Osde

Cardon
ESPECIALES

 

 

necesitan; pero lo van a aplicar cuando la resistencia popular crezca contra ustedes. Además, ustedes ya tienen mentalidad para aplicar el aceite de ricino, lo que es previo para cumplir la acción.
También aquí, como en Italia, obligatoriamente todos los días los cines tienen que exhibir noticiarios confeccionados sin disimulo bajo el contralor de la Subsecretaría de Informaciones, para exaltar las bondades y figuras del gobierno. Y si el hombre del común desea enterarse a través de la radio de cuanto ocurre en el país o en el exterior, podrá girar el dial de la radio cuando quiera que jamás oirá la voz de un hombre que no pertenezca al Régimen, y siempre deberá atenerse a las mismas informaciones meticulosamente preparadas bajo la dirección oficial.


- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.


Lebensohn. - ¿De quiénes son las estaciones de radio?. En este mismo recinto, en la Cámara de Diputados, fue denunciada la adquisición de las radios por la Dirección de Correos y Telecomunicaciones. En la Comisión de Reglamento nuestros representantes quisieron investigar en vano quienes son sus propietarios actuales. Yo voy a decir que fueron adquiridas por el Estado sin autorización legislativa, concediéndose su uso a sociedades anónimas, tras las cuales se esconden jerarcas del Régimen para obtener grandes ganancias y para controlar ese elemento vital para la información y juicio del pueblo.
La radio es un instrumento esencial en la formación de la conciencia pública, a tal punto que su libertad es signo definitorio de su régimen. Donde la oposición tiene libre acceso, en un plano de igualdad con el gobierno, se vive en el decoro de la libertad, y donde es monopolio del partido oficial, como arma sin réplica para la sugestión de las multitudes, se sufre la humillación de una dictadura.
La libertad de radio es más importante todavía que la libertad de prensa. La lectura de la palabra escrita requiere un acto de decisión: la palabra radiada se impone, penetra en la intimidad del hogar y en el fuero de nuestros sentidos y tienen un poder de convicción que sólo el acento humano puede proporcionar.
Son democracias, desde Inglaterra hasta Estados Unidos, desde Francia a Canadá, todos aquellos países donde las corrientes de la opinión pública pueden propalar sus ideas, en función de pensamiento y de crítica. O las pequeñas naciones como Uruguay, donde no existe para los partidos políticos fiscalización de ningún género, donde cualquier ciudadano puede emitir sus más enérgicos juicios contra el gobierno, porque allí no actúa otro juez que la conciencia del hombre del pueblo, soberano para escuchar y decidir.

 

Un crimen contra la ley natural

 

