un solo caso, un caso tan evidente de necesidad, la conciencia del pueblo norteamericano resolvió suprimir las reelecciones, eso demuestra cual es el sentido y la fuerza de los principios constitucionales.
Sampay. - Como allí, también aquí podría ocurrir que después de la reelección de Perón tuviéramos que poner otra vez la prohibición de reelegir.
Lebensohn. - Es decir, que se trata de una reforma constitucional que no es permanente, sino que se adecua

 

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