NOTICIAS LOCALES de Junín del día 13 de Abril del 2008

SOCIEDAD

¿Hasta cuándo vivir en la casa de los padres?

Cuerpo de adulto con mentalidad de niño donde la falta de responsabilidad da cuenta de un sujeto que "no quiere crecer".


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Muchos esperan ejercer una profesión, para luego casarse, adquirir casa propia y recién convertirse en padres. ¿Se amplía el período de la adolescencia hasta cerca o más allá de los treinta de años? ¿Cuesta dejar las comodidades de la casa de los padres? ¿Temen encarar una vida propia con la consiguiente responsabilidad por el mantenimiento de un hogar y de formar una familia? Estas consultas fueron respondidas por la psicóloga Zulma Diperna quién envió su respuesta a DEMOCRACIA:
Apelando a la letra del conocido tango de Enrique Cadícamo "La casita de mis viejos":

Vuelvo vencido a la casita de mis viejos,
cada cosa es un recuerdo que se agita en mi memoria,
mis veinte abriles me llevaron lejos
locuras juveniles, la falta de consejo

Podemos reflexionar sobre la paradoja de este ‘no poder partir’ y este mundo de transformaciones tan rápidas, de mutaciones que constituyen verdaderos quiebres generacionales.
Podemos aceptar que la letra de este tango sigue vigente.
Podríamos pensar en los rasgos de aquellos sujetos que no saben o no pueden renunciar a ser hijos para empezar a ser padres.
Cuerpo de adulto con mentalidad de niño donde la falta de responsabilidad, actitudes despreocupadas en la visión de la vida, da cuenta de un sujeto que "no quiere crecer".
Por supuesto que este fenómeno no responde a la generalidad de los adultos, pero si podríamos pensarlo como un síntoma social, aquellos sujetos que no quieren madurar.
El fenómeno de la adolescencia prolongada se entiende como aquellos jóvenes que demoran la resolución del conflicto adolescente y, por tanto, la consolidación de la identidad para pasar definitivamente a la etapa adulta.
Las causas que originan esta situación las podemos encontrar en la ampliación de su etapa de formación, sus escasas posibilidades laborales, la preferencia por la vida en la familia de origen, el retraso en la decisión de convivir en pareja o formar un hogar, el precio elevado para sostener una familia.
Por otro lado, también influye la actitud de los padres y el nuevo rol que la familia ha asumido en la actualidad de proteger a los hijos y que asuman menos responsabilidades.
Si bien es cierto que esto ocurre, podemos pensar en la posibilidad de interrogar al síntoma y como titula su libro Florencia Baraldi "Aprender: la aventura de soportar el equívoco", para no quedar en un mero diagnóstico y poder hacer algo con ello.
Como dice la autora parafraseando a Maud Mannoni "elegir una vida es elegir una lucha".

    

 
Diario Ciudad de JUNIN