Y sigamos el paralelismo entre los comienzos de la revolución nacional de Italia y de la Argentina. Regresaba el niño italiano a su hogar. ¿Qué traía?. Las consignas políticas del régimen. Así, la revolución nacional dogmatizaba las conciencias desde la infancia. ¿Qué de distinto ocurre en nuestro país? El gobierno utiliza al niño como vehículo de penetración en el hogar y encasilla su espíritu para deformar el alma del hombre del mañana.
Los «slogans» de la propaganda oficial son temas de clase y de examen, y sus planes y propósitos políticos, incluso este de la reforma constitucional, objeto de las composiciones infantiles. Ya en muchas escuelas, a imagen y semejanza de los procedimientos del fascismo, se incluye en las lecciones de escrituras frases vinculadas a las figuras del Régimen. Así se destruye la alta función unificadora de la escuela argentina. Así se pretende anular, desde su formación, al espíritu crítico de la futura ciudadanía; y así se comete el crimen totalitario, contra la ley natural, de despojar al padre del amor de su propio hijo.
Como en Italia, los sindicatos organizados verticalmente por una dirección centralizada que destruye la estructura federativa argentina, constituyen el soporte principal del Régimen.
Como en Italia, fueron ganados uno a uno por voluntad espontánea o por artes de seducción o coacción. Cuando mantienen independencia y rehusan someterse a los designios oficiales, se eclipsa la libertad constitucional de asociación y aparece interviniéndolos el secretariado de la CGT, con el respaldo de la Secretaría de Trabajo y la Policía Federal actuando de consuno. Y si el espíritu de libre decisión permanece, las intervenciones quedan indefinidamente, como ocurre con los telefónicos y los obreros municipales:
Los sindicatos han dejado de ser los órganos de expresión autónoma de los trabajadores en defensa de sus intereses gremiales. Han quedado reducidos al «rol» de instrumentos de control, dirección y movilización de la clase obrera, según las determinaciones de la Casa de Gobierno.
Y no es que se mantenga a estos fines en recato. El actual presidente de la Nación, en discurso pronunciado en la Bolsa de Comercio, al referirse a los objetivos de creación de la Secretaría de Trabajo, definió su propósito de que «pudiera ser un organismo que dirigiese al movimiento sindical argentino en una dirección, lo organizase e hiciese de esta masa inorgánica y anárquica una masa organizada que procediese racionalmente de acuerdo a las directivas del Estado».
Visca. - ¿Por qué no explica el 17 de octubre?
Presidente (Mercante). - No interrumpa el señor convencional al orador que está en el uso de la palabra.
Lebensohn - Se lo diré, señor convencional. La repetición de frases estereotipadas en el cine, la radio, la prensa, la escuela, el cuartel, el sindicato dirigido, la reiteración de estados conmocionales provocados con artificiosa habilidad, permitió a las dictaduras europeas crear el clima de sugestión que hipnotizó a inmensas muchedumbres. ¿Qué de extraño tiene, pues, el éxito de esas mismas técnicas en nuestra tierra, si la regulación de las libertades públicas impidió contraponerles el conocimiento de los hechos y las ideas que posibilitaran el libre juicio de la ciudadanía?.

 

Los partidos

 

Y llego, señor presidente, a uno de los aspectos definitorios de la situación argentina. La vida de los partidos políticos no es cuestión particular de cada partido, es un problema sustancial de la democracia. En la democracia los ciudadanos no actúan aislados, sino agrupados en grandes corrientes cívicas, y el sistema fracasa si en cada uno no se aplica lealmente y el pueblo no puede deliberar, elegir y fiscalizar a sus representantes.
Como argentino que aspira a la dignificación de los métodos políticos, tengo derecho a examinar la forma cómo los ciudadanos adheridos al partido oficial realizan su voluntad política a través de sus organismos. Del mismo modo tengo el deber de ofrecer al resto de la ciudadanía la seguridad de los procedimientos mediante los cuales los afiliados al Radicalismo deciden de su conducta política.
El partido oficial se ha convertido en órgano del Estado. No se ha dictado una ley, como la alemana del 1° de diciembre de 1933, que establezca la unión indisoluble entre el partido y el Estado; pero la carta orgánica del partido oficial establece que el afiliado que ejerza la presidencia de la Nación posee el derecho de control de la vida partidaria, lo que resulta exactamente lo mismo, puesto que la fusión entre el Estado y el partido se realiza, por encima de la Constitución, entre la jefatura del Estado y la jefatura del partido.
En la democracia, las jerarquías nacen desde abajo hacia arriba y las responsabilidades se plantean desde arriba hacia abajo. En los partidos totalitarios se aplica el «Fuehrer prinzip»: la jerarquía parte desde la cúspide del poder y se dirige hacia abajo, y las responsabilidades se rinden de abajo hacia arriba. La dirección nacional designa la dirección regional y ésta a la local. La dirección local es responsable no ante el pueblo, sino ante la dirección regional, y ésta ante la nacional, donde reside la fuente del poder.
Por primera vez en la historia de los partidos políticos argentinos, la estructura que está rigiendo al partido oficial es exactamente la misma de los partidos totalitarios, y en ella y en su vinculación con el Estado naufragan todas las instituciones constitucionales argentinas y los principios históricos de la organización nacional.
No existe separación de poderes cuando el consejo superior del partido oficial que actúa bajo la jefatura del presidente de la Nación designa los candidatos a diputados nacionales que han de formar el otro poder del Estado, y hasta los propios convencionales que están ejerciendo el poder eminente de modificar la Carta Fundamental.


