Benito de Miguel

Oktubre
ESPECIALES

 
“Volveremos, volveremos a dictar
la Constitución de los argentinos”

Discurso pronunciado en el seno de la Convención nacional Constituyente
durante la sesión del 3 de marzo de 1949.

 

El presidente de la República ha definido el proyecto de reforma que dio a conocer en su carácter de jefe del partido oficial como el coronamiento y la consolidación de la obra revolucionaria. Y en su discurso pronunciado en ese recinto señaló e) cuadro prerevolucionario y la gestión y tendencias de su movimiento. Nosotros también creemos que la reforma constituye una etapa última del plan presidencial y consideramos indispensable, también, establecer qué orden se intenta consolidar, porque sólo del examen de los hechos obtendremos su clave de juicio e interpretación..
El signo fundamental de este momento reside en la coexistencia, en el ánimo público, de dos revoluciones. Parecen coincidir en su idioma y aún en sus consignas, más discrepan profundamente en su esencia y sentido. Hay una revolución que ansiaba el pueblo y otra que proclama el gobierno. He aquí la médula del problema político argentino.
La revolución que quería el pueblo constituía la realización de la promesa argentina de crear un ámbito nacional en que resplandeciese la dignidad del hombre. Vivió en el rumbo trazado por los fundadores y en la esperanza que alentó generación tras generación al empeño de construir la Argentina aún irrealizada. El servicio de esta causa fue la razón de ser del Radicalismo, persiguiendo una continuidad histórica quebrantada en 1930.
El espíritu de la revolución impulsó la lucha contra el régimen impuesto y contra sus características: el apartamiento del pueblo en la formación de los gobiernos, la preeminencia de los factores de injusticia económica y social y la defección de las capas dirigentes, que, en su mayoría, persiguieron sus propios fines y desertaron de su función nacional.
Contra ese sistema y esas tendencias se batió el Radicalismo, en contienda desigual, abnegadamente, y en sus filas una generación quemó sus mejores años en la lucha contra el privilegio nacional e internacional.
Cuando vino el golpe de estado del 4 de junio, el clima de insurgencia espiritual poseía al país. La caída del régimen conservador marcó el afloramiento de las grandes aspiraciones contenidas por la mentira electoral, de los grandes anhelos de renovación de la vida argentina y de afirmación del contenido moral de la vida pública, de enaltecimiento de los métodos de nuestra democracia y de una profunda transformación económica y social que afianzare las libertades esenciales.

 

La revolución-mito

 

Hay otra revolución, aquella que apareció en el gobierno «de facto», que titubeó en sus primeros pasos y restableció las palabras proscriptas de libertad y democracia cuando la guerra mundial tuvo decisión; que alzó las consignas populares que ya formaban la conciencia pública, en tanto bloqueaba la expresión de su pensamiento a quienes las predicaron y sustentaron en la larga batalla contra las direcciones políticas y económicas enseñoreadas del país desde 1930.
Entre esta revolución-mito, creada por la propaganda oficial, que semeja por mimetismo a la revolución querida por el pueblo, y el régimen que tiene su sede en la Casa de Gobierno, existe una distancia inmensa. Podrá mantenerse la confusión mientras se trabe la libre información por el control de los grandes medios de publicidad y mientras que cada diez argentinos nueve vivan en la penuria totalitaria de escuchar únicamente la voz del amo: la voz del gobierno.
Han transcurrido seis años desde la toma del poder y tres desde los comicios que le dieron ratificación popular. El país confronta la consolidación constitucional de lo que el Régimen ha denominado su revolución nacional, aunando dos palabras mágicas: la que designa el sentido revolucionario de la época y la que afirma el fervor con que los hombres se sumergen en la empresa colectiva de superar la grandeza de la Nación.
Otros movimientos contemporáneos se ampararon bajo el nombre de revolución nacional. En países socialmente resentidos por el sufrimiento de la guerra y la desilusión de la paz, con estructuras políticas inestables, aparecieron seductoras las perspectivas de jugar la gran aventura de la conquista del poder. Usóse una fraseología revolucionaria y se reclamó una exhuberante demagogia anticapitalista alternada con el requiem del régimen liberal. El adversario no era el capitalismo en cuanto tenía de lesivo a la economía popular, pues los grandes monopolios se ligaron a las nuevas expresiones políticas, cuando no las financiaron previsoramente. Fue contra el liberalismo espiritual, contra las libertades civiles y políticas, que se libraba la revancha del renaciente absolutismo.
¿Quién realizó la revolución nacional en Alemania? El partido obrero socialista nacional alemán. ¿Cuál fue su organización básica para la dominación del pueblo alemán? El Frente del Trabajo. ¿Qué estructura forjó en Italia la revolución nacional? El Estado proletario y fascista. ¿Cuál fue su instrumento de propaganda? La Carta del Lavoro. Tienen su filiación las denominaciones que aparecieron últimamente en la Argentina.
¿Qué hizo el señor Mussolini cuando capturó el poder? Mantuvo las instituciones constitucionales del reino italiano: no suprimió el parlamento, pero lo desjerarquizó; no suprimió la oposición, pero la humilló. Existía un régimen electoral de representación proporcional y lo reemplazó en 1923 por otro que otorgaba dos tercios a la mayoría.
No estableció la censura, pero creó un sistema de coacción económica y moral que le permitió ir dominando paulatinamente a la prensa. Sólo quedaron los pequeños periódicos de provincias y enhiesto en la cumbre de su prestigio internacional “Il Corriere della Sera”, hasta que en el curso de los años la presión del régimen sofocó al noble vocero que mantenía el ideario del «risorgimiento»:
Y cuando el hombre de la calle en Italia quería enterarse de los acontecimientos de su patria y del mundo, ¿qué leía?. Sólo podía formarse juicio de acuerdo con las directivas del Ministerio de Propaganda. Toda la prensa estaba sometida al contralor de la organización oficial.

