El riesgo, por parte de quien lo dice, es caer en explicaciones rebuscadas o en teorías conspirativas. Por su parte, el análisis lineal elimina dicho riesgo. Suele ser más objetivo, aunque peca de limitado y se fundamenta en cierta estrechez de miras. Es la diferencia entre el método inductivo y el método deductivo. El uno va de lo particular a lo general. El otro exactamente a la inversa. Vale la introducción para intentar entender qué es lo que está ocurriendo en Junín. Y dado que es imposible no elegir un método para analizar, usaremos el deductivo. De lo general a lo particular.
Golpe de efecto
No caben dudas que el golpe de efecto del verano político es el pacto entre Néstor Kirchner y Roberto Lavagna para “normalizar” el justicialismo bajo el liderazgo del primero de ellos. Una decisión que parece ser propia de un partido político y, por tanto, de no incumbencia para el resto de la ciudadanía. Al menos, en lo que tiene que ver con la vida cotidiana.
Pues, lo contrario. En primer lugar, porque desde su fundación, el justicialismo muestra una tendencia a confundir Estado y partido. En segundo término porque, en la actualidad, es el partido de gobierno. Y el gobierno, se quiera o no, siempre tiene una incidencia sobre el devenir de cada uno de nosotros.
Pues bien, si la reunión Kirchner – Lavagna fue el golpe de efecto del verano, la decisión del ex presidente de presidir el justicialismo y unificarlo por detrás suyo, tomada al poco tiempo del triunfo electoral de su esposa, modifica el mapa político de la Argentina.
Fantasmas de la inflación o de la crisis financiera internacional aparte, el justicialismo emergerá de este proceso, no sólo como una fuerza unificada, sino como la única fuerza nacional en la Argentina del 2008. El mapa político que construye Néstor Kirchner es un oficialismo organizado y encolumnado frente a una oposición dispersa y con escaso liderazgo.
Las veredas
Ahora bien, quienes estarán en cada vereda es lo que hay que hay que tener en claro para avanzar con el proceso deductivo. Del lado del oficialismo, todo el peronismo, salvo excepciones marginales. Y, aquí va lo importante, nadie más.
No habrá espacio para los extrapartidarios, ni para los aliados, ni para otras listas. Se acabaron las colectoras, las gemelas y demás inventos vernáculos. Tal como viene la mano, claro que todo puede cambiar, la boleta del 2009 será Partido Justicialista y para formar parte habrá que estar afiliado y elegido aunque no se sepa muy bien aún por cuál método.
Radicales K, sobre todo, y socialistas K no tendrán otra alternativa que repensar su ubicación política y, si bien, la elección del 2009 se limitará a cargos legislativos, ambos deben saber que frente a ellos habrá, en cada distrito, una única lista justicialista que contará con el respaldo kirchnerista en forma exclusiva.
¿Y Junín?
Comienza entonces un período de reacomodamien-to. La gran pregunta para Junín es ¿Qué hará Mario Meoni y su gente frente al nuevo escenario? ¿Actuarán en bloque con el resto del radicalismo K o cada uno tomará su camino? Si deciden –o decide - esto último, es probable que formen una unión vecinal o un partido provincial en cada uno de los distritos donde son gobierno.
Si bien, muchos de ellos lo pensaron en algún momento, resulta más probable que luego de la meditación de la vacaciones de verano, prefieran dar la pelea dentro del radicalismo. Surge entonces una nueva pregunta ¿Dentro de cuál radicalismo? ¿El alicaído y fragmentado radicalismo oficial, es decir, la Unión Cívica Radical?. ¿El emergente radicalismo opositor encarnado por la Coalición Cívica de Elisa Carrió? ¿Un sector radical separado del resto y conformado por ellos mismos? ¿Un acercamiento al sector del radicalismo reubicado en la centro derecha, hoy debilitado, con Ricardo López Murphy?
Cualquiera de las opciones no sólo los deja fuera del kirchnerismo sino que es funcional a Kirchner y al justicialismo. A poco de pensar, fácil es deducir que frente a oficialismo unido, sólo cabe oposición unida. Poco probable pero, veremos.
No se trata aquí de hacer un mero ejercicio de prog-nosis. Pero, por aquello de que todo tiene que ver con todo, el particular momento que vive Junín debe incluir la visión política.
La inseguridad
Nadie puede afirmar que detrás de la ola de inseguridad existe un “tufillo” político. Decirlo o pensarlo implica salir de la deducción para caer en las teorías conspirativas. Sin embargo, cada paso que dan o den los actores de ahora en más o, para ser más exactos, desde el minuto posterior a la decisión de la Sociedad Comercio e Industria de convocar a un cierre de comercios para hoy, deberá ser analizado bajo la luz de esas circunstancias políticas. Habrá que estar atento a las reacciones de la gobernación de la provincia de Buenos Aires, la única encargada de garantizar la seguridad en todo el territorio provincial. Habrá que ver quién dice e insiste en recordarlo y quién prefiere no hablar más sobre el punto. Será importante debatir el tema de la tasa complementaria de seguridad para encontrar la forma menos traumática –aunque traumá-tica al fin- de derogarla a fin de evitar inmiscuirse en manejos que nunca pueden ser del todo transparentes cuando no se ejerce mando sobre la más que difícil policía de la provincia. Y será importante para saber no solo hasta donde llega cada uno, sino por los argumentos que utilizará para defender su postura, porque esos argumentos estarán relacionados con su posición política. La lícita especulación local sobre la recaudación y el destino de los fondos debe dar paso al, a veces, incomprensible gran juego de la lucha por el poder, donde lo local tiene poca influencia.
Porque la inseguridad es real y ponerle freno resulta clave, pero presuponer que de acá en más el tema no se politizará es cuando menos ingenuo. Es más, en su agudización o en su merma habrá una marca política. Las cartas están echadas. Hoy, algo comenzará a cambiar en Junín. En la adaptación al cambio está el futuro de cada uno de los que aspiran a influir sobre esta comunidad.