- Varios señores convencionales hablan
simultáneamente, y suena la campana.
Presidente (Mercante). - Continúa en el uso de la palabra el señor convencional por Buenos Aires.


Lebensohn.- No existe separación de poderes cuando esos constituyentes son nombrados por el cuerpo político representativo del régimen y entre ellos se encuentran cuatro de los cinco jueces de la Corte Suprema integrando las listas y el sector del partido oficial que reconoce la jefatura omnímoda del titular del Poder Ejecutivo de la Nación.
El régimen federal se ha extinguido cuando ese cuerpo, que representa una unidad de comando incompatible con la democracia y con los principios de federalismo, designa los candidatos a gobernadores, a miembros de las legislaturas provinciales, y hasta a senadores nacionales que han de investir la delegación del pueblo de las provincias en la Cámara representativa de la autonomía de los Estados.

- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.

 

Las estructuras reales

 

Lebensohn. - Si a través de los resortes del partido oficial se ha suprimido en los hechos la separación de poderes y el federalismo, y por su intermedio el presidente de la República ejerce la dirección de los cuerpos políticos del país, también controla a su arbitrio los demás aspectos de la vida nacional. El presidente de la República, que personifica en los hechos al Estado, dirige la cultura oficial, mediante los rectores de las universidades, que él designa; a los sindicatos obreros, por conductores gremiales que son los portavoces y ejecutores de sus decisiones.
Borlenghi. - ¡Está fuera de la cuestión!
- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.
Lebensohn. - Regula el nivel de vida de la inmensa mayoría del pueblo argentino, autorizando la inflación sin límites del circulante, que desquicia la economía nacional, reduce el valor adquisitivo de los sueldos y salarios y enriquece a los poseedores.
Borlenghi. - ¡El señor convencional no está en la cuestión!
Presidente (Mercante). - La Presidencia ruega al señor convencional se ajuste a la cuestión de debate.
Lebensohn. - Estoy en la cuestión.
Borlenghi. - ¡No está en la cuestión!.
- Hablan varios señores convencionales a la vez,
y suena la campana.
Presidente (Mercante). - Continúa en la palabra el señor convencional por Buenos Aires.
Lebensohn. - Advierto al señor presidente, que el Radicalismo va a realizar su examen de la Constitución real que está viviendo el pueblo argentino de acuerdo con su propio concepto y con su propia responsabilidad histórica. Vamos a hablar con absoluta libertad en este recinto.
El señor presidente de la República ha analizado la estructura del Estado argentino tal como él la ve. La Unión Cívica Radical tiene el derecho de analizar desde estas bancas del recinto de la Convención Constituyente las estructuras reales del pueblo argentino tal como ella las advierte.
El señor presidente de la República determina las orientaciones económicas a través de la burocracia del Consejo Económico Nacional que de él depende; los artículos que pueden ingresar en el país y las zonas de privilegio, verdaderos feudos industriales que se establecen al amparo de las restricciones que él impone; regla el rendimiento del trabajo de los agricultores, fijando el precio que recibirán por su producción...
Correa. - Señor presidente: el señor convencional está fuera de la cuestión.
Lebensohn. - Estoy determinando las estructuras que se quieren consolidar constitucionalmente.
- Varios señores convenciones hablan
a la vez y suena la campana.
Presidente (Mercante). - Sírvanse no interrumpir los señores convencionales al orador que está en el uso de 1a palabra.
Lebensohn. -El señor presidente encauza la dirección del crédito y dirige la política internacional sin que la Cámara de Diputados, única en que actúan legisladores radicales, haya tenido posibilidad de considerar los pactos en ejecución que lesionan nuestra libertad política y económica en la lucha contra los imperialismos.
El señor presidente ejerce una potestad irrestricta en el orden político y en los campos económico, financiero, sindical y cultural; controla a su arbitrio los rumbos de la vida nacional. Por otros caminos, con otros procedi-

 

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