 

El contralor de la prensa

 

¿Qué de distinto pasa en la Argentina? De los once diarios de mayor circulación en la Capital Federal, nueve forman parte del sistema oficial de la prensa dirigida, cuyas grandes líneas señala desde la Casa de Gobierno el secretario administrativo de la Presidencia de la Nación, que se sienta en esta convención. Constituyen la propiedad privada de los personajes del Régimen o están fiscalizados por los bancos oficiales. Sobre los dos únicos grandes diarios libres que quedan penden las amenazas del control de cambios y del destino de “Il Corriere della Sera”.
Los periódicos representativos de los partidos políticos adversos al Régimen han desaparecido. El vocero oficioso del Radicalismo fue clausurado por decreto del Poder Ejecutivo. Sancionó una caricatura relativa a la gravitación imperialista de los Estados Unidos en la política latinoamericana, caricatura que ofendió el sentimiento de solidaridad continental tan sensible en nuestras esferas oficiales cuando era embajador de la gran nación del norte el señor Messerschmidt, amigo dilecto del presidente y presidente del «holding» que controla a la C.A.D.E.

 

- Hablan simultáneamente varios convencionales
y suena la campana.
Visca. - Mussolini daba aceite de ricino y Perón da de comer al pueblo.
- Hablan simultáneamente varios convencionales
y suena la campana.
Lebensohn. - En Italia fue necesario dar aceite de ricino porque no había jueces dóciles.
- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.
Presidente (Mercante). - Continúa con la palabra el señor convencional por Buenos Aires.
Lebensohn. - Parece el parlamento fascista: los mismos gritos cuando una voz libre describe la realidad del Régimen.
- Hablan varios señores convencionales
a la vez, y suena la campana.


Lebensohn. - La Constitución establece que el Congreso dicta la legislación penal y el Poder Ejecutivo se atribuyó el derecho de crear por decreto una nueva figura delictual. La Constitución establece que el Poder Ejecutivo no puede arrogarse funciones judiciales, y el Poder Ejecutivo aplicó «per se» la penalidad que él mismo instituyó. La Constitución confiere al Poder judicial la protección de las libertades públicas y el Poder Judicial, en ninguna de sus instancias, tan abundantemente representadas en el sector del partido político oficial, encontró modo de pronunciarse sobre tales violaciones constitucionales. Más digna fue la conducta de la Suprema Corte alemana. Dos veces clausuró Hitler el órgano oficial de la socialdemocracia, y dos veces la Suprema Corte ordenó la reapertura hasta la asunción de los plenos poderes por el régimen nazi.
Por otros procedimientos encubiertos, mediante decisiones de carácter municipal, ningún juez argentino se atreve a revocar, o ejerciendo intimidación sobre los talleres gráficos, se eliminó de la Capital al resto de la prensa opositora, relegada al interior, donde los pequeños tirajes no inquietan al Régimen, más donde tampoco está exenta de amenazas como lo demuestra la clausura de «El Norte», de San Nicolás, y el atentado criminal contra «El Clarín», de Chacabuco, incendiado en pleno día con bombas igníferas por un piquete de «gangsters» enviado desde la Capital Federal.
Sin libertad de prensa no existe democracia. «Es uno de los grandes baluartes de la libertad», estableció la declaración de los derechos de Virginia, «y sólo podrá ser restringida por un gobierno despótico». Por la libertad de prensa, suprimida en la Argentina, el pueblo de París inició una de sus tres gloriosas revoluciones, y al regar con su sangre las barricadas que derribaron a la opresión, no defendió sólo el derecho de unos hombres a publicar sus ideas, sino su propio derecho a decidir de su destino, con pleno conocimiento de todas las ideas.

 

Identidad con el régimen fascista

 

¿Qué pasaba en Italia con el obrero de las ciudades industriales del norte o con el campesino del sur que deseaba una hora de esparcimiento y se dirigía al cinematógrafo? En el noticiario que obligatoriamente debíase pasar, aparecían a diario las figuras del régimen de actividades tendientes a promover la atracción general. Y cuando regresaba a su casa y quería informarse de cuanto ocurría en el país o en el mundo, en balde giraba el dial de la radio. Sólo escuchaba la voz del Duce o de sus corifeos y las informaciones organizadas sistemáticamente en el Ministerio de Informaciones para deformar el juicio del pueblo, seleccionando con cuidado noticias y comentarios para justificación y gloria del régimen.
¿Qué de distinto pasa en la Argentina?
Waito Figueroa: Que no les damos aceite de castor.
Lebensohn. - Es lo único que faltaba, porque no lo

